Grieg, Edward - Dos melodías Op. 53

Edward Grieg (1843-1907)

Dos melodías Op. 53

Melodía noruega
El primer encuentro

En un breve pero eficaz retrato escrito del compositor noruego Edvard Grieg, el especialista Lionel Salter afirma lo siguiente:

Grieg fue esencialmente un miniaturista lírico, y combinó la dulzura romántica con cualidades pronunciadamente nórdicas. Ciertamente no fue, como se ha dicho con frecuencia, el primer compositor nacionalista de Escandinavia, pero sí fue el primero en producir un impacto entre el público general de Europa. Las modestas exigencias técnicas de sus piezas corta para piano han ayudado a popularizar su lenguaje armónico cromático, en el que refleja los estilos folklóricos de su tierra natal.

La referencia que hace Salter al folklore noruego como un componente importante de la música de Grieg sirve para señalar a quien fue sin duda un compositor nacionalista. Es probable que el fuego nacionalista del pensamiento musical de Grieg haya sido encendido por la influencia de su colega y compatriota Rikard Nordraak (1842-1866), quien fue el compositor del himno nacional noruego. Una vez asumida esta influencia, Grieg comenzó a incorporar con más frecuencia en su música los giros melódicos y armónicos de la música tradicional de Noruega, organizó conciertos dedicados por entero a la música noruega e hizo planes para fundar una Academia Noruega de Música.

No es casualidad que una parte muy importante de la producción de Edvard Grieg esté concentrada en sus composiciones para piano. Gracias a la benéfica influencia musical de su madre, quien llegó a ser una pianista competente, Grieg entró en contacto muy temprano con la música de Frédéric Chopin (1810-1849), compositor muy querido y respetado en casa de la familia Grieg. Casualmente, el joven Edvard comenzó a tomar las primeras lecciones pianísticas de su madre el mismo año de la muerte de Chopin. Con el paso del tiempo, la obra pianística del compositor polaco habría de convertirse en una poderosa influencia para el desarrollo creativo del músico noruego; a este respecto, bien vale la pena citar a Hans von Bülow, quien llegó a afirmar que Grieg era el Chopin del Norte. Más allá de esta referencia anecdótica, lo cierto es que es posible hallar numerosos puntos de contacto entre la obra pianística de Grieg y la de Chopin, en lo que se refiere a la armonía, al refinamiento expresivo, a la originalidad de la invención. En el caso de Grieg, estos elementos fueron matizados y gobernados por una conciencia nacional que dio a la mayoría de sus obras un claro sabor escandinavo, análogo en cierta medida al sabor polaco que hallamos en numerosas piezas de Chopin.

Por otra parte, el área del catálogo de Grieg dedicada a las canciones es más amplia y abundante de lo que pudiera pensarse, y varias de sus canciones nutrieron, al paso del tiempo, composiciones suyas en otros ámbitos. Entre 1870 y 1872, Grieg compuso el ciclo de Cuatro canciones Op. 21 sobre poemas de la colección titulada La pescadora, de Björnstjerne Björnson. Años más tarde, entre 1880 y 1882, el compositor noruego tuvo una cercana asociación con el quehacer musical de su ciudad natal, Bergen, al ocupar el puesto de director de un conjunto llamado Bergen Harmoniske Selskab. Este fue, por cierto, el último puesto oficial que Grieg habría de tener en su vida. En esa misma época, Grieg encontró un renovado vigor creativo, que en los años anteriores parecía haberse apagado un poco. Así, en la primavera de 1880 concluyó su ciclo de Doce canciones, Op. 33, sobre textos de Aasmund Olavsson Vinje. Al año siguiente de componer las Doce canciones Op. 33, Grieg retomó dos de ellas (la segunda y la tercera de la serie) y las transcribió para orquesta de cuerdas. Estas transcripciones son las Dos melodías elegíacas Op. 34. Más tarde, en 1891, Grieg compuso otra de sus obras para cuerdas, las Dos melodías Op. 53, la primera de las cuales es una transcripción de la canción número 12 del Op. 33, mientras que la segunda es la transcripción de la primera canción del Op. 21.