Beethoven, Ludwig van - Concierto para piano y orquesta No. 4 en sol mayor, Op. 58

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Concierto para piano y orquesta No. 4 en sol mayor, Op. 58

Allegro moderato
Andante con moto
Rondó: Vivace

De vez en cuando, si las condiciones musicales son propicias, tenemos la oportunidad de asistir a conciertos que perduran en nuestra memoria durante muchos años. Esto es posible aun en tiempos de crisis aguda gracias a que hay quienes todavía se interesan en promover la música de concierto en su más alto nivel. Sin embargo, es muy posible que nunca se vuelva a dar un concierto como el que tuvo lugar en el Theater an der Wien de la ciudad de Viena, el 22 de diciembre de 1808. El atractivo principal del concierto consistió en que se dedicó toda la velada musical a las obras de un compositor de gran fama y reputación: Ludwig van Beethoven. Sin embargo, lo especial del concierto no terminó ahí; esa noche, el público de Viena fue obsequiado con un maratón musical único en la historia. Según nos dicen las fuentes documentales de la época, este programa Beethoven estuvo integrado de la siguiente manera:

  • La Fantasía coral para piano, coro y orquesta

  • El aria de concierto Ah, pérfido

  • Fragmentos de la Misa en do mayor

  • El estreno mundial de la Quinta sinfonía

  • El estreno mundial de la Sexta sinfonía

  • El estreno público del Cuarto concierto para piano

Sin duda, éste fue un concierto espectacular, incluso en el contexto de la costumbre de aquellos tiempos de organizar conciertos gigantescos. Se menciona que esa noche se estrenó en público el Cuarto para piano de Beethoven porque, de hecho, la obra había recibido un pre-estreno en privado, en uno de los conciertos por suscripción que se realizaban en el palacio del príncipe Lobkowitz, en marzo de 1807. A pesar de ser privado, este concierto fue también un asunto monumental. Además del concierto Opus 58, el programa del palacio Lobkowitz incluyó la obertura Coriolano y las cuatro primeras sinfonías de Beethoven. En ambos conciertos, el privado y el público, el mismo Beethoven fue solista al piano, y el concierto de diciembre de 1808 marcó la última aparición del compositor como pianista virtuoso. A causa de la sordera que iba creciendo, Beethoven ya sólo tocó en algunos recitales de música de cámara, y finalmente tuvo que abandonar el piano por completo. El Cuarto concierto para piano fue escrito por Beethoven en el año de 1806, uno de los más brillantes y productivos de su carrera. Además de esta obra de singular belleza y profundidad, Beethoven compuso en ese año su Cuarta sinfonía, su Concierto para violín, la obertura Leonora No. 3 y los tres cuartetos de cuerdas del Opus 59 llamados Razumovsky. Así pues, en diciembre de 1807, nueve meses después del estreno privado del concierto en casa del príncipe Lobkowitz, Beethoven organizó una velada musical en la cual tenía la intención de estrenar públicamente la obra, pero con otro pianista como solista. En primera instancia, Beethoven ofreció el honor a Ferdinand Ries, quien lo rechazó diciendo que no tenía tiempo suficiente para aprender la obra. Luego, Beethoven dio la partitura a Friedrich Stein, quien la estudió diligentemente hasta que, la víspera del concierto, se dio por vencido. Así, el Cuarto concierto de Beethoven se quedó sin estreno público en diciembre de 1807, y hubo de pasar un año más, hasta el maratónico concierto de diciembre de 1808. Algunos musicólogos han hecho notar que el suave y delicado inicio de este concierto, cuatro notas repetidas en varias ocasiones por el piano solista, es como un espejo del poderoso tema de cuatro notas con el que Beethoven inicia su Quinta sinfonía. Sin embargo, lo que en la sinfonía es energía desbordada, en el concierto es pasión contenida. Al final del primer movimiento, ese mismo tema vuelve, en una conclusión brillante y categórica. Después de un breve y contemplativo Andante, Beethoven cierra este concierto con un rondó que parece ser una herencia directa de los movimientos finales de los conciertos de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), lleno de chispa y de nerviosa energía. De la noche del estreno de este concierto nos ha llegado un texto crítico escrito por el compositor Johann Friedrich Reichardt (1752-1814), quien estuvo presente en esa ocasión. Decía Reichardt:

Beethoven tocó el piano magistralmente, con gran inteligencia y en el tempo más rápido posible. En el segundo movimiento, una canción bellamente desarrollada, cantó en su instrumento con una profunda melancolía que me emocionó.

Otro músico que quedó impresionado con el segundo movimiento de este concierto fue Franz Liszt (1811-1886), quien dijo que esta serena música era como una imagen de Orfeo domando a las fieras salvajes. Es probable que tales fieras salvajes no hayan sido sino las que el propio Beethoven traía dentro de su atribulada alma. La orquestación que el compositor pide en su Cuarto concierto para piano incluye una flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas.