de Elías, Alfonso - Cacahuamilpa

Alfonso de Elías (1902-1984)

Cacahuamilpa

El capítulo cuarto del quinto tomo de la obra La música en México, editada por Julio Estrada, lleva por título Técnicas composicionales enla música mexicana de 1940 a 1980. En la sección de ese capítulo dedicada a la Liga de Compositores, el propio Estrada menciona que la gran mayoría de los compositores que se ubican en el nacionalismo o en la práctica del atonalismo dodecafónico son miembros de esta asociación. Entre las excepciones importantes, Estrada menciona a Alfonso de Elías, y procede a afirmar que el compositor (junto con Juan D. Tercero) puede ser ubicado en el área mestiza del movimiento nacional musical, con puntos de contacto con compositores como Manuel M. Ponce, Miguel Bernal Jiménez y José Rolón. Asimismo, Estrada se refiere a Alfonso de Elías como un maestro importante gracias a quien se pudo conservar en México la tradición de una cultura musical europea. En efecto, todos los esbozos biográficos de Alfonso de Elías destacan sobre todo su labor docente, particularmente en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y el Conservatorio Nacional de Música del INBA.

Nacido y muerto en la Ciudad de México, Alfonso de Elías realizó sus estudios en el Conservatorio Nacional de Música, donde sus maestros de composición fueron Rafael J. Tello y Gustavo E. Campa. Además de su trabajo como compositor y como docente, De Elías orientó su actividad musical hacia el piano y la dirección orquestal, y fue poseedor de un estilo que, anclado con firmeza en la tradición musical europea apuntaba hacia un claro neo-romanticismo. Una parte sustancial de la producción de Alfonso de Elías estuvo encauzada hacia la música sinfónica; en esa área de su catálogo destacan las obras siguientes:

El jardín encantado

  1. Tres sinfonías
  2. Variaciones sobre un tema mexicano
  3. Leyenda mística del Callejón del Ave María
  4. Las biniguendas de plata
  5. Cacahuamilpa

En su poema sinfónico Cacahuamilpa, Alfonso de Elías alude a un singular sitio de la geografía mexicana cuyo nombre en náhuatl significa “en las sementeras del cacao”. Se trata de un sistema de grutas en el Estado de Guerrero, a unos 37 kilómetros de Amacuzac, y que son las más grandes del territorio nacional. Las grutas de Cacahuamilpa están definidas por complejas estructuras de estalactitas y estalagmitas que dan lugar a impresionantes salas pétreas de diverso tamaño, que toman sus nombres de las caprichosas formas de esas estructuras: Sala del chivo, Sala de los confites, Sala del trono, Sala de los órganos, Sala del muerto, etc.

Manuel de Elías (1939), hijo de Alfonso de Elías, y él mismo destacado compositor y director de orquesta, hace este sencillo pero ilustrativo comentario sobre Cacahuamilpa:

Entre las obras sinfónicas de mi padre, creo que* Cacahuamilpa*es una de las más lúcidas y propositivas. Presenta algunos rasgos notables de orquestación, y su forma es impecable. Se trata de una de mis obras predilectas al interior de su producción, y suelo dirigirla con un gusto particular.

Al poner en música su visión personal de las grutas de Cacahuamilpa, Alfonso de Elías transita por caminos sonoros propios del impresionismo, pero manteniendo claras referencias a centros tonales precisos. Cacahuamilpa es, a la usanza tradicional del poema sinfónico descriptivo, una especie de visita guiada a las grutas, que se inicia con una convocatoria a cargo del corno inglés, con una melodía que más tarde volverá a aparecer, en la recapitulación de este viaje musical. En el trayecto sonoro de Cacahuamilpa el compositor propone diversos ambientes sonoros, separados por breves secuencias climáticas que representan, según algunos, la entrada sucesiva a cada una de las salas del sistema de grutas. Cacahuamilpa obtuvo el premio único de un concurso de composición convocado por la Orquesta Sinfónica de México, agrupación que estrenó la obra el 16 de agosto de 1940 bajo la dirección de Carlos Chávez. En el programa de mano de esa ocasión se hace referencia a que el propio De Elías dijo que Cacahuamilpa es un poema sinfónico sin argumento en el que no trató de hacer una descripción de las grutas ni aludir a sitios específicos de su interior. Dice el compositor:

Un fin puramente subjetivo es el que perseguí en mi poema, refiriéndome exclusivamente a las variadas impresiones que se experimentan al visitar Cacahuamilpa.