Haydn, Franz Joseph - Sinfonía No. 6 en re mayor, Hob. I:6 La mañana

Franz Joseph Haydn (1732-1809)

Sinfonía No. 6 en re mayor, Hob. I:6 La mañana

Adagio-Allegro
Adagio-Andante-Adagio
Menuet
Finale: Allegro

Además de ser de importancia capital en los albores de la historia de la sinfonía, la producción de Franz Joseph Haydn en este género tiene, entre otros atractivos, un número considerable de obras con títulos narrativos, descriptivos o programáticos.

Es claro que estos títulos (muchos de ellos espurios, aplicados a las sinfonías por manos ajenas a Haydn) para nada influyen en nuestra comprensión o disfrute de las sinfonías, ni en la esencia musical de las obras, pero sin duda representan un camino lúdico para acercarse a la siempre luminosa y energética música de Haydn. Entre los numerosos títulos asignados a las sinfonías de Haydn se encuentran, por ejemplo, El filósofo, Eco, El puño, Fúnebre, Los adioses, María teresa, La Pasión, El maestro de escuela, El fuego, El distraído, La Roxelane, Tempora mutantor, La caza, El oso, Oxford, El milagro, Militar, El reloj, Londres, Redoble de timbal, etc. De hecho, la Sinfonía No. 1 de Haydn lleva un sobrenombre, que no es utilizado con frecuencia: Lukavec, que así se llamaba la propiedad del conde Ferdinand Maximilian von Morzin, patrón del compositor, donde fue compuesta la obra. Las siguientes sinfonías de Haydn con títulos forman una trilogía: La mañana, El mediodía y La noche, y son respectivamente la sexta, la séptima y la octava sinfonías del catálogo del compositor. En ciertas ediciones del catálogo de obras de Haydn compilado por Anthony van Hoboken se menciona que el título de la Sinfonía No. 7, El mediodía, es auténtico, mientras que hay dudas sobre la autenticidad de los títulos de las otras dos. Sin embargo, algunos musicólogos han apuntado al hecho de que Haydn parece haber incluido conscientemente algunos efectos sonoros descriptivos muy precisos. Así, se menciona por ejemplo la representación de la salida del sol al inicio de la Sinfonía No. 6, y se dice que el movimiento lento de la obra representa una lección matinal de música; una prueba más, por si hicieran falta, de la gran carga de subjetividad que hay en los títulos y/o en las intenciones descriptivas de numerosas obras musicales.

En sus primeras cinco sinfonías, Haydn había utilizado la dotación tradicional de dos oboes, dos cornos y cuerdas; para la Sinfonía No. 6, el compositor añadió una flauta y un fagot a su orquesta. Los analistas han señalado, también, la asignación de importantes pasajes a solo para el violín y el violoncello en estas tres sinfonías, lo cual parecería indicar que Haydn tenía en mente a miembros específicos de la orquesta para la cual escribió estas obras. Asimismo, hay en las Sinfonías Nos 6, 7 y 8 una destacada escritura cuasi-solista para los instrumentos de aliento.

En 1759, Haydn había entrado al trabajar servicio del conde Von Morzin, chambelán y consejero de la emperatriz. Si bien Von Morzin era un hombre culto y un mecenas generoso, Haydn debió abandonar su servicio apenas un par de años después, ya que el noble caballero atravesó por un período de dificultades económicas que le obligó a hacer un recorte de personal; y, claro, según la mentalidad pragmática de entonces (y que predomina hasta nuestros días), cuando hay que despedir a alguien, hay que empezar por los músicos, que para la alta sociedad son empleados superfluos y no muy útiles que digamos:

Primero despido al compositor de mi corte, con todo y orquesta, que deshacerme de una sola de mis cocineras.

El caso es que Haydn no pasó mucho tiempo desempleado, ya que muy pronto recibió una oferta de trabajo. Un día lo visitó un músico de nombre Karl Friedberg, asociado con la capilla del príncipe Paul Anton Esterházy y, diciéndole que su prestigio era bien conocido en esa corte, le encargó una sinfonía para ser interpretada en la fiesta de cumpleaños de su ilustre patrón. Haydn cumplió con el encargo, y se dice que la sinfonía entregada causó tan buena impresión al príncipe, que decidió contratarlo de inmediato. La Sinfonía No. 6 fue escrita en 1761, cuando Haydn ya estaba trabajando para el príncipe Paul Anton Esterházy, a cuyo servicio entró en mayo de ese año; de hecho, fue la primera de las sinfonías que compuso durante su larga y productiva estancia en Esterháza. Respecto al título o sobrenombre de La mañana que suele asociarse con esta sinfonía, es preciso aclarar que no es un título original de Haydn, sino que le fue adjudicado a posteriori. Como consecuencia de ello, las dos siguientes sinfonías de su catálogo, las Nos. 7 y 8, fueron designadas automáticamente y sin mayor justificación, como El mediodía y La noche.