TELEMANN PHILIPP - Concierto para tres violines, del ciclo Tafelmusik II en Fa Mayor, op. 6/9

Georg Philipp Telemann (1681 - 1767)

Concierto para tres violines, del ciclo Tafelmusik II en fa mayor, op. 6/9

El ciclo Tafelmusik II, completo se compone de:

Obertura -- Suite
Sonata a 4
Concierto para tres violines
Sonata en trío
Sonata para violín
Conclusión

Existen indicios históricos y arqueológicos que permiten suponer con algún grado de certeza que la costumbre de hacer música para acompañar desayunos, almuerzos, refrigerios, comidas, meriendas, cenas, banquetes y todo tipo de comidas data de muchos siglos atrás. Se dice, por ejemplo, que la costumbre ya existía en el Egipto antiguo. Sin embargo, para nosotros lo fundamental de esta tradición está en las músicas europeas de mesa (Tafelmusik en alemán) escritas particularmente en los siglos XVI-XVIII. Si bien la mayoría de estas músicas de mesa son relativamente desconocidas, lo cierto es que la lista (necesariamente parcial) de los compositores que proveyeron música para entretener a los comensales es larga, variada y ciertamente interesante. Entre ellos se encuentran los nombres de Gesius, Thesselius, Posch, Praetorius, Simpson, Avenarius, Khuen, Staden, Banwart, Hammerschmidt, Druckenmüller, Kelz, Reusner, Capricornus, Briegel, Furchheim, Gletle, Grossi, Groh, Biber, Clamer, Löhner, Caesar, Speer, Witt, Thomae, Fischer, Rathgeber, Schnell, Seyfert, Werner y varios más. Si bien la intención de algunas de estas y otras músicas de mesa es hasta cierto punto hipotética y especulativa, en muchos casos esa intención está designada claramente en las carátulas de las partituras o en los prefacios de las mismas. Por ejemplo, Praetorius indica que una de sus obras es "para comidas principescas y también para banquetes", mientras que Posch dice que una colección de piezas suyas "puede ser tocada para las comidas de nobles señores y potentados, así como en bodas y banquetes aristocráticos". Es interesante notar que no todas las músicas de mesa son instrumentales, ya que hay entre ellas numerosos ejemplos de música vocal. Además de las partituras mismas, han llegado hasta nuestro tiempo numerosos testimonios sobre los usos y costumbres relativos a la creación y ejecución de las músicas de mesa, así como una rica iconografía de banquetes acompañados por música, imágenes en las que destaca por su interés histórico la colocación diversa de los instrumentistas y cantantes. Sin duda, la música de mesa más trascendente entre el amplio catálogo de obras de este tipo es la Tafelmusik de Georg Philipp Telemann, publicada en Hamburgo en 1733.

Una interesante evidencia del espíritu cosmopolita de Telemann, que está reflejado cabalmente en su música, es el hecho de que la carátula de la partitura de su música de mesa (Musique de table) está en francés. Traducido al castellano, el texto dice:

Música de mesa, dividida en tres producciones, en la que cada una contiene / Obertura con la suite, a 7 instrumentos / Cuarteto / Concierto a 7 / Trío / Solo / Conclusión a 7, y en la cual los instrumentos se diseminan por todas partes.

La última línea de este texto ofrece un fascinante antecedente de un elemento que hoy es común en numerosas obras de música contemporánea, la espacialización de las dotaciones instrumentales y vocales.

A la cabeza de su extenso, profundo y bien documentado ensayo sobre la rica tradición de las músicas de mesa, el académico Steven D. Zohn anota lo siguiente:

La Musique de table de Telemann se ha vuelto emblemática de una larga y rica tradición de Tafelmusik en la que la música acompañaba comidas de todo tipo. Sin embargo, la relación de la obra de Telemann con esta tradición no ha sido adecuadamente explicada, y la tradición misma ha atraído poca atención académica. Tomando como referencia una variedad de fuentes, incluyendo música publicada, obras de arte visual, tratados de etiqueta cortesana, libros festivos, diarios de viaje y menús, este artículo relaciona la Musique de table con otras Tafelmusik compuestas e interpretadas a través de Europa desde el período medieval tardío hasta la Ilustración. Esta rica contextualización sugiere cómo pudo haber funcionado la música de Telemann en el ámbito de un banquete (colocación de los instrumentos, ejecución continua o intermitente) y cómo pudo haber interactuado con los aspectos altamente ritualizados de esos banquetes celebratorios.

Como es de esperarse, el resto del prolijo texto de Zohn sobre las Tafelmusik es fascinante.

Y si hoy volvemos ojos y oídos al pasado para celebrar la noble tradición de las Tafelmusik de aquellos tiempos, no podemos menos que mortificarnos ante la decadencia absoluta de tal tradición, que hoy tiene su reflejo en los estridentes y desafinados mariachis de los restaurantes de comida mexicana o, mucho peor aún, las estudiantinas de los restaurantes españoles del centro de la Ciudad de México.