GERSHWIN GEORGE - Un americano en París

George gershwin (1898-1937)

Un americano en París

En el año de 1951, la gran máquina de hacer cine que era Hollywood produjo una interesante comedia musical titulada Un americano en París. La dirección de la cinta estuvo a cargo de uno de los grandes realizadores de aquel tiempo, Vincente Minelli, y el papel protagónico fue interpretado por Gene Kelly, una de las presencias más sólidas y atractivas en este tipo de cine. Como suele ocurrir en las comedias musicales de esta clase, la anécdota de Un americano en París no es muy sólida ni muy profunda: se trata básicamente de un típico conflicto romántico en el que Gene Kelly debe decidirse por el amor de una de dos mujeres, de cualidades claramente distintas, personificadas por Nina Foch y Leslie Caron. A pesar de la evidente debilidad de esta trama, los valores de producción, las canciones y los números musicales de la película son de altísima calidad, y Un americano en París se ha convertido en uno de los musicales clásicos en la historia de Hollywood. De hecho, la película fue reconocida en su propio tiempo con un buen número de Oscares de la Academia: al argumento y guión de Alan Jay Lerner; a la fotografía de Alfred Gilks y John Alton; a los arreglos musicales de Johnny Green y Saul Chaplin; y al vestuario y la dirección artística. De todo este asunto cinematográfico, el detalle que importa hoy es el hecho de que la película está basada muy libremente en la partitura original homónima de George Gershwin y en las ideas que hay detrás de la música.

En el año de 1928 Gershwin se tomó una larga vacación en Europa, acompañado de su hermana Frances, su hermano Ira y la esposa de éste. Durante el viaje, la familia Gershwin visitó, entre otros sitios, Londres, Viena y París. Al parecer, la capital francesa fue el punto culminante de la gira, ya que en esta ciudad Gershwin conoció a Sergei Prokofiev (1891-1953), Darius Milhaud (1892-1974), Maurice Ravel (1875-1937) y Nadia Boulanger (1887-1979). Dos años antes, en una visita previa a París, Gershwin había concebido un breve tema musical que, con el paso del tiempo, habría de convertirse en el inicio de su famosa obra sinfónica Un americano en París, cuya creación fue la respuesta de Gershwin a un encargo de la Sociedad Sinfónico-Filarmónica de Nueva York que en ese entonces era presidida por Walter Damrosch. Así, Gershwin se dio tiempo entre visitas turísticas, fiestas y recepciones, para trabajar en su nueva partitura, de modo que a su regreso a Nueva York, en junio de 1928, la partitura estaba ya muy avanzada. Hacia el inicio de agosto, el compositor terminó la obra en partitura de piano y estuvo ocupado hasta noviembre con la orquestación de Un americano en París. Junto con la versión final de la partitura de orquesta, Gershwin produjo un texto explicativo de sus intenciones, quizá para aplacar un poco a los críticos que todavía lo atacaban por su impertinente empeño en fusionar el jazz con los sacrosantos parámetros de la música de concierto. He aquí, a manera de curiosidad histórica, el texto original de Gershwin:

Esta nueva pieza, que en realidad es un ballet rapsósdico, ha sido escrita con mucha libertad y es la música más moderna que he intentado hasta la fecha. El inicio de la obra se desarrolla en un estilo típicamente francés, a la manera de Debussy y el Grupo de los Seis, aunque todos los temas son originales. Mi propósito es el de describir la impresión de un visitante americano en París al caminar por las calles y escuchar diversos ruidos urbanos mientras absorbe la atmósfera francesa. Como en mis otras composiciones orquestales, no he intentado describir escenas específicas en esta música. La rapsodia es programática sólo de un modo impresionista y general, de manera que cada quien puede imaginar lo que quiera al oír la música. La alegre sección inicial es seguida por un rico blues de fuertes cualidades rítmicas. Nuestro amigo americano, quizá después de meterse en un café y tomarse un par de tragos, ha sido víctima de la nostalgia. Aquí, la armonía es más intensa y simple que en las páginas precedentes. Este blues llega hasta un clímax seguido por una coda en la que el espíritu de la música regresa a la vivacidad y la exuberancia de la primera parte, con sus impresiones parisinas. Al parecer, el nostálgico americano, al dejar el café y salir de nuevo a la calle, ha apartado de sí la tristeza y es, otra vez, un alerta espectador de la vida parisina. Al final de la obra, triunfan los sonidos callejeros y la atmósfera francesa.

No deja de ser interesante el hecho de que para el estreno de la pieza, la nota de programa no fue el texto recién citado, sino otro, escrito por Deems Taylor (1885-1966), compositor amigo de Gershwin, en el que se intenta ofrecer un itinerario muy detallado del paseo del turista americano por la capital francesa. Curiosamente, el texto de Taylor contradice algunos puntos del texto de Gerswhin, a pesar de lo cual el compositor no puso objeción alguna para que se publicara en el programa del estreno. Ello prueba directamente que a Gershwin le importaba menos la descripción precisa de las aventuras de su personaje que la impresión general y la atmósfera sonora de la obra. Por cierto, para lograr esta atmósfera a través de medios verosímiles, Gershwin pide en la partitura cuatro cláxons de taxi francés. Para asegurarse de que su idea sonora no se perdiera, Gershwin dedicó algunos días de su viaje a París en 1928 para buscar y encontrar esos cláxons, expedición en la que fue acompañado por su colega Alexandre Tansman (1897-1986). Así, en la maleta de Gershwin regresaron a Nueva York no sólo los bosquejos de Un americano en París y algunos souvenirs, sino también las cuatro sonoras bocinas de taxi francés. Esos cuatro cláxons sonaron fuerte en el estreno de la obra, realizado el 13 de diciembre de 1928 con Walter Damrosch dirigiendo a la Sociedad Sinfónico-Filarmónica de Nueva York. Para el cajón de los datos inútiles: un catálogo discográfico publicado en el lejano otoño de 1997 mencionaba que existen más de cincuenta grabaciones de Un americano en París, incluyendo un arreglo para piano, la versión de Gershwin para dos pianos, y la versión original de la partitura orquestal, que contiene algunos pasajes omitidos por Gershwin después del estreno. En algunas de las grabaciones más antiguas, se puede escuchar al propio Gerswhin en el piano.