Jiménez Mabarak, Carlos - Balada del venado y la luna

Carlos Jiménez Mabarak (1916-1994)

Balada del venado y la luna

Balada del venado y la luna
Moderato assai
Molto allegro e con brio
Moderato
Molto allegro e con brio

Uno de los aspectos más fascinantes (y a veces frustrantes) de la música es el de la nomenclatura. El averiguar y entender cómo se llaman las cosas en música y, sobre todo, por qué se llaman así, es uno de los caminos más sabrosos hacia el disfrute de la música misma. En este proceso, el melómano ilustrado aprende que a lo largo de la historia la nomenclatura de todo aquello que tiene que ver con la música ha cambiado muchas veces; en este sentido, resulta realmente sorprendente enterarse, por ejemplo, de lo que los términos sinfonía, aria, obertura o suite han significado a través del tiempo. De manera particular, hay términos como balada que han sido motivo de interpretaciones muy diversas. Hoy en día, la palabra balada está por desgracia muy devaluada, debido a las horrendas, inanes e insípidas canciones a las que en la radio se denomina “baladas”. De hecho, para muchos conocedores de la música, la palabra balada es un término francamente peyorativo. Si uno pregunta a un conocedor el verdadero significado del término, lo más probable es que la primera explicación se refiera a la música antigua y sea más o menos así:

Es muy fácil, porque la palabra misma lo dice: "sonata era para sonar, toccata era para tocar, cantata era para cantar y ballata era para bailar”.

Si bien la explicación parece demasiado sencilla, es estrictamente cierta: en el origen, el término italiano ballata, traducido al castellano como balada, se refería a una pieza de danza, a una composición concebida específicamente para ser bailada. Hoy en día, las enciclopedias de música contienen largos párrafos y explicaciones sobre cómo el término balada se ha aplicado a muchas y muy diversas formas musicales. Para no entrar en tantos detalles, me conformo con citar al delicioso Diccionario Técnico de la Música, publicado en 1894 por Felipe Pedrell en Barcelona.

Balada. Relación dramática cantada sobre un motivo popular, regularmente de danza. Puede ser puramente instrumental, en cuyo caso tiene la forma de rondó. Composición poética dividida en coplas con un mismo estribillo, que antiguamente se cantaba en los bailes, por lo regular campestres, y que hoy va reapareciendo (importada del norte) aunque no con aquel objeto.

De la definición de Pedrell surgen con claridad dos ideas: la relación estrecha de la balada con la danza, y el hecho de que es una forma musical con numerosas variantes. Y a pesar de lo dicho arriba sobre toccatas, cantatas, sonatas y baladas, lo cierto es que es fácil hallar baladas concebidas para ser tocadas, sonadas, bailadas o tocadas, según la época, el lugar de origen, la intención de la pieza y, de manera importante, la voluntad de cada compositor para llamar “balada” a una enorme variedad de géneros musicales. Todo este preámbulo apunta en una sola dirección: la de afirmar que Carlos Jiménez Mabarak compuso sus cinco baladas específicamente para ser bailadas. A manera de introducción, he aquí la lista de las baladas bailables del compositor tabasqueño:

Balada del pájaro y la doncella, 1947
Balada del venado y la luna, 1948
Balada mágica, 1951
Balada de los quetzales, 1953
Balada de los ríos de Tabasco, 1988

Como en el caso de muchas otras obras importantes de la danza moderna mexicana, el estreno de la Balada del venado y la luna ocurrió en un entorno cultural muy rico, en circunstancias muy interesantes y con la participación de personajes importantes. El papel del venado en el estreno fue bailado por el gran bailarín y coreógrafo mexicano Guillermo Arriaga. A él debo este breve testimonio:

Después de haber estudiado teatro, decidí que lo que en realidad quería a hacer era bailar. Entré a Bellas Artes en abril de 1949, después de haber estudiado un tiempo con Waldeen. En ese momento Ana Mérida estaba preparando la coreografía de la* Balada del venado y la luna*. Originalmente, Jiménez Mabarak había escrito la obra para Ricardo Silva, y a mí me encargaron poner el papel para después enseñárselo a Ricardo. Durante todo el período de preparación, nos acompañó al piano Alicia Urreta. Monté el papel, y resulta que Ricardo nunca apareció, así que a mí me tocó estrenar la obra. El estreno fue el 7 de diciembre de 1949 en Bellas Artes. Yo fui el venado, Ana Mérida fue la luna, y bailaban también Rocío Sagaón, Beatriz Flores y Ricardo Luna, entre otros. La escenografía y el vestuario los hizo Rufino Tamayo, y el estreno fue un gran éxito, tanto de público como de crítica. Desde entonces, Salvador Novo siempre me dijo Venado.

Como datos complementarios, cabe recordar que tiempo después del estreno, Leonora Carrington realizó nuevos diseños de escenografía y vestuario, que son los que hasta la fecha se asocian a esta importante obra de la danza mexicana, y que el libreto original del ballet se debe también a Jiménez Mabarak.