Sinfonía No. 5 en mi menor, Op. 64
Andante - Allegro con anima
Andante cantabile con alcuna licenza
Valse: Allegro moderato
Finale: Andante maestoso - Allegro vivace
Sin saber dilucidar aún si habría sido su naturaleza más sentimental, un romántico en el concepto propio de la escuela germana, en parte a la inestabilidad en su autoestima, o bien, que en esa etapa de su vida fuera más convulsa por cuestiones personales y con altibajos económicos, hubo un momento en el que Tchaikovski quiso distanciarse de lo que llamó “mundanal ruido” de San Petersburgo y no componía, parecía no tener suficiente inspiración.
Irónicamente, dejó escritos, algunas notas y mucha correspondencia rescatada con quien fuera su mecenas, Nadezhda von Meck, y que serían una muestra del destino en su trascendencia musical.
Sumergido en una etapa de inactividad tras 11 años de haber presentado su Sinfonía no. 4 y en un intento por demostrar que su creatividad no había muerto, se alejó para mudarse provisionalmente a la aldea Frolovskoie, en el campo, para que entre mayo y agosto de 1888 lograra concluir esta, su Sinfonía no. 5 en mi menor, op. 64, que se convertiría en la más célebre de un total de seis composiciones sinfónicas, muy a pesar de la propia crítica mordaz inicial que el mismo compositor ruso hiciera a su obra.
En una hoja de bocetos dejó algo más que trazos musicales, escribió ciertas reflexiones sobre la estructura de la sinfonía que alistaba, y de la que algunas traducciones solo ajustan ciertas palabras.
“Introducción: Sumisión total al destino o, lo que es lo mismo, a la ineludible predestinación de la providencia. Allegro: I. Murmullos, dudas, quejas, reproches a... II. ¿No es mejor lanzarse de cabeza a la fe? El programa es excelente, siempre que logre llevarlo a cabo."
La sinfonía tiene cuatro movimientos. El primero Andante-Allegro con anima; el segundo Andante cantábile con alcuna licenza; el tercero Valse Allegro moderato; y el Finale. Andante maestoso-Allegro vivace en los que se evidencia que su motivo central es el destino, cuyo comienzo es difícil y de zozobra, pero tras superar ciertas adversidades, culmina su paso a la gloria y redención.
Sinfonía no. 5 en mi menor, op. 64 recibió su estreno el 17 de noviembre de 1888 por la Sociedad Filarmónica de San Petersburgo bajo la dirección del propio Tchaikovski en el emblemático Teatro Marrinsky, aplaudida por el público, pero no con muy buena crítica. Meses después, en marzo de 1889, en Hamburgo, con la acogida de Brahms, volvió a ser aclamada y, por fin, convenció las exigencias de su compositor.
