Dvorák, Antonin - Sinfonía No. 7 en re menor, Op. 70

Antonín Dvořák (1841–1904)

Sinfonía No. 7 en re menor, Op. 70

Allegro maestoso
Poco adagio
Scherzo: Vivace
Finale: Allegro

Ya no hace falta repetir con detalle el extraño caso de la doble numeración de las sinfonías de Dvorák. Baste decir que la que hoy conocemos como su Séptima sinfonía fue conocida antes como la número dos, estado de cosas que fue aclarado definitivamente en 1960 cuando Jarmil Burghauser revisó y actualizó el catálogo de obras de Dvorák que había sido publicado por Otakar Sourek en 1917.

Cuando uno se pregunta cuál es la característica principal de la música de Dvorák, los conocedores responden que es una bien equilibrada síntesis de la austeridad y nobleza de la música de Johannes Brahms (1833-1897), con la chispa y la vitalidad de la música de Bohemia. Aunque esta definición pudiera parecer un poco simplista, algo tiene de cierto, y de lógico también, ya que no hay que olvidar el hecho de que en tiempos de Dvorák no existía Checoslovaquia tal y como la conocimos hasta hace unos años, y que su natal Bohemia, al ser parte del imperio austro-húngaro, estaba directamente bajo la influencia de la cultura alemana. Así pues, detectar la presencia de Brahms en la música de Dvorák es muy fácil, aunque algunas obras, como la Séptima sinfonía, tienen algo más de Brahms que la simple influencia a distancia.

En el mes de julio de 1884 la Sociedad Filarmónica de Londres eligió a Dvorák como miembro honorario, y para celebrar la ocasión le encargó la composición de una nueva sinfonía. Es probable que Dvorák hubiera recordado el hecho de que, cerca de sesenta años antes, la misma Sociedad le había encargado a Ludwig van Beethoven (1770-1827) la creación de otra sinfonía, que resultó ser la monumental Novena. El caso es que, coincidencia o intención, la nueva sinfonía de Dvorák fue escrita en la misma tonalidad, re menor, que la Novena sinfonía de Beethoven.

En la época de este encargo, Dvorák recién había escuchado la Tercera sinfonía de Brahms, de modo que el sonido brahmsiano estaba muy presente en su pensamiento. Por otro lado, el mismo Brahms había escuchado hacía poco tiempo la Sexta sinfonía de Dvorák y le había manifestado al compositor bohemio su convicción de que su siguiente sinfonía debía ser algo muy diferente a ésta. En términos muy subjetivos, esto quizá significaba que si la Sexta sinfonía de Dvorák había sido alegre, brillante y expansiva, la Séptima sinfonía, según Brahms, debía ser más severa y oscura. Una prueba muy clara del respeto que Dvorák tenía por Brahms está en el hecho de que en el mes de febrero de 1885 el compositor bohemio escribió una carta a su editor, Fritz Simrock, en la que le decía que la nueva sinfonía progresaba lentamente porque no quería decepcionar a Brahms con este trabajo. A pesar de la lentitud asumida por Dvorák, la sinfonía quedó lista un mes después, en marzo de 1885. El mencionado biógrafo de Dvorák, Otakar Sourek, escribió lo siguiente al respecto:

Dvorák trabajó en la Séptima sinfonía con apasionada concentración y con la intención clara de crear una obra de proporciones nobles y de contenido sólido, una obra que sobrepasara todo lo que había compuesto hasta entonces en el campo sinfónico, y que también ocupara un lugar importante en la historia de la música.

Por su parte, el propio Dvorák decía esto, en una carta a Simrock escrita el 25 de marzo de 1885:

Pase lo que pase con mi sinfonía, está terminada, gracias a Dios. Será estrenada en Londres el 22 de abril y siento gran curiosidad por el resultado.

En efecto, en la fecha señalada en esa carta la Séptima sinfonía de Dvorák fue estrenada en la capital inglesa. El concierto en el que la obra se escuchó por primera vez fue dirigido por Sir Arthur Sullivan (1842-1900) (el que componía operetas en colaboración con William Gilbert), con la excepción de la obra de Dvorák, que fue dirigida por el compositor, y fue muy bien recibida no sólo por su indiscutible calidad musical sino también por el hecho de que el público londinense había adoptado a Dvorák y a su música con cariño, del mismo modo en que tiempo atrás había adoptado a Félix Mendelssohn (1809-1847).

Como dato interesante puede mencionarse el hecho de que un par de años antes de este estreno, en 1883, Dvorák había escrito una de sus oberturas de concierto, la Obertura Husita, Op. 67, denominada así por referirse a los seguidores del reformador religioso bohemio Jan Hus. De corte ciertamente nacionalista, la obertura contiene un tema principal que fue citado por Dvorák en la Séptima sinfonía, quizá como una reafirmación de su clara intención de dar a su música un inconfundible sabor bohemio. Respecto a la curiosidad que le causaba a Dvorák la suerte de su sinfonía en su estreno en Londres, la respuesta fue dada por el compositor mismo en una carta posterior dirigida a Simrock, en la que Dvorák escribió, con la sencillez que siempre lo caracterizó:

Mi sinfonía tuvo un éxito excepcionalmente brillante.