Elgar, Edward - Falstaff, Op. 68

Edward Elgar (1857-1934)

Falstaff, Op. 68

Dependiendo de si su orientación es literaria o musical, amable lector, la mención de Falstaff lo remitirá, en el primer caso, a William Shakespeare (1564-1616), y en el segundo, a Giuseppe Verdi (1813-1901). Sir John Falstaff es un personaje ficticio inventado por Shakespeare, que es mencionado en cinco de sus obras y tiene presencia escénica en tres de ellas: Enrique IV, partes 1 y 2, Enrique V y Lasalegres comadres de Windsor. Los especialistas en las obras del bardo de Stratford-Upon-Avon afirman que si bien Falstaff es un personaje cómico, conserva la profundidad y los matices de personalidad comunes a todos los personajes importantes de Shakespeare. Esa profundidad y esos matices han hecho que el personaje de Falstaff haya sido apropiado y glosado por numerosos creadores en el ámbito del teatro, la música, el cine, etc. La obra más notable asociada al gordinflón personaje es sin duda la ópera Falstaff (1893) de Verdi; otros músicos que han abordado su redondeada figura son Antonio Salieri (1750-1825) en su ópera homónima, estrenada en 1799; Otto Nicolai (1810-1849) en la ópera Las alegres comadres de Windsor, de 1849; y Ralph Vaughan Williams (1872-1958), autor de libreto y música de la ópera Sir John in Love, de 1929. Después de algunos años de vivir en la campiña inglesa, en Hereford, Elgar y su esposa se mudaron a Londres en 1912. Fue en este período de estancia en la capital inglesa que el compositor redactó su estudio sinfónico Falstaff, en cuyo interior algunos especialistas han encontrado una clara orientación autobiográfica. (Se trata, de hecho, de un poema sinfónico, aunque el compositor no haya utilizado esta designación). La musicóloga Diana McVeagh ha hecho esta aguda y muy completa descripción de la obra:

Falstaff, la música más explícitamente programática de Elgar, es un retrato maduro y amable de un hombre de gran espíritu. Es su movimiento instrumental más extenso, magistral en el hecho de que tiene numerosos temas fuertes que pueden ser tratados con ingeniosos recursos fugados o presentados juntos como contra-melodías para ilustrar la acción. La actitud de Elgar hacia Falstaff era protectora; su mirada, parcial, extraída solamente de las piezas Enrique IV y Enrique V de Shakespeare y realizada a través de su propio temperamento. Adulador, presumido, encantador y burlador de la ley, este Falstaff es sobre todo un caballero. Tomando en cuenta los voluptuosos sonidos de contemporáneos tales como Rajmaninov, Strauss o Puccini, pareciera que los castos instintos de Elgar fueron fomentados por el mundo victoriano en el que creció. “Casto” es una palabra que muy pocos usarían para Falstaff, y sin embargo describe los interludios de inocencia recuperada, primero en un sueño de juventud, después en un huerto campirano. El rechazo de Falstaff por el nuevo rey y su muerte son tan conmovedores que uno ve en ellos los miedos del propio Elgar –no estaba sordo a los cambios en el gusto en 1913- a ser también rechazado por el nuevo régimen musical.*

En 1913, Elgar publicó en The Musical Times un prolijo ensayo analítico sobre su Falstaff, en el que describe a detalle las peripecias de su personaje. Básicamente, el compositor divide la obra en cuatro grandes episodios:

Falstaff y el príncipe Enrique
Eastcheap –Gadshill
La marcha de Falstaff
El ascenso del rey Enrique V – Rechazo y muerte de Falstaff

Elgar compuso Falstaff como respuesta a un encargo que le hiciera el Festival de Leeds en 1912. El estreno de la obra ocurrió en Leeds, en el contexto del festival, el 1 de octubre de 1913, bajo la dirección del compositor. La obra se escuchó por primera vez en Londres el 3 de noviembre de ese año, en el Queen’s Hall, dirigida por Landon Ronald, a quien la partitura está dedicada. Si bien el propio Elgar solía decir que Falstaff era la mejor de sus obras puramente sinfónicas, la apreciación crítica de la obra ha estado dividida desde la fecha de su estreno. Destaca entre lo que se ha dicho sobre Falstaff una afirmación publicada en la revista especializada The Record Guide en la que se afirma que se trata del único poema sinfónico de su tiempo que puede ser comparado favorablemente con las obras maestras del género escritas por Richard Strauss (1864-1949).