Márquez, Arturo - Danzón No. 4

Arturo Márquez (1950)

Danzón No. 4

A la fecha (verano del año 2018) hay en el catálogo de Arturo Márquez ocho danzones para distintas dotaciones instrumentales:Danzón No. 1 para cinta magnetofónica (con saxofón opcional), 1992; Danzón No. 2 para orquesta, 1993; Danzón No. 3 para flauta, guitarra y pequeña orquesta, 1994; Danzón No. 4 para orquesta de cámara, 1996; Danzón No. 5, Portales demadrugada (1997); Danzón No. 6 (2001); Danzón No. 7 (2001); y Danzón No. 8, Homenaje a Maurice (2004). Si bien a todos los une el conocimiento profundo de las raíces del danzón y el evidente amor que Márquez siente por este género popular, cada uno de estos cuatro danzones nació en momentos y circunstancias específicas; de ahí que sea por igual productivo hablar de sus semejanzas o de sus diferencias. Hace algunos años, con motivo de una ejecución del Danzón No. 2 (que se ha convertido en una pieza de gran popularidad y arraigo entre el público melómano), consulté a Márquez sobre el origen de la pieza; aunque su respuesta se refiere específicamente a la segunda obra de la serie, hay algunos elementos que bien pueden aplicarse a la concepción y realización del Danzón No. 4. Por ello, me permito extraer de lo dicho por Márquez algunos puntos significativos en los que se explica por qué el danzón es para él una forma tan entrañable. Dice Márquez:

El pintor Andrés Fonseca y la bailarina Irene Martínez, ambos expertos en bailes de salón, sienten una especial pasión por el danzón, la cual me transmitieron desde que nos conocimos y también en posteriores excursiones a Malinalco, a Veracruz y al Salón Colonia en la colonia Obrera del Distrito Federal. A partir de estas experiencias empiezo a aprender sus ritmos, su forma, sus contornos melódicos a base de escuchar las viejas grabaciones de Acerina y su Danzonera, y dentro de mi fascinación capto que la aparente ligereza del danzón es sólo una carta de presentación para una música llena de sensualidad y rigor cualitativo que nuestros viejos mexicanos siguen viviendo con nostalgia y júbilo como escape hacia su mundo emocional, el cual afortunadamente aún podemos ver en el abrazo que se dan música y baile en Veracruz y en los salones de la ciudad de México. El Danzón No. 2 es un tributo a ese medio que lo nutre. Trata de acercarse lo más posible a la danza, a sus melodías nostálgicas, a sus ritmos montunos, y aun cuando profana su intimidad, su forma y su lenguaje armónico, es una manera personal de expresar mi respeto y emotividad hacia la verdadera música popular.

Bajo estos parámetros y estos sentimientos, el Danzón No. 4 se inicia con la suave y sensual presencia sucesiva de la clave, el piano y el fagot; la melodía primera encomendada a este sabroso instrumento es sin duda una de las creaciones más atractivas de Arturo Márquez. En breves y bien delimitados episodios sucesivos, el compositor va otorgando el protagonismo sonoro al timbal y el saxofón, a la trompeta con sordina, al clarinete, al trombón. Después de algunos minutos, el oyente se da cuenta de la sutil pero constante presencia del güiro como cimiento rítmico. El Danzón No. 4 es una pieza básicamente triste, lánguida y contemplativa; si bien hay en su interior algunos elementos contrastantes, es en general más homogénea en su espíritu que el extrovertido Danzón No. 2. En este sentido, es notable la diferencia entre los finales de ambas piezas: ahí donde el Danzón No.2 concluye, literalmente, a tambor batiente y en una contagiosa explosión sonora, el Danzón No. 4 simplemente se desvanece calladamente en la nada. Arturo Márquez compuso el Danzón No. 4 en respuesta a un encargo del Festival Internacional Cervantino, especialmente para La Camerata. La obra recibió su estreno en la ciudad de Guanajuato el 27 de octubre de 1996 con La Camerata conducida por Enrique Arturo Diemecke. La obra está dedicada a Beatriz Márquez y Sergio Tamayo. Y en el entendido de que el danzón es una de las expresiones más sabrosas, arraigadas y difundidas de la música popular de América Latina, bien vale la pena hacer un par de observaciones a su respecto, a saber:

  1. Una buena definición práctica del danzón, extraída de una enciclopedia especializada, dice así:

Danzón. Baile formal de salón por parejas, en forma de rondó, derivado de la tradición de la contradanza y la habanera del siglo XIX. El danzón cubano se ha desarrollado dentro de la tradición urbana popular con influencias africanas cada vez más presentes. Entre ellas se encuentra el uso generalizado de los patrones simétricos del cinquillo y el tresillo, desfasados rítmicamente para crear complejos ritmos cruzados. Estructuralmente, el danzón consiste en una serie de alternancias entre versos, estribillos y solos instrumentales. Nótese que lo que esta enciclopedia llama baile formal de salón, en México se conoce popularmente como baile fino de salón.

  1. Otra definición, obtenida en una enciclopedia menos especializada, dice esto:\

Danzón. Baile cubano que es una variedad de la antigua contradanza habanera. Uno de los más célebres autores de esta clase de bailes fue el compositor Manuel Saumell y Robredo, que escribió, entre otros, los que llevan por título Los ojos de Pepa y Sopla que quema.

El lector perspicaz adivinará de inmediato que esta definición viene de una enciclopedia española.