Medina / Santiago Piñeirúa: Concierto para piano en la mayor, K. 488 (suspendido)
Esta página documenta un concierto pasado.
Información: ¡Concierto precedido por música de cámara en el LOBBY!
Solista y músicos de la OFCM tocan una obra música de cámara antes del concierto. Disfruta nuestro programa de preconciertos.
Sábado, 16 de mayo, 5:00pm
Domingo, 17 de mayo, 11:30pm
Sala Silvestre Revueltas
FRANCISCA ETTLIN, oboe
JACOB DeVRIES, clarinete
FERNANDO VELÁZQUEZ, violín
FELISA HERNÁNDEZ, viola
ALBERTO CAMINOS, contrabajo
PROKOFIEV, SERGEI - Quinteto en sol menor, op 39
Sábado, 16 de mayo, 6:00pm
Domingo, 17 de mayo, 12:30pm
Sala Silvestre Revueltas
JESÚS MEDINA, director
SANTIAGO PIÑEIRÚA, piano
José Pablo Moncayo (1912-1958) Sinfonietta
Sinfonietta
¡Extra! ¡Extra! ¡Entérese sin tener la vista fija! ¡Noticia de no tan última hora! José Pablo Moncayo, compositor jalisciense nacido en Guadalajara y muerto en la ciudad de México, sí compuso más música que el ubicuo y famosísimo Huapango. Ahora usted podrá decir que lo leyó aquí antes que en ninguna otra parte. Para muestra de que Moncayo no es sólo el Huapango, va una incompleta relación de algunas de sus otras músicas:
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Amatzinac, para flauta y cuerdas
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Hueyapan
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Cumbres
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Llano alegre
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Muros verdes, para piano
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Sinfonía
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Sonatina para violín
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Sonatina para violín y piano
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Romanza para violín, violoncello y piano
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Sonata para violín y violoncello
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La mulata de Córdoba, ópera
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Tierra de temporal
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Homenaje a Cervantes
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Tres piezas para orquesta
Después de este breve e incompleto recuento, se impone la pregunta: ¿cómo es posible que cedamos con tanta frecuencia a la tentación de enloquecer con el Huapango y nunca nos preocupemos por el resto de la producción de Moncayo? ¿Será el triste destino de este compositor pasar a la historia como uno de tantos músicos de una sola obra?
La posibilidad de situar a Moncayo en el centro mismo del pensamiento musical nacionalista queda más allá de toda duda. A su propia vocación por lo nacional hay que añadir, de modo importante, su contacto académico con Carlos Chávez (1899-1978) y Candelario Huízar (1883-1970). Más tarde, Moncayo une sus esfuerzos musicales a los de Blas Galindo (1910-1993), Salvador Contreras (1910-1982) y Daniel Ayala (1906-1975) para formar el notorio Grupo de los Cuatro, cuyo guía espiritual fue Carlos Chávez. En el caso de Moncayo, la relación con Chávez fue más allá de lo académico: durante más de una década, a partir de 1932, Moncayo estuvo asociado con el trabajo de la Orquesta Sinfónica de México. Primero, como pianista y percusionista; después como subdirector del conjunto; finalmente, como su director artístico. Fue precisamente para una de las temporadas de la Orquesta Sinfónica de México que Moncayo escribió su Sinfonieta, terminando la partitura el 3 de julio de 1945, con el estreno previsto para el día 13 del mismo mes. Paréntesis retórico: ¿cuántos de los buenos compositores mexicanos de hoy tienen la fortuna de que sus obras sean estrenadas diez días después de terminadas? A veces pasan diez años...
Para volver a Moncayo después de esta digresión, se impone un rápido vistazo a los programas de la Orquesta Sinfónica de México a mediados de la década de los 1940s. Ahí es posible encontrar el programa de mano correspondiente al programa número 9 de la temporada número 18 de la orquesta. La fecha, 13 de julio de 1945. El lugar, el Teatro de Bellas Artes, donde la orquesta estrena la Sinfonieta bajo la dirección del compositor. El resto del programa, típico de aquellos tiempos: la Sarabanda de La hija de Cólquide de Carlos Chávez; Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev (1891-1953); las Cinco piezas Op. 10 de Arnold Schoenberg (1874-1951); y El pájaro de fuego de Igor Stravinski (1882-1971). Y si de hacer un poco de historia se trata, bien vale la pena recordar aquí que por aquella época la Sinfónica de México estaba llena de personajes importantes de nuestra música. El titular era Chávez; el subdirector era Moncayo; el director ayudante, Blas Galindo. Y al interior de la orquesta era posible hallar a Armando Lavalle (1924-1994) en la sección de violas y a Candelario Huízar como bibliotecario.
El caso es que esa noche de julio de 1945 se estrenó la Sinfonieta de Moncayo, obra que no dejó de causar cierta sorpresa entre el público y entre algunos músicos. Cuatro años antes se había estrenado el Huapango con un éxito rotundo e imperecedero, por lo que el público esperaba de la Sinfonieta otra colección de tonadas fáciles y pegajosas. En cambio, Moncayo propuso en esta obra un discurso musical menos folklórico y más universal. Mexicano, sí, pero no necesariamente mexicanista. Uno de los elementos sorpresivos de la Sinfonieta está en el principio mismo de la obra, y fue bien señalado por Francisco Agea en sus notas al programa del estreno: un inicio sincopado que recuerda la música popular de los Estados Unidos. ¡Nada más eso faltaba, que este ilustre huapanguero se convirtiera en un adorador del ragtime! El público, sin embargo, no se molestó en absoluto; se concretó a sorprenderse y luego a aplaudir con respeto la pieza de Moncayo, quizá con cierta decepción al no hallar en esta obra un ámbito sonoro similar al del Huapango. Como su nombre lo indica, una Sinfonieta es una sinfonía chica, no muy grande, planeada según los parámetros del quehacer sinfónico (léase forma sonata) pero en una dimensión menor. La de Moncayo, por ejemplo, se desarrolla en tres movimientos ininterrumpidos (allegro-lento-allegro), donde el tercero es una reexposición del primero. Y como no faltará algún despistado que insista en que una Sinfonieta es un concepto musical de origen italiano, vale la pena aclarar esto: lo único que de italiano tiene la Sinfonieta como forma musical es el nombre. Es bien sabido que a pesar de muchas otras riquezas musicales indiscutibles, en Italia nunca se dio el sinfonismo con la generosidad que surgió en otras latitudes. Así, parece que el primero en utilizar el término Sinfonieta para una obra musical fue Nikolai Rimski-Korsakov, en 1880. Después de él, muchos otros compositores se han amparado bajo la forma de la Sinfonieta: Max Reger, Sergei Prokofiev, Leos Janácek (1854-1928), Benjamin Britten (1913-1976), Walter Piston (1894-1976), Francis Poulenc (1899-1963), Paul Hindemith (1895-1963), Ernst Krenek (1900-1991), Lennox Berkeley (1903-1989), Darius Milhaud (1892-1974), Bohuslav Martinu (1890-1959), etc.
Así pues, con la audición de esta Sinfonieta mexicana, hoy quedará usted plenamente convencido de que Moncayo sí compuso algunas otras músicas que bien vale la pena escuchar, además del sabroso Huapango, y de que no toda su música se presta tan idealmente a la emoción patriótica y el aplauso fácil.
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) Concierto No. 23 para piano en la mayor, K. 488
Concierto No. 23 para piano en la mayor, K. 488
El inicio de 1786 encontró a Wolfgang Amadeus Mozart trabajando arduamente en su ópera Las bodas de Fígaro, cuya composición había empezado hacia fines del año anterior. Simultáneamente, trabajaba en El empresario, breve ópera cuyo tema es, precisamente, la ópera. Sin embargo, la situación económica no le permitía a Mozart dedicarse por entero a estas nobles empresas musicales, por lo que el compositor debió crear algunas obras para los conciertos por suscripción, conocidos como academias, que durante un tiempo fueron su principal fuente de ingreso. Se sabe que Mozart compuso conciertos para piano destinados principalmente a estas academias, y siempre con la intención de tocarlos él mismo ante la nobleza y las jerarquías de la iglesia. Así, el día 2 de marzo de 1786 Mozart puso la última nota y su firma en la partitura de su Concierto para piano K. 488, primero de los dos que habría de componer durante ese año. El otro, el que lleva el número de catálogo K. 491, fue terminado apenas tres semanas después que el primero, lo cual es una prueba contundente de lo apurado que estaba Mozart por esos años en cuanto a componer música utilitaria para ganarse unos cuantos florines.
Entre los datos interesantes que hay respecto al Concierto K. 488 está el hecho de que, junto con los conciertos K. 482 y K. 491, forma la trilogía de los únicos conciertos para piano en los que Mozart incluyó clarinetes en la orquesta. Para más señas, junto con esto destaca el hecho de que en estos conciertos Mozart dejó a un lado los marciales sonidos de las trompetas y los timbales, muy aptos para el allegro maestoso de corte marcial, y a través de los clarinetes dio a la textura orquestal una nueva cualidad, más refinada, dúctil y flexible. Ahora bien, el hecho de que Mozart se haya visto obligado a componer mucha música por razones estrictamente alimenticias no implica que la calidad de las obras sea menor o que el compositor haya puesto menos empeño en ellas que en otras de su catálogo. Una prueba clara de esto es el hecho de que Mozart escribió tres versiones distintas del tercer movimiento del Concierto K. 488, que designó alternativamente como Allegro assai o Presto. De modo análogo, el segundo movimiento del concierto estuvo marcado en distintos momentos como Adagio o como Andante. Algunos estudiosos indican que este último punto tiene cierta significación en lo que se refiere a la ejecución de la obra, ya que el tempo de un Andante es más propio para la forma del movimiento, que es una siciliana. Para este segundo movimiento de su Concierto K. 488 Mozart se basó en la forma tradicional de la siciliana, pieza instrumental antigua, presumiblemente de origen italiano, de tempo lento y casi siempre en compás de 6/8, aunque existen ejemplos de siciliana en 12/8. Por otra parte, solía ser costumbre escribir las sicilianas casi siempre en una tonalidad menor. Debido a esta combinación de tempo lento y tonalidad menor, algunos analistas han hallado en este movimiento lo que Charles Rosen llama “una expresión de dolor y desesperación”, comparable al ámbito expresivo de los movimientos lentos del Concierto para piano K. 271 y de la Sinfonía concertante K. 364. En cuanto al primer movimiento, si bien es lógico suponer que Mozart improvisaba la cadenza al interpretarlo, lo cierto es que la partitura de la obra contiene una cadenza escrita de principio a fin. Mientras que algunos afirman que la cadenza es de puño y letra de Mozart, ciertos musicólogos apuntan hacia la posibilidad de que la cadenza haya sido escrita por un alumno de Mozart que conocía muy bien la partitura.
En cuanto a la expresión dolorosa y desesperada que Charles Rosen detecta en el segundo movimiento de esta obra, los datos biográficos no parecen justificarla del todo, ya que el período al que pertenece fue uno de los más positivos y productivos de su vida. Sin embargo, conviene recordar que en los últimos meses de 1785 a Mozart se le había negado categóricamente la membresía en la Sociedad de Músicos, aunque quizá sería difícil establecer una relación entre este hecho y los contornos profundamente dramáticos del Adagio del Concierto K. 488. Es probable que Mozart haya estrenado la obra en alguna de las academias que dio en el período inmediatamente posterior a su terminación. La última academia de 1786 se llevó a cabo el 7 de abril en el Burgtheater. Menos de un mes después, en el mismo teatro, Mozart habría de ser testigo del triunfo rotundo de su ópera Las bodas de Fígaro en la noche de su estreno. Recordemos, para finalizar, que algunas fuentes indican que el Concierto K. 488 tuvo un dedicatario, el príncipe Fürstenberg de Donaueschingen, quien al parecer había hecho varios encargos a Mozart. Por cierto, existe una muy interesante versión del Concierto No. 23 de Mozart, para trío de jazz y cuerdas, realizada e interpretada por el gran pianista, arreglista y compositor francés Jacques Loussier (1934-2019).
Allegro
Adagio
Allegro assai
Sergei Prokofiev (1891-1953) Sinfonía No. 7 en do menor, op. 131
Sinfonía No. 7 en do menor, op. 131
Podría decirse que en casi los últimos 20 años de la vida de Prokofiev se haría cada vez más evidente una presión ejercida desde el régimen soviético, iniciada con propuestas laborales seductoras para que regresara debido a su éxito alcanzado en Occidente, pero que trastocaría su ámbito familiar hasta acabar bajo la sombra del dictador Iósif Stalin, como sucedió en el último día de su existencia.
Con la llegada al poder de Stalin, en los siguientes años las imposiciones culturales afectaron la libertad creativa de artistas, a quienes poco a poco se les iba adoptando, ya sea por temor, represalias o siendo instigados sobre el adoctrinamiento del progreso soviético, el populismo y el Realismo Socialista.
Prokofiev volvió en 1936 motivado por la nostalgia y las oportunidades que le ofrecía el régimen de Stalin, quien estaba dispuesto a darle comodidades para tenerlo de regreso, dejándole encargos por el 20 aniversario de la Revolución de Octubre y el centenario de la muerte de Pushkin. Sin embargo, esa libertad se terminó hacia 1948 cuando fueron prohibidas sus obras, junto con las de Shostakovich y Khachaturian, y su música eliminada de presentaciones por ir en contra de los ideales de la época.
Hacía poco tiempo que Prokofiev había sufrido una caída por las escaleras debido a un infarto con una consecuente lesión cerebral que le dejó secuelas, por lo que compuso pocas obras, mientras que su situación financiera era desesperada.
Entre 1951 y 1952, Prokofiev compuso su última gran obra, Sinfonía no.7 en do sostenido menor, op. 131, que consta de cuatro movimientos. El primero parecido a una sonata, melancólico y un tanto triste con referencias a la canción rusa; el segundo, similar a un vals; el tercero es más lento y expresivo; y el cuarto es más enérgico.
La última aparición pública de Prokofiev fue en el estreno de su obra, el 1 de octubre de 1952, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Radio Moscú bajo la batuta de Samuel Samosúd, en la Sala de las Columnas de la Casa de los Sindicatos en Moscú. Poco después, el 5 de marzo de 1953, el compositor murió víctima de una hemorragia cerebral derivada de sus problemas de salud. Sin embargo, su funeral pasó a segundo plano en el ámbito público y en la prensa dado que ese mismo día se anunció la muerte de Stalin.
Jesús Medina
Director(a)
A partir de Enero de 2010, es el nuevo Director Artístico de la Orquesta Sinfónica de la UANL, en Monterrey, N.L.; además, es fundador y Director Artístico de Milenium Sinfonietta desde Septiembre de 2008 hasta la fecha. De Junio del 2002 a Diciembre de 2010 fué Director Artístico de la Orquesta de Cámara de Bellas Artes. Ha sido Director de otras importantes instituciones musicales, como la Filarmónica de la UNAM, la Filarmónica de Querétaro y de la misma OSUANL, en el período 1986-89.
Se ha presentado en Estados Unidos, Singapur, Francia, España, Italia, Suiza, Turquía, Serbia, Hungrìa, Portugal, República Checa, Argentina, Venezuela, Brasil, Colombia, Ecuador, Centroamérica y México. Futuros conciertos incluyen presentaciones en Brasil, Polonia, Estados Unidos, Corea del Sur, República Checa y Ucrania.
Itzhak Perlman, Joaquín Achúcarro, Alexander Markov, Angel Romero, Horacio Gutiérrez, Elmar Oliveira, Jens Lindemann, Pierre Amoyal, Nathaniel Rosen, Mark Peskanov, Konstanty Kulka, Gyorgy Sandor, Pascal Devoyon, Fernando de la Mora, Trío Schubert de Viena, Nikita Storoyev, son algunos de los más importantes solistas, que han actuado bajo su batuta.
Su gran versatilidad lo ha llevado a dirigir además de música sinfónica, música de cámara, ópera y ballet. Ha dirigido las óperas Lucia de Lamermoor de Donizzetti, La Italiana en Argel y La Cenicienta de Rossini en el Palacio de Bellas Artes y también ha sido director concertador de un gran número de ballets con la Compañía Nacional de Danza, como Carmen, Carmina Burana, Oneguin, Romeo y Julieta, Don Quijote, Raymonda, Coppelia, Giselle, La Bayadera y El Cascanueces, y zarzuelas como La Revoltosa.
Ha participado en los principales festivales de México, como el Festival Cervantino, el Festival Internacional de Tamaulipas, el Festival del Centro Histórico de la Cd. de México, el Festival de Sinaloa, el Foro de Música Nueva, el Festival de Orquestas de la Sala Nezahualcóyotl, el Festival Internacional de Arpas, etc..
Ha estrenado muchas obras de compositores mexicanos, como Angulo, Córdoba, Toussaint, Márquez, y varios estrenos nacionales como el Dies Irae de Penderecki y el Beatus Vir de Gorecki.
En 1991, la Unión Mexicana de Cronistas de Teatro y Música, le otorgó su reconocimiento por ser el mejor Director del Año, y en 2004, recibió el premio "GAVIOTA", de la Asociación Latinoamericana de Cronistas.
Realizó sus estudios de Dirección de Orquesta en The Pierre Monteux School en los Estados Unidos, bajo la guía de Charles Bruck.
Santiago Piñeirúa
Piano
Ingresó a Concertistas de Bellas Artes en 2010. Se ha presentado en Estados Unidos, España, Francia, Inglaterra, Italia, Austria, República Checa, Hungría, Chile, Uruguay, Argentina, Argelia y Túnez. Ha tenido conciertos con Brian Lewis, Manuel Ramos, Zulyamir Lopezríos, Rosa María Diez, Mauricio Náder, Elizabeth Means, Juan Pablo Horcasitas y Carlos Prieto. Ha sido becario del Fonca y obtuvo el estímulo el Premio Nacional de la Juventud en 2011 y ha sido galardonado en diversos concursos nacionales e internacionales.
Estudió con Mauricio Náder y en 2002 inició sus estudios de licenciatura en la Manhattan School of Music de Nueva York con Nina Svetlanova. Obtuvo el título de Bachelor of Music; más tarde terminó la maestría, becado en dicha institución, bajo la tutela de Horacio Gutiérrez y Nina Svetlanova. Es profesor de piano en la Universidad Panamericana.

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