Strauss, Richard - Don Juan, Op. 20

Richard Strauss (1864-1949)

Don Juan, Op. 20

Cuando se dice de un hombre que es un Don Juan, queda claro que el personaje en cuestión se dedica, básicamente, a perseguir y conquistar mujeres. En el más puro lenguaje telenovelero, las señoritas cursis dirían que un Don Juan es un ladrón de honras, un destructor de hogares, un traidor de corazones. En realidad, la historia, la leyenda y la tradición nos dicen que Don Juan es y ha sido algo más complicado que eso. Al parecer, la figura de Don Juan surgió del folklore y la leyenda, y se le dio cuerpo a partir del drama El burlador de Sevilla, atribuido a Tirso de Molina y publicado en 1630. En principio, Don Juan es el símbolo del libertinaje, de la conducta desordenada regida por los apetitos carnales. A partir de Tirso, la historia de Don Juan ha tomado mil formas, no sólo en la literatura, sino también en otras artes. En su forma original, la leyenda nos cuenta que este libertino, en el punto culminante de su carrera, seduce a una inocente muchacha y mata al padre de ella cuando éste intenta vengar la deshonra de su hija. Después, Don Juan ve en el cementerio una estatua del hombre al que ha asesinado y, socarronamente, la invita a cenar. Para su sorpresa, la fantasmal aparición llega, efectivamente, a cenar y de paso, a llevarse a Don Juan al infierno. A partir del drama original, este Don Juan ha permanecido como una figura con un alto poder sugestivo, al grado de que ha dado origen a numerosas interpretaciones de la misma historia. Así, tenemos El convidado de piedrade Antonio de Zamora; El estudiante de Salamancade José de Espronceda; Don Juan Tenoriode José Zorrilla; El banquete de piedra de Molière; Las ánimas delpurgatorio de Próspero Merimée; El libertino de Thomas Shadwell; Don Juande Lord Byron; Don Juan de Marañade Alejandro Dumas. En fin, que el atractivo de este personaje ha sido tal que además de las obras literarias mencionadas y muchas otras, ha inspirado algunas creaciones musicales, entre las cuales dos merecen una mención muy especial: la ópera Don Giovannide Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y el poema sinfónicoDon Juande Richard Strauss. En 1887, Strauss inició la parte medular de su catálogo sinfónico con la composición de la fantasía titulada Aus Italien (Desde Italia) y un año después, en 1888, compuso el primero de sus espléndidos poemas sinfónicos,Don Juan. Para ser la obra de un joven de 25 años, este poema sinfónico es un logro de una madurez asombrosa. Strauss se inspiró para su Don Juan en un poema del filósofo austríaco Nikolaus Lenau, quien describió a su personaje de esta manera:

Mi Don Juan no es ningún libertino que se pase la vida persiguiendo mujeres. Más bien, este Don Juan busca el ideal femenino, una mujer única que sea la femineidad encarnada, y en la cual pueda disfrutar a todas las mujeres a las que no puede poseer individualmente. Y aunque va de una mujer a otra, no puede hallar a su ideal, y finalmente es presa de la furia, que no es otra cosa que el diablo mismo que viene por él.

Hacia fines del año 1889 Strauss acababa de ser nombrado director asistente de la Gran Orquesta Ducal de la Corte de Weimar. En el segundo de los conciertos dirigidos por él, realizado el 11 de noviembre de 1889, Strauss dio a conocer su Don Juan, y la partitura tuvo un éxito inmediato. La noche del estreno, el compositor tuvo que salir cinco veces a agradecer las ovaciones del público. Como en toda la música de Strauss, la orquestación del Don Juan es de una gran sabiduría, y si bien el compositor nunca proporcionó un programa detallado del poema sinfónico, es relativamente fácil ir siguiendo con la música los pasajes importantes del poema de Lenau. Y si bien este Don Juan termina su vida de una manera poco heroica, Strauss le dedica a la mitad de la obra uno de los temas heroicos más hermosos de toda la música sinfónica: cuando uno escucha ese amplio, brillante tema tocado por los cuatro cornos, uno comprende las alturas a las que el compositor quiso llevar a su personaje. Para comprender mejor el final pausado, casi lánguido, del poema sinfónico de Strauss, es necesario recordar que Don Juan, al final de su vida, está aburrido y decepcionado, y se deja matar en un duelo por su enemigo. En el momento de su fin, según el poema de Lenau, las últimas palabras del gran libertino son éstas:

Mi enemigo mortal está en mi poder, y esto, igual que la vida misma, me aburre.

Así, con la música de Strauss en ese mismo tono, termina la vida de Don Juan, después de una larga y finalmente estéril lista de mujeres a las que ha conquistado, y a las que ya no recuerda, y con un inmenso deseo de morir. Strauss dedicó la partitura de suDon Juana su amigo Ludwig Thuille, y al paso del tiempo habría de añadir otros héroes notables a un catálogo de poemas sinfónicos que había iniciado de forma tan brillante con suDon Juan. Entre estos héroes, figuras tales como Don Quijote, Macbeth, Zaratustra y Till Eulenspiegel, Strauss habría de colocar su propia imagen musical, en el autobiográfico poema sinfónicoUna vida de héroe, compuesto en 1898, rodeándose de muy ilustre compañía y reafirmando así la vanidad que fue uno de sus rasgos más sobresalientes.\