Rimski-Korsakov, Nikolai - Scheherazade, Op. 35

Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908)

Scheherazade, Op. 35

El mar y el barco de Simbad
La historia del príncipe Kalendar
El joven príncipe y la joven princesa
Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce

Al cobijo de otra cálida velada, salpicada de titilantes estrellas asomadas por curiosidad desde su lejanía, es la tierna caricia de la tenue luz de unas antiguas lámparas la que revela entre las sombras a la pareja con sus caftanes de lujosa seda de Oriente. Cómodamente posado sobre finas alfombras en la imponente y exquisita habitación de su palacio, el sultán Shariar se mantiene atónito, con los ojos bien abiertos y el oído expectante, absorto en un relato que sucede a otro y a otro más, deleitado por el dulce néctar de las palabras de Scheherazade por horas y horas durante las noches, cientos de noches, quizá mil, por las mil y una noches.

La elocuencia de la hija mayor del visir conduce los fascinantes cuentos dejándolos a medio camino entre la intriga y suspenso hasta que rompe el alba, con la promesa de continuar a la noche siguiente. Su astucia la ha salvado de la horrible venganza del sultán quien, motivado por la ira del engaño de su primera esposa con su esclavo amante, desenvainó su alfanje y le arrebató la vida a cada mujer con quien se ha casado noche tras noche, creyendo así, no lo traicionarán de nuevo. El ingenioso plan de Scheherazade era convencer a su padre de casarse con el sultán y evitar el trágico destino a otras inocentes doncellas, manteniendo en vilo sus relatos sin llegar a un final.

De la extensa serie de historias, relatos, leyendas y más, tan diversas y difusas en autoría y épocas, algunos con personajes relacionados con otros cuentos, convertidas en un clásico de la literatura universal, Rimski-Kórsakov no seleccionó varios para musicalizarlos, sino retomó la forma de contarla para conducir la composición de la suite conformada por cuatro movimientos conectados entre sí y que es narrada por un violín y, a veces un arpa solista, que representan a Scheherazade.

En las escenas, El mar y el barco de Simbad inicia con la evocación de la crueldad del sultán y luego interviene el relato de la protagonista, dando paso al tema que parece dar la sensación de balanceo por el oleaje del intempestivo mar; en La historia del príncipe Kalendar comienza igualmente con el violín solista para seguir con el fagot dando voz al príncipe y, más adelante, un llamado a la batalla con las cuerdas y metales; El joven príncipe y la joven princesa recrea una escena de amor entre las cuerdas y el clarinete y, para finalizar, Festival en Bagdad. El mar. El barco se estrella contra un acantilado coronado por un guerrero de bronce presenta todos los temas anteriores y no concluye con el naufragio, sino con el relato del violín solista… para continuar la noche siguiente.

“Todo lo que deseaba era que, si el oyente disfrutaba de mi obra como música sinfónica, se llevara la impresión de que se trataba, sin duda, de una narración oriental de numerosas y variadas maravillas de cuento de hadas, y no simplemente de cuatro piezas interpretadas una tras otra y compuestas sobre la base de temas comunes a los cuatro movimientos. ¿Por qué, entonces, si ese es el caso, mi suite lleva precisamente el nombre de Scheherazade? Porque este nombre y el título Las mil y una noches evocan en la mente de todos Oriente y las maravillas de los cuentos de hadas; además, ciertos detalles de la exposición musical sugieren que todas estas son diversas historias de una misma persona entreteniendo con ellas a su severo marido”, explicó el compositor en su libro “Mi memoria musical”, publicado en 1906.

Fuera de las páginas de esa literatura, Rimski-Kórsakov dirigió el estreno de su suite sinfónica hacia finales de 1888 en San Petersburgo y, a partir de entonces, se convirtió en una de sus obras más significativas y, al mismo tiempo, indispensable en el repertorio de las agrupaciones sinfónicas.

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