Rodríguez, Marcela - Mural

Marcela Rodríguez (1951)

Mural

A mi primera pregunta sobre el origen, esencia y cualidades de su obra Mural, la compositora mexicana Marcela Rodríguez responde con estas palabras: 

Mural está concebida como un mural sonoro cuyas texturas están elaboradas con la mezcla de ambos sonidos: cuerdas y percusiones, donde por momentos resaltan unos sonidos más que otros. Pero al mismo tiempo el ensamble de percusiones cuenta con dos partes solistas, una de ellas una cadenza a modo de solista.  Mi sensación al componerla era como estar pintando una gran pared con texturas sonoras; a veces las cuerdas forman aberturas donde se asoman las percusiones y viceversa.  Por supuesto, influenciada consciente e inconscientemente por todo el movimiento muralista mexicano.*

La tradición (y mi propia costumbre) manda que en este punto yo aproveche las palabras de la compositora para hacer una vasta digresión sobre el muralismo mexicano; no lo haré, porque para ello requeriría, además de un conocimiento del que carezco, un espacio enorme. Baste, entonces, recordar que el movimiento muralista representó y sigue representando uno de los momentos más importantes del arte y la cultura en México, no sólo por el valor estético intrínseco de las obras sino, muy destacadamente, por el papel social, político y educativo que jugó durante un álgido punto de inflexión en la historia de este país. Si de una aproximación necesariamente escueta se trata, baste entonces con recordar algunos de los nombres más destacados de este singular movimiento pictórico mexicano para calibrar su impacto trascendente: Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Roberto Montenegro, Juan O’Gorman, Pablo O’Higgins, el Dr. Atl, Federico Cantú, Fermín Revueltas, Jorge González Camarena, Manuel Rodríguez Lozano, Ramón Alva de la Canal, Adolfo Best Maugard.

Cabe aclarar, entonces, que Mural es, estrictamente, una obra para cuarteto de percusiones, en calidad de solista múltiple, y orquesta de cuerdas, mas no es un concierto en el sentido estricto del término, en el entendido de que ni la estructura musical de la obra ni la relación percusiones-orquesta cumplen con los parámetros usuales de un concierto tradicional. Para confirmar este hecho, me remito a las palabras de Ricardo Gallardo, director artístico de Tambuco, Cuarteto de Percusiones de México:

La obra está en un solo movimiento, y tiene como particularidad el hecho de que el cuarteto solista de percusiones maneja un grupo casi idéntico de instrumentos, de modo que no se trata del despliegue simultáneo de la amplia gama de instrumentos de percusión, como en tantas otras obras. Yo diría que más que una pieza para cuatro solistas, es una pieza para un solista con cuatro cabezas. El cuarteto inicia, por ejemplo, tocando cuatro djembés. En la siguiente sección, todos nos cambiamos a bombo y platillos, y en lo que sigue nos vamos a cuatro pares de bongós. Me parece que esto equivale, en términos muralísticos, que todo mundo cambia de brocha: en una parte una brocha gorda, en otra un pincel más delgado, etc. De hecho, la intención de Marcela es que el cuarteto solista funcione más como productor de colores que como impulso rítmico. Hay luego un pequeño interludio de las cuerdas y nosotros seguimos con tam-tams, tocados con un batidor metálico y estamos un rato entretenidos con este color instrumental. Lo que sigue son instrumentos de madera: un juego de cuatro* mokushos(wood-blocks* japoneses muy pequeños, de sonido muy agudo), cuatro* wood-blockspropiamente dichos, cuatro temple-blocksy dos teponaztlis, puesto que cada teponaztli tiene dos lengüetas y produce dos sonidos distintos. Más adelante la orquesta sale y la pieza se convierte en un cuarteto de percusión en el que hay material escrito por entero y, además, Marcela nos da libertad para hacer una improvisación basada en el material que ella plantea… o no hacer la improvisación y seguir sólo con lo que está escrito. Hay un puente de la orquesta y nosotros regresamos a los bongós, y luego inicia una sección donde, ahora sí, predomina el ritmo, un ritmo complejo escrito en 7/16. Sigue una parte donde parece no haber un *tempo definido y tocamos* glissandi* en los tam-tams. De los tam-tams nos vamos a las maracas y lo que hacemos se oye como una olla express en la que ya están listos los frijoles, y de ahí cambiamos a congas. Por fin, llegamos a instrumentos melódicos: entran dos vibráfonos y dos marimbas para un episodio muy breve. Hay un último cambio en el que tocamos güiros, y para finalizar, regresamos a las congas.

A diferencia de otras obras suyas escritas en respuesta a diversos encargos, Marcela Rodríguez compuso Mural, según sus escuetas palabras, “por puro gusto”. La partitura de la obra está dedicada a Tambuco, Cuarteto de Percusiones de México. Mural recibe su estreno absoluto el 17 de septiembre de 2016, con Tambuco a cargo de las partes solistas y la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México dirigida por Scott Yoo.