Angulo, Eduardo - Pacífico

Como en nuestro primer encuentro en el mismo sitio, el retrato de Bela Bartók nos mira con benevolencia desde la pared del estudio. En este nuestro tercer encuentro con motivo de una obra suya, le pregunto a Eduardo Angulo sobre su pieza orquestal Pacífico, y él me cuenta una breve historia.

Schubert, Franz - La muerte y la doncella, D.810 (Transcripción de Gustav Mahler)

A fines de 1816 Franz Schubert se instaló en una habitación que le fue cedida por la madre de su querido amigo Franz von Schober. Al año siguiente, el compositor dedicó la mayor parte de sus esfuerzos musicales a la creación de sonatas para piano. Fue también en 1817 que Schubert conoció al barítono Johann Michael Vogl, quien utilizó muchas de las canciones del compositor como vehículo para revivir una carrera que estaba ya en decadencia.

Chausson, Ernest - Poema para violín y orquesta, Op. 25

El catálogo de Ernest Chausson no es ni muy amplio ni muy variado, pero en él pueden hallarse algunos de los momentos culminantes del romanticismo francés tardío, así como algunos apuntes de un lenguaje más moderno. En ese breve catálogo destacan sobre todo el Poema del amor y del mar, la Sinfonía Op. 20, el Trío (violín, cello y piano) Op. 3, el hermoso y singular Concierto Op. 21 para violín, piano y cuarteto de cuerdas, y el contemplativo Poema para violín y orquesta.

Lavista, Mario - Clepsidra

La palabra clepsidra, que da título a la obra orquestal de Mario Lavista que hoy nos ocupa no sólo es una palabra bella y eufónica que se refiere a una máquina asombrosa, sino que también es una creación etimológica realmente ingeniosa. En términos sencillos, una clepsidra es un cronómetro que mide el tiempo a través de un flujo gradual de agua. Algunos de los relojes de agua más antiguos que se conocen provienen de Egipto, donde los arqueólogos han detectado aparatos que datan de aproximadamente quince siglos antes de nuestra era.

Beethoven, Ludwig van - Sinfonía No. 3 en mi bemol mayor, Op. 55, Heroica

En 1800 y 1802 Ludwig van Beethoven había ofrecido al público vienés, respectivamente, su Primera y Segunda sinfonías, obras que si bien todavía participaban del mundo sonoro de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), ya llevaban el germen de lo que habría de ser el estilo maduro del compositor. Y de pronto, en 1805, de manera ciertamente sorpresiva y sorprendente, Beethoven mostró al mundo su Tercera sinfonía, que cayó en esta tierra como una verdadera bomba musical.

Sinfonía No. 1

El paso del tiempo ha demostrado, más allá de toda duda, que Federico Ibarra es uno de los compositores mexicanos con personalidad más fuerte y definida. Una de las vertientes más diáfanas de esta sólida identidad se traduce en el hecho de que sus obras son inconfundiblemente suyas, valga la aparente redundancia, debido al rigor con el que el compositor se apega a sus ideales estéticos cada vez que acerca la pluma al pentagrama.

Mozart, Wolfgang Amadeus - Sinfonía No. 38 en re mayor, K. 504, Praga

La fama inmensa de que gozan las tres últimas sinfonías de Wolfgang Amadeus Mozart (las números 39, 40 y 41) ha provocado que, injustamente, sean ignoradas otras de sus sinfonías maduras que están, por lo menos, a la altura de las mencionadas. Tal es el caso de la Sinfonía No. 38, compuesta por Mozart para una ocasión específica. El primero de mayo de 1786 se estrenó en el Burgtheater de Viena la ópera Las bodas de Fígaro, una de las obras maestras indiscutibles de Mozart, y de todo el repertorio operístico.

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