PANTALEÓN, ARTURO - Concierto para viola y orquesta Maxahuaxi, Op 23

Arturo Pantaleón Mendoza Jansch (1965)

Maxahuaxi, Concierto para viola y orquesta Op. 23

Allegro maestoso -- Recordando viejos tiempos
Pietoso -- A los queridos difuntos
Jarabe huichol: "El venado azul"

Compositor y cornista, Arturo Pantaleón realizó su estudios musicales básicos en México, contando entre sus maestros a su padre, Ezequiel Mendoza-Hernández, reconocido cornista mexicano. Más tarde se perfeccionó en Alemania donde fue alumno del legendario cornista Gerd Seifert, de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Fue cornista de la Nueva Orquesta de Cámara de Potsdam y del Quinteto Musagetes. Actualmente residente en Berlín, ha escuchado algunas de sus obras estrenadas por notables grupos europeos entre los que destaca, por ejemplo, el Ensamble de Cornos de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Una de las principales líneas de conducta de Arturo Pantaleón como compositor es la síntesis de las tradiciones europeas y latinoamericanas, con énfasis particular en el pasado musical indígena de México. De la lectura de un prolijo texto firmado por Gabriel Soto Méndez, compositor colombiano/mexicano, extraigo algunas ideas básicas sobre Maxahuaxi, Concierto para viola y orquesta de Arturo Pantaleón.

Arturo Pantaleón inició la composición de la pieza en el contexto de una serie de importantes y trágicos acontecimientos en su vida personal. Al abordar la creación de la obra, el compositor retomó un bosquejo tentativo que había realizado en 2005 y lo transformó en la parte medular del segundo movimiento de Maxahuaxi. Este movimiento de la obra, tanto en su título como en su intención y expresión, es un homenaje explícito del compositor a la memoria de familiares cercanos a los que fue perdiendo con el paso del tiempo. Aquí, Pantaleón da a sus temas diversos tratamientos, principalmente contrapuntísticos y de variación, aludiendo de manera particular a la forma de una chacona. Por otro lado, hay en este movimiento referencias explícitas a la música vernácula de América Latina, en especial con la inclusión de algunos perfiles rítmicos del danzón. En el año 2007, Arturo Pantaleón abordó la creación del tercer movimiento del concierto, que es el que está más directamente relacionado con la cosmovisión de las culturas mexicanas ancestrales. Puntualmente, el movimiento es una representación sonora que el compositor hace de su imagen personal del ritual sagrado del peyote de los wixárikas (huicholes) y de Wirikuta, el lugar central de su cosmogonía. El sincretismo cultural y sonoro está acentuado aquí por la presencia del huéhuetl, el teponaztli y el caracol. En este movimiento final de Maxahuaxi, el compositor alude a la estructura de un rondó-arco. El compositor informa que la palabra que da título a su Concierto para viola, Maxahuaxi, quiere decir El venado azul intermediario entre los seres y las deidades.

Escuchar una ejecución de Maxahuaxi permite descubrir un primer movimiento concebido y realizado en un espíritu cabalmente romántico, sazonado aquí y allá con algunas pinceladas sonoras de perfil nacional. El segundo movimiento es una pieza de espíritu elegíaco, con un inicio expresivo, y armónicamente más austero que el movimiento anterior, hasta que aparecen los perfiles musicales de origen popular. El tercer movimiento, el más breve de los tres, es encabezado por las percusiones autóctonas y el caracol, que dan paso a un discurso en el que se hacen más evidentes las referencias populares. Es aquí donde se percibe con mayor claridad la intención de Arturo Pantaleón de efectuar una síntesis sonora de culturas musicales. Más adelante, para redondear la estructura episódica del movimiento, vuelve a escucharse el toque inicial de los instrumentos indígenas.

Arturo Pantaleón inició la composición de Maxahuaxi en 2006 y, después de varias interrupciones, la concluyó en el año 2012. Maxahuaxi recibió un estreno parcial (segundo y tercer movimientos) en septiembre de 2007 en Leipzig, con Christian Weisse como solista en la viola y la Orquesta de Cámara Artentfaltung dirigida por Stephan König. La obra se escuchó completa por vez primera en octubre de 2014 con el violista Felix Schwarz y la Orquesta Filarmónica de Trier dirigida por Miguel Salmon del Real. El estreno en América Latina se llevó a cabo en 2017, llevando como solista a Felisa Hernández Salmerón, con la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo bajo la batuta de Gaétan Kutcha. La partitura del Concierto para viola y orquesta Maxahuaxi fue dedicada por Arturo Pantaleón a Yetlanezi, Xóchitl y Ángela Mendoza, hermanas del compositor, y a Britt Landmark.