ORBÓN, JULIÁN - *Tres versiones sinfónicas*

Julián Orbón (1925-1991)

Tres versiones sinfónicas

Pavana (Luis de Milán)
Organum-Conductus (Perotinus)
Xylophone (Congo)

Aunque nació en España, Julián Orbón fue parte importante del ambiente musical cubano, adquiriendo incluso la ciudadanía cubana. La familia de Orbón dejó España a causa de la Guerra Civil de 1936-1939 y se estableció en La Habana, donde el padre del compositor, Benjamín, fundó el Conservatorio de Música Orbón, donde el joven Julián estudió violín y composición. En el año de 1942, el compositor José Ardévol, otro músico español radicado en Cuba (y maestro de Orbón en el conservatorio), convocó a su alrededor a un grupo de jóvenes compositores para fundar el Grupo de Renovación Musical, cuyo fin primordial era el de crear una escuela de composición de cualidades específicamente cubanas. Julián Orbón se unió de inmediato al grupo, en el que también participaron Harold Gramatges, Hilario González, Argeliers León, Serafín Pro, Edgardo Martín y Gisela Hernández. Durante su permanencia en el grupo, Orbón realizó diversas actividades como crítico, ensayista y pianista en conciertos de música cubana contemporánea. Afiliado al principio a las ideas del Grupo de Renovación Musical, Orbón comenzó a sentir más tarde que el trabajo de sus colegas le imponía límites que él no estaba dispuesto a acatar. Así, Orbón se desligó del grupo en 1949 y siguió una línea creativa más personal e independiente, lo que le permitió alcanzar la madurez como compositor a una edad relativamente temprana. En esos años, Orbón comenzó a experimentar con un lenguaje armónicamente menos ligado a la tonalidad tradicional, y más tenso en sus contrastes; de ese período de búsqueda datan obras suyas como las Danzas sinfónicas (1955), Himnus ad galli cantum (1956) y el Concerto grosso para cuarteto y orquesta (1958). Más tarde, Orbón dirigió el conservatorio fundado por su padre, hasta el año de 1960, y entre 1960 y 1963 fue profesor en el Conservatorio Nacional de Música de México, por invitación de Carlos Chávez (1899-1978). Más tarde emigró a los Estados Unidos (donde permaneció hasta su muerte) y entre otras actividades que realizó, se dedicó a la docencia en la Universidad de Columbia. Son pocos los que saben, por cierto, que una de las grandes ideas de Orbón fue adaptar una guajira cubana (popularizada por Joseíto Fernández en la década de los 1940s) titulada Guantanamera a los versos de José Martí, en una versión que se hizo famosa inicialmente en la versión del cantante folklórico estadunidense Pete Seeger.

Casi al inicio del período de madurez arriba mencionado (que culminaría con las Tres cantigas del rey de 1960), Orbón compuso una de sus obras más importantes e interesantes, las Tres versiones sinfónicas de 1953. En cada una de sus tres partes, el compositor explora un elemento musical distinto y pone de manifiesto su conocimiento profundo de las músicas de otras épocas. La Pavana con que se inicia la obra es una clara alusión de Orbón a su respeto y admiración por la música española del siglo XVI. Sin embargo, la orquestación, lejos de ser un intento de imitación de lo arcaico, presenta numerosos toques modernos, que en ciertos momentos parecen aludir al sonido orquestal de Aaron Copland (1900-1990), quien había sido su maestro de composición en Tanglewood en 1946. La fuente de inspiración de esta Pavana se encuentra en la obra más importante del compositor español Luis de Milán, Libro de música de vihuela de mano intitulado El Maestro (Valencia, 1536). En el segundo movimiento, Organum-Conductus, Orbón alude a la práctica medieval de añadir voces sobre una melodía secular existente, y propone una serie de interesantes variaciones melismáticas, de las que el compositor se sentía particularmente orgulloso. Aquí, la referencia específica es la figura de Perotin (Perotinus Magnus), compositor francés del siglo XIII asociado a la Escuela de Notre Dame. En Xylophone, la pieza que cierra la obra, Orbón trabaja fundamentalmente algunas fuentes del mundo sonoro afrocaribeño, poniendo especial atención al color orquestal y al elemento rítmico; y en efecto, la pieza propone una importante parte para el xilófono. Si bien la tercera de las Tres versiones sinfónicas es notablemente más corta que las otras dos, ello se debe a que, en palabras del propio Orbón, el material propuesto fue desarrollado hasta donde podía serlo y no tenía caso extenderlo artificiosamente. Este Xylophone es, sin duda, una de las piezas más brillantes y extrovertidas de todo el repertorio sinfónico latinoamericano. Con las Tres versiones sinfónicas, Orbón obtuvo el Premio Juan José Landaeta del Primer Festival de Música Latinoamericana, celebrado en Caracas en 1954. El prestigioso jurado que le otorgó el reconocimiento estaba formado por Heitor Villa-Lobos, Edgard Varèse, Erich Kleiber y Adolfo Salazar. A partir de entonces, el nombre de Orbón comenzó a ser conocido internacionalmente y su música salió, al menos parcialmente, del anonimato regional en el que se había mantenido hasta entonces, llamando la atención incluso del medio musical estadunidense. El más activo e importante promotor de la música de Orbón fue el gran director de orquesta mexicano Eduardo Mata (1942-1995), quien dejó testimonio de su respeto y admiración por el compositor hispano-cubano en sus espléndidas grabaciones de estas Tres versiones sinfónicas, del Concerto grosso, la Partita No. 4 para piano y orquesta, las Tres cantigas del rey y el Himnus ad galli cantum. También Carlos Chávez colaboró a la difusión de la música de Orbón, dirigiendo las Tres versiones sinfónicas en Caracas en 1957, en el marco del Segundo Festival de Música Latinoamericana.