Concierto para orquesta, Sz. 116
Introducción
Juego de los pares
Elegía
Intermezzo interrumpido
Final
El deteriorado estado de salud de Bartók lo había obligado a someterse a diferentes estudios para conocer la causa de sus malestares, entre ciertos dolores, una preocupante baja de peso y de apetito, que derivaron en internamientos en diversos hospitales de Nueva York, con gastos pagados por la sociedad de compositores. En medio de esta incertidumbre que le aquejaba por desconocer a bien su enfermedad, llegó un momento de alivio anímico y económico, pues sus compatriotas expatriados, el violinista Joseph Szigeti y el director de orquesta Fritz Reiner, le ayudaron indirectamente. Ambos habrían motivado a Serge Koussevitzky, director de la Orquesta Sinfónica de Boston, a que le encargara una obra en memoria de su segunda esposa Natalie Ushkova, hija de rico comerciante de té, y fallecida en enero de 1942. Poco después, se sabe que el afamado director pediría otra obra a Stravinsky.
Por un momento, Bartók pareció haber encontrado nuevos bríos. Fue entonces que en poco menos de dos meses, entre el 15 de agosto y el 8 de octubre de 1943, compuso esta partitura mientras se encontraba en el balneario del lago Saranac, lugar de tratamiento para la tuberculosis, ubicado en las montañas al norte de Nueva York.
La obra consta de cinco movimientos. Estudiosos señalan que tiene impregnado el típico folclor húngaro de Bartók, peculiares pasajes fantasmales y sombríos al inicio del primer movimiento y en el tercero, entre otras citas de piezas conocidas de la época. Prevalece una duda por las palabras del director de orquesta Antal Doráti, amigo del compositor, quien revelara que durante una conversación con el compositor detectara un tema de “La viuda alegre”, opereta de Franz Léhar, ante el supuesto desconocimiento de Bartók y “caricaturizada” una melodía de la Sinfonía no. 7 de Shostakovich, subtitulada Leningrado, de 1941, ciertamente con un dejo de sorna en el cuarto movimiento.
En sus notas del programa citada por diversas fuentes, Bartók expone de esta manera:
“El estado de ánimo general de la obra representa, aparte del jocoso segundo movimiento, una transición gradual desde la severidad del primer movimiento y el lúgubre canto a la muerte del tercero, hasta la afirmación vital del último...".
Concierto para orquesta, Sz. 116 fue estrenada el 1 de diciembre de 1944 por la Orquesta Sinfónica de Boston bajo la batuta del propio director de origen ruso y nacionalizado estadounidense Serge Koussevitzky, en el Symphony Hall, presentación aplaudida por el público y reconocida por la crítica. Bartók había acudido a los ensayos y el concierto bajo autorización médica, como dejó testimonio en sus propias palabras.
Esta sería la última de sus composiciones orquestales. El compositor húngaro falleció meses después, el 26 de septiembre de 1945, con 64 años, a causa de lo que se sabría más adelante, es un tipo de leucemia.
Escapando de los estragos a mitad de Segunda Guerra Mundial, es innegable la trascendencia compositiva de Bartók para dejar hacia el final de su vida, junto con otras piezas para violín, piano y viola, una de sus obras más interpretadas y célebres de su producción.
