Dvořák, Antonin - Sinfonía No. 9 *Nuevo Mundo*

Dvořák
Dvořák Antonin (1841-1904)

Sinfonía No. 9 Nuevo Mundo

Adagio-Allegro molto
Largo
Scherzo: Molto vivace
Allegro con fuoco

ANTONIN DVOŘÁK (1841-1904)

Sinfonía No. 9 en mi menor, Op. 95, Del nuevo mundo
Adagio-Allegro molto
Largo
Scherzo: Molto vivace
Allegro con fuoco

La repetición frecuente de las tres últimas sinfonías del catálogo de Antonin Leopold Dvořák (las números 7, 8 y 9) sin duda va en detrimento de las otras seis, que raramente son ejecutadas en los conciertos sinfónicos, y entre las cuales los melómanos de verdad podrían hacer interesantes descubrimientos sobre el desarrollo del pensamiento sinfónico del compositor. Es claro, sin embargo, que este estado de cosas no disminuye en nada el valor intrínseco de las tres sinfonías mencionadas, entre las cuales la última es, a pesar de su ubicuidad, una de las sinfonías más hermosas de todo el repertorio, y nada tiene de lugar común.
En el verano de 1891, después de repetidas negativas, Dvořák aceptó finalmente la proposición de la señora Jeannette Thurber de ir a Nueva York por dos años como director del Conservatorio Nacional que ella había fundado en 1885. Dvořák pidió licencia de sus deberes en el Conservatorio de Praga y marchó a los Estados Unidos, donde fue director del Conservatorio desde septiembre de 1892 hasta mayo de 1894. En este período, el músico checo (quizá habría que decir bohemio para no alterar la geopolítica europea de aquellos tiempos) adquirió un gusto particular por el folklore de la parte norte del Nuevo Mundo, por los músicos negros, por la poesía de Henry Wadsworth Longfellow, por los paisajes y las ciudades de los Estados Unidos. En el verano de 1893 Dvořák viajó por varias regiones del país y permaneció una corta temporada en el pueblo de Spillville, en el estado de Iowa, habitado mayoritariamente por bohemios venidos del Viejo Mundo. En Spillville, Dvořák tocaba el órgano en la iglesia los domingos, y en este pintoresco pueblo hizo numerosos apuntes para lo que habría de ser su obra más famosa, la sinfonía Del nuevo mundo.
Mucho se ha dicho y escrito sobre la autenticidad (o falta de ella) de los motivos, temas, armonías y ambientes sonoros americanos empleados por Dvořák en esta bella sinfonía. La única conclusión a la que se ha podido llegar sin demasiadas contradicciones es que, sea cual fuere el contenido “folklórico” de la sinfonía, el hecho es que la música misma es tan bohemia como la de cualquiera de las otras obras de Dvořák. El compositor creía en la identidad casi completa entre la música negra y la música indígena de los Estados Unidos; esta forma de pensar se refleja en la famosa melodía del corno inglés en el segundo movimiento de la sinfonía Del nuevo mundo, que para muchos estadunidenses está inspirada en el carácter de los spirituals negros. Sin embargo, el mismo Dvořák declaró que este tema había sido inspirado por la escena del funeral de Minnehaha en el poema épico Hiawatha (1855) de Henry Wadsworth Longfellow. El Scherzo de la sinfonía, por otra parte, y según las palabras del compositor, “fue sugerido por la escena de la celebración en Hiawatha, en la que los indios danzan, y es también un intento que hice de impartir a mi música el color local y el carácter indígena.” Hay, sin embargo, al menos un momento de la hermosa Sinfonía Del nuevo mundo en el que Dvořák parece aludir directamente a una fuente tradicional. La referencia específica, no del todo improbable, es el conmovedor spiritual titulado Swing low, sweet chariot, que parece ser citado por Dvořák en uno de los temas principales del primer movimiento de la sinfonía.
Cuatro días antes del estreno de la sinfonía, realizado el 15 de diciembre de 1893 por la Filarmónica de Nueva York dirigida por Anton Seidl, el compositor declaró en una entrevista:

Es este el espíritu que he tratado de reproducir en mi nueva sinfonía. No he utilizado ninguna melodía oída en América. Simplemente he escrito temas originales imbuidos de las peculiaridades de la música indígena y los he desarrollado con todos los recursos modernos de ritmo, armonía, contrapunto y color orquestal.

Respecto al Hiawatha de Longfellow, se sabe que Dvořák lo había leído treinta años antes de llegar a Nueva York. La señora Thurber, habiendo convencido a Dvořák de aceptar la dirección del Conservatorio Nacional, le pidió que compusiera una obra americana. Para tal efecto, ella se encargó de que el poema Hiawatha fuera convertido en un libreto. Sin embargo, la presunta ópera sobre el texto de Longfellow nunca se materializó, pero más tarde Dvořák indicó que algunos de los temas que pensaba incluir en la ópera hallaron un lugar en la sinfonía Del nuevo mundo, que fue compuesta entre diciembre de 1892 y mayo de 1893. Para los interesados, va le dato de que el título original de esta obra en checo es Z Nového světa.
Unos meses después del estreno de esta cálida, poderosa y evocativa sinfonía, Dvořák regresó a Europa, prometiendo volver pronto al Nuevo Mundo. En 1896 visitó Londres por última vez y en ese mismo año tuvo su único encuentro con Anton Bruckner (1824-1896), pocos meses antes de la muerte del gran sinfonista austriaco. El regreso de Dvořák a América, planeado para 1897, nunca se materializó. El compositor bohemio pasó los últimos años de su vida dedicado a la composición de óperas y poemas sinfónicos, hasta su muerte en 1904, y ya nunca habría de componer otra sinfonía.