MARTINŮ, BOHUSLAV - Sinfonía No. 1, H. 289

Bohuslav Martinů (1890-1959)

Sinfonía No. 1

Moderato – Poco piu mosso
Allegro
Largo
Allegro non troppo

Nacido en 1890 Policka, en el este de Bohemia, Bohuslav Martinů se mudó a Praga en 1906 para estudiar música. Más tarde, después de realizar varias giras como miembro de una orquesta, se estableció en 1927 en París, donde pasó varios años de pobreza y privaciones. Huyendo de los nazis en 1940, viajó a hurtadillas por toda Francia, fue a dar a Lisboa y, finalmente, llegó a Nueva York en 1941. En los años siguientes vivió en diversas ciudades de los Estados Unidos. Entre 1953 y 1955 Martinů vivió en Niza, en el sur de Francia; volvió a los Estados Unidos, se trasladó a Italia a dar clases, y finalmente se instaló en Suiza, donde murió en 1959. Lo más importante de este agotador y complejo itinerario está en el hecho de que el alma y el pensamiento de Martinů estuvieron siempre muy cerca de su tierra natal, lo que se refleja con singular fuerza en muchas de sus obras.

Al inicio de 1942, Bohuslav Martinů recibió un inesperado y bienvenido encargo de la Fundación Musical Koussevitzki, institución que le solicitó una obra orquestal, dejando a su libre albedrío la forma y el género de la nueva partitura. Martinů se decidió por la forma sinfónica y abordó la composición de su Sinfonía No. 1 en medio de las complejas circunstancias de su proceso de adaptación a la ciudad de Nueva York, en la cual se había establecido poco tiempo atrás. Miloš Šafránek, biógrafo de Martinů, hacer un interesante retrato de esas circunstancias:

Desde enero, un tema de dos acordes (si menor-si mayor) lo había obsesionado, pero la lógica lo rechazaba. “No es posible”, decía Martinů, “basar un tema en dos acordes”. Esto, entre otras cosas, ocupaba los pensamientos del solitario paseante que caminaba en las noches por Queens, esa red de vías de tren y filas interminables de automóviles, donde no hay descanso y muy poca inspiración. La Primera sinfonía es, de hecho, un hito en la carrera artística de Martinů: es diferente al resto de sus obras orquestales. La única obra temprana con la que tiene algo en común es su ópera* Juliette*, pero la similitud es atribuible principalmente al uso del mismo medio, la gran orquesta. El problema que Martinů se propuso resolver en su Primera sinfonía es, sin embargo, de una naturaleza distinta. El drama musical no es una sinfonía, y Martinů nunca mezcló el carácter o el estilo de diferentes géneros musicales. En su Primera sinfonía, Martinů quería revivir la gran forma clásica y lograr una nueva unidad de forma y contenido que pudiera satisfacer los requisitos de las sensibilidades de su tiempo y no sobrepasar los límites de los valores puramente musicales.

Esta afirmación de Šafránek está más que confirmada por la evidencia múltiple de que, en efecto, Martinů meditó y ponderó a profundidad los asuntos teóricos y formales que rodean a la forma sinfónica clásica; una de esas evidencias está en el hecho de que para el estreno de su Primera sinfonía el compositor checo redactó a manera de nota de programa un extenso análisis de la forma sinfónica, al final del cual ofrece algunas claves particulares sobre esta partitura suya. Escribía Martinů:

En cuanto a mi sinfonía, sigue la clásica división en cuatro partes:* Allegro, Scherzo, Largo, Allegro*. Al preservar este esquema, también he seguido un plan estético dictado por mi convicción de que una obra de arte no debe trascender los límites de su posibilidad de expresión. Viví en Francia suficiente tiempo como para aprender el significado de la palabra* mesure*. He evitado elementos que me parecen ajenos al propósito expresivo de la obra. La base de la orquesta está en el quinteto de cuerdas, lo que no impide que haya solos para los alientos-madera, mientras que los metales y las percusiones cumplen la función que les toca. He tratado de hallar nuevas combinaciones sonoras y de obtener de la orquesta una sonoridad unificada a pesar del trabajo polifónico que la partitura contiene. No es la sonoridad del impresionismo, y tampoco hay una búsqueda de color, que más bien es integral en la escritura y en la estructura formal. El carácter de la obra es calmo y lírico.

Respecto a la presencia de materiales musicales tradicionales checos (que es muy usual en sus obras) en esta Sinfonía No. 1 de Martinů, el analista Keith Anderson afirma que el primer trema del primer movimiento está basado en un coral medieval bohemio en el que se pide la protección de San Wenceslao.

Martinů dedicó la partitura de su Primera sinfonía a la memoria de Nathalie Koussevitzki, y la obra fue estrenada en Boston el 13 de noviembre de 1942 por la Sinfónica de Boston dirigida por Serge Koussevitzki.