Haydn, Franz Joseph - Sinfonía No. 102 en si bemol mayor, Hob. I: 102

Franz Joseph Haydn (1732-1809)

Sinfonía No. 102 en si bemol mayor, Hob. I: 102

Largo – Allegro vivace
Adagio
Menuetto: Allegro
Finale: presto

Uno de los sobrenombres más famosos, más mencionados y más permanentes en la historia de la música es aquel que se ha asignado a Haydn como “el padre de la sinfonía”. Sí, Haydn es el primer sinfonista importante de la tradición clásica, pero su trabajo en este campo es, ni más ni menos, un eslabón más en la cadena del desarrollo histórico de la sinfonía. Lo que da a Haydn y a sus sinfonías un valor tan especial es que ese eslabón es uno de los más sólidos e importantes de la cadena. Así pues, en vez de repetir aquí el asunto de la paternidad de Haydn respecto a la sinfonía, prefiero que escuchemos algunas voces de musicólogos que se han manifestado al respecto de este tema:

Cecil Gray:

El lugar honroso y prominente que se ha asignado a Haydn en los anales de la historia de la música se debe no tanto a sus logros particulares en cuanto a la evolución de la forma sinfónica, sino a su contribución en el contexto de esa evolución.

Arthur Jacobs:

En Esterháza, Haydn logró una reputación que se extendió por toda Europa, especialmente por sus sinfonías y sus cuartetos; Haydn estableció los modelos clásicos de estas dos formas.

Lionel Salter:

Aunque Haydn no es, en el sentido literal, el padre de la sinfonía, su importancia en la formación y el desarrollo de esta forma no puede ser soslayada.

Percy A. Scholes:

Su estilo de composición estuvo basado inicialmente en el de C.P.E. Bach, es decir, en el nuevo estilo de la sonata y la sinfonía.

Hasta aquí las citas, de las cuales hay muchísimas más. Baste decir, en cambio, que para efectos prácticos casi todos los textos analíticos sobre la sinfonía se inician formalmente con Haydn, aunque en los respectivos prólogos suele mencionarse a compositores como Johann Sebastian Bach (1685-1750) y sus hijos, así como a Giovanni Battista Sammartini (1700-1775), Johann Stamitz (1717-1757), Georg Matthias Monn (1717-1750) y otros que son considerados como precursores del pensamiento sinfónico de Haydn. Con el trabajo de estos precursores muy bien estudiado y aprendido, Haydn inició su larga y fructífera trayectoria sinfónica hacia 1759 ó 1760, cuando compuso la primera de sus 104 sinfonías. Treinta años y más de noventa sinfonías después, Haydn fue invitado a Londres por el empresario Johann Peter Salomon. Durante su estancia en Inglaterra, Haydn fue aplaudido y celebrado por la comunidad musical entera y, entre otras cosas, fue galardonado con un doctorado en música por la Universidad de Oxford. Entre ceremonia y ceremonia, Haydn se dio tiempo para componer seis sinfonías para Salomon, las que llevan los números 93 a 98 de su catálogo. Años después, y de nuevo por invitación del empresario Salomon, Haydn regresó a Londres, permaneciendo ahí desde enero de 1794 hasta agosto de 1795. Durante esta segunda jornada londinense Haydn compuso otras seis sinfonías, las últimas de su catálogo de la 99 a la 104, y la mayor parte de los conocedores en la materia coinciden en que estas doce sinfonías (conocidas colectivamente como las Sinfonías Salomon) representan lo mejor de su producción sinfónica. Estrictamente, cualquiera de estas doce sinfonías podría llevar el subtítulo de Londres, pero sólo la última de ellas, la número 104, es conocida con ese nombre.

La Sinfonía No. 102 de Haydn está concebida para dos flautas, dos oboes, dos fagotes, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas. Fue estrenada en Londres el 2 de febrero de 1795 y su segundo movimiento es análogo al Adagio de un trío para piano compuesto por Haydn en 1794, es decir, el mismo año que la sinfonía. Sobre este movimiento, Charles Rosen afirma lo siguiente:

Cualquiera que sea la primitiva versión, sinfonía o trío para piano, el movimiento lento de la Sinfonía No. 102 está más próximo al estilo tradicional de teclado que al estilo orquestal, lo que no quiere decir que suene mejor en su versión pianística.