SHOSTAKOVICH, DMITRI - Concierto No. 1 para violín y orquesta en la menor, Op. 77

Dmitri Shostakovich (1906-1975)

Concierto para violín y orquesta No. 1 en la menor, Op. 77

Nocturno (Moderato)
Scherzo (Allegro)
Passacaglia (Andante)
Burlesca (Allegro con brio - Presto)

Desde su origen mismo, desde su advenimiento al poder absoluto, el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) puso un gran énfasis en la vigilancia, represión y censura de toda manifestación artística e intelectual surgida del espíritu de sus gobernados. La música no sólo no estuvo exenta de esa vigilancia sino que fue particularmente vulnerada en todos los campos de su expresión; algunos historiadores afirman que esto se debió a que el turbio dictador y genocida Josef Stalin entendía tan poco la música que sospechaba de cualquier acorde, de cualquier melodía, como posible vehículo de disolución social y traición política. Porque fue precisamente Josef Stalin el principal responsable de la brutal censura que sufrieron muchos compositores soviéticos notables, principalmente Dmitri Shostakovich.

Continuamente, las cúpulas del partido comunista hostigaban a los compositores, acusándolos de toda clase de crímenes ficticios y provocando con ello un estado general de paranoia y terror entre los músicos soviéticos. Este triste estado de cosas llegó a su deplorable clímax en 1948, cuando se organizó una especie de congreso oficialista de compositores para analizar el estado de salud de la música soviética. El discurso principal del congreso estuvo a cargo de Andrei Zhdanov, el patético e ignorante esbirro de Stalin en cuestiones culturales, y el responsable directo de llevar a la práctica la represión contra los artistas. En su discurso, Zhdanov repitió los viejos cargos imputados a los compositores que no eran del agrado de Stalin: formalismo, decadencia, pesimismo, sentimiento anti-popular, etc. Lo grave del caso es que el discurso de Zhdanov en el congreso dio origen a un decreto por medio del cual, de hecho, se limitaba grandemente la capacidad creadora de los compositores y se les obligaba a seguir mansamente la línea oficial del partido en materia musical. Esto equivalía a reducir a los compositores a crear obras patrióticas, nacionalistas, optimistas y de alto contenido social. Evidentemente, Shostakovich fue uno de los compositores más afectados por el estúpido decreto. ¿Qué sucedió entonces con Shostakovich y su música?

En los años inmediatamente anteriores al decreto Shostakovich había estado componiendo obras en un lenguaje más atrevido y evolucionado que el que había empleado en los años previos a la guerra. Entre estas obras destacan su Cuarto cuarteto de cuerdas, su Primer concierto para violín y su ciclo de canciones De la poesía folklórica judía. En las tres obras, por cierto, Shostakovich se rebelaba directa y claramente contra el antisemitismo de Stalin, que era otra de las aberraciones del dictador. Así pues, frente al decreto y sus secuelas, estas y otras obras de Shostakovich debieron esperar muchos años para ser estrenadas, porque no correspondían a la política musical oficial y su estreno público bien pudiera haberle causado problemas mayúsculos al compositor. Así, el primero de los dos conciertos para violín del compositor fue una de esas obras de estreno pospuesto, y fue una de las primeras composiciones en las que Shostakovich empleó el famoso motivo DSCH. Se trata de una compresión de la versión germanizada de su nombre, Dimitrij Schostakowisch. Casualmente, esas cuatro letras corresponden, en la notación musical germana, a cuatro notas: re, mi bemol, do, si. A partir del concierto para violín y otras obras del mismo período, Shostakovich utilizó con frecuencia ese motivo de cuatro notas, como una especie de reafirmación individual, su firma y sello personal a despecho de las presiones oficiales que querían uniformar el quehacer musical en la Unión Soviética.

Compuesto entre 1947 y 1948, el Primer concierto para violín no fue estrenado sino hasta siete años después, el 29 de octubre de 1955. En ese intervalo, el compositor revisó la obra, originalmente designada con el Op. 77, y la nueva y definitiva versión es la que lleva el Op. 99. El estreno se llevó a cabo en Leningrado y el solista fue el gran violinista David Oistrakh, a quien está dedicada la partitura y quien en lo sucesivo hizo mucho por promover esta obra de Shostakovich tanto en la Unión Soviética como en el extranjero. El aprecio de Oistrakh por esta obra queda bien claro en estas palabras suyas al respecto:

Es una obra muy atractiva que ofrece grandes oportunidades, no sólo para que el violinista demuestre su virtuosismo, sino también para la expresión de profundas emociones, pensamientos y estados de ánimo. Mientras más conocí este concierto, con más atención escuché sus sonidos y más me satisfacía, de modo que lo estudié con mayor entusiasmo, pensé en él, viví para él.

Esta admiración por el Primer concierto de Shostakovich fue demostrada de nuevo por Oistrakh cuando ofreció la segunda ejecución de la obra, no en Moscú, como era lógico, sino en Nueva York, en diciembre de 1955 y bajo la batuta de Dmitri Mitropoulos. El público estadunidense descubrió una obra íntima, apasionada y conmovedora, muy alejada de la exaltada retórica patriotera que los camaradas Stalin y Zhdanov (ya felizmente muertos para entonces) hubieran podido esperar. El público de Nueva York aplaudió a rabiar el concierto de Shostakovich, y el director Mitropoulos levantó en alto la partitura de la obra. Hasta la fecha no es posible saber si en esa ocasión, como en muchas otras, el público aplaudió por admiración a Shostakovich o por desprecio a Stalin. ¡Pobre Shostakovich! Hasta cuando recibía ovaciones se atravesaban en su camino las razones equívocas.