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Joan Falletta dirige Suk

Director huésped

La aclamada directora dirige
Ibarra, Suk y Rimsky-Korsakov

Programa: 

Sábado, 26 de mayo, 6:00pm
Domingo, 27 de mayo, 12:30pm

JOANN FALLETTA, directora

FEDERICO IBARRA-GROTH - Sinfonía No. 2 Las antesalas del sueño

JOSEPH SUK - Cuento de hadas, Op. 16

INTERMEDIO

NIKOLAI RIMSKY-KORSAKOV - Scheherazade, Op. 35

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

Federico Ibarra (1946)

Sinfonía No. 2, Las antesalas del sueño
La entrevista que sostengo con Federico Ibarra con motivo del estreno mundial de su Segunda sinfonía tiene como uno de sus temas fundamentales el asunto de la posible existencia de una tradición sinfónica mexicana. Sobre este tema Ibarra afirma que, de hecho, no hay tal tradición sinfónica en la música de nuestro país y que las seis sinfonías de Carlos Chávez (1899-1978) son una excepción que no marca origen, herencia ni continuidad. Cuando menciono a Candelario Huízar (1883-1971) como un posible ejemplo, Ibarra comenta con acierto:

El problema con las sinfonías de Huízar es que todavía no se han difundido lo suficiente como para calibrarlas al interior de una posible tradición sinfónica mexicana. En todo caso, creo que su pensamiento sinfónico estaría más claramente definido en sus poemas sinfónicos, como Imágenes y Pueblerinas.

Como continuación de esta línea de pensamiento, Ibarra procede a comentar que si bien compositores como Manuel M. Ponce (1882-1948), José Rolón (1876-1945) y otros no escribieron sinfonías, sí crearon obras para orquesta sinfónica que pueden ser consideradas como parte importante del pensamiento sinfónico mexicano, junto con partituras orquestales de compositores de generaciones posteriores. En este contexto surge, en 1991, la Primera sinfonía de Federico Ibarra, encargada al compositor por la Orquesta Sinfónica Nacional con motivo del bicentenario luctuoso de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) y estrenada ese mismo año por la OSN bajo la batuta de Enrique Arturo Diemecke. Al año siguiente, Ibarra recibe un encargo para otra orquestal breve y decide abordar la creación de su Segunda sinfonía. El título de la obra, Lasantesalas del sueño, es original, inventado por el compositor no como un accesorio descriptivo o programático sino como un comentario sutil al desarrollo de las ideas musicales que forman la columna vertebral de la sinfonía. Al respecto Ibarra menciona que en el desarrollo motívico de Las antesalas del sueño los materiales han sido tratados de manera un tanto análoga a la sucesión de los cuadros que se crean en nuestra mente en los momentos previos al sueño. Dicho de otra manera, las asociaciones son similares a las que ocurren en el proceso de la vigilia. Cuando Federico Ibarra menciona este elemento, pregunto prudentemente si en el desarrollo de su Segunda sinfonía hay algo parecido al proceso de asociación libre, pero el compositor descarta de inmediato el término, por su matiz cabalmente psicoanalítico. Prefiere, en cambio, mencionar que en el proceso de los sueños, los cuadros sucesivos son aparentemente inconexos, pero que en realidad hay una relación entre cada etapa de ese proceso. A la luz de estos conceptos, surge de inmediato la idea del surrealismo, tema en el que Federico Ibarra es un experto. Al reconocer su cercanía a la estética surrealista, que ha marcado algunas de sus obras anteriores, el compositor menciona que la mejor aproximación posible a un concepto de la música surrealista sería, en todo caso, la improvisación, que es el proceso musical más cercano al fenómeno de libre asociación que se da en el sueño y en sus antesalas. Desde el punto de vista formal, la Segunda sinfonía de Federico Ibarra es análoga a su predecesora, aunque se mueve en un ámbito más lírico y más libre. La obra está concebida en un solo movimiento y en ella pueden detectarse temas (o motivos) que se plantean y más tarde reaparecen, en un esquema muy libre de desarrollo. Una diferencia importante entre las dos primeras sinfonías de Ibarra es el hecho de que la primera fue concebida para una orquesta de dimensiones mozartianas, mientas que la segunda contempla una orquesta de gran tamaño. En ambas obras, el compositor ha trabajado dentro del límite de una duración muy breve, por lo que planea, para el futuro cercano, la creación de otra sinfonía en la que la dimensión temporal sea más amplia y sus límites estén marcados sólo por el alcance del material musical. La Segunda sinfonía fue escrita por Federico Ibarra en respuesta a un encargo de la Dirección de Actividades Musicales de la UNAM, y la partitura está dedicada a Jesús Medina, quien como director artístico de la Orquesta Filarmónica de la UNAM se encargó de su estreno, el 5 de junio de 1993. En la carátula de la partitura, el compositor ha puesto un epígrafe que dice así: Un ruido sordo Azul y numeroso Preso en el caracol De mi oreja dormida
El texto es de Xavier Villaurrutia, y no debe ser tomado como un elemento descriptivo, ya que Ibarra eligió este epígrafe después de que su Segunda sinfonía quedó terminada.

Josef Suk (1874-1935)

Cuento de hadas, Op. 16

Aunque estudió también el piano y el órgano, el compositor checo Josef Suk se concentró principalmente en el violín, instrumento en el que alcanzó un respetable nivel profesional. Gracias a su calidad como instrumentista, fue convocado a formar parte del Cuarteto Checo, un prestigioso ensamble de larga trayectoria (1893-1933) que ofreció más de 4,000 conciertos de un alto nivel musical. Gracias a las constantes giras del Cuarteto Checo, Suk tuvo la oportunidad de escuchar mucha música nueva en diversas partes de Europa, asimilando algunos elementos técnicos y estéticos que más tarde aplicaría en sus propias composiciones. Se dice que estuvo particularmente atento a la música de Richard Strauss (1864-1949) y a las creaciones de los impresionistas franceses. Sin embargo, lo principal de su aprendizaje como compositor fue realizado bajo la tutela del más importante compositor checo, Antonin Dvořák (1841-1904), de quien Suk debió ser, por razones musicales y personales, heredero musical natural. Además de Dvořák, otra influencia de capital importancia en el desarrollo musical de Suk fue el escritor y dramaturgo checo Julius Zeyer (1841-1901). De diversos textos analíticos sobre su producción literaria es posible entresacar algunos términos que definen algunas de sus características destacadas: misticismo, nostalgia, tragedia, religión, erotismo y, de manera importante, la tendencia a combinar asuntos específicos de la historia y la sociedad checa con leyendas y tradiciones de otras naciones. Zeyer formó parte de un grupo de escritores checos conocido como Lumir(título de una revista que publicaban colectivamente), cuyos miembros solían buscar puntos de referencia e inspiración en la cultura de Europa Occidental, particularmente Francia. Una de las obras dramáticas más importantes de Julius Zeyer es Radúz y Mahulena. Respecto a este texto del dramaturgo checo, un compacto artículo enciclopédico a su respecto contiene esta descripción:

El poema dramático Radúz y Mahulena de Zeyer es una historia de amor que combina elementos clásicos de los cuentos de hadas con diversas referencias mitológicas. Radúz y Mahulena, originarios de reinos enemigos, se enamoran, pero deben enfrentar diversos retos y pruebas, incluyendo la hechicería de la Reina Runa. Además de referirse a diversos mitos y cuentos de hadas de la cultura eslovaca, el texto de Zeyer toma elementos del drama* Sakuntala*, del poeta hindú Kalidasa.

Radúz y Mahulena habría de ser la única fuente literaria de importancia abordada por Josef Suk en su proceso de creación musical. Entre 1897 y 1898, el compositor escribió varios números de música incidental para la obra teatral de Zeyer, una partitura que incluía voces solistas, recitantes, coro mixto y orquesta. Esta música fue estrenada el 6 de junio de 1898 bajo la batuta de Adolph Cech. En 1912, Suk revisó la partitura de la obra y realizó algunas correcciones. Unos años antes, sin embargo, había retomado su música para la obra de Zeyer con la intención de darle una mayor difusión al margen de las representaciones teatrales de Radúz y Mahulena. Así, Suk compuso entre 1899 y 1900 la pieza orquestal titulada originalmente en checo Pohádka (‘Cuento de hadas’), basada en los materiales de su música incidental. Además de la referencia literaria y teatral directa, hay en esta música (tanto la partitura incidental como la pieza orquestal) un elemento estrictamente personal, mencionado por John Tyrrell en un artículo sobre la obra de Suk:
Radúz ocupa un lugar central en el desarrollo de Suk. El compositor identificaba a Radúz y Mahulena consigo mismo y con su esposa en el período más feliz de su vida. La obra hizo surgir de él su música más radiante, tierna, honesta y abundantemente melódica. Suk remodeló parte de la música en su siguiente obra, las Tres canciones Op. 15 para coro femenino y piano, y la conservó como punto de referencia para futuras obras.

De interés histórico es el hecho de que la esposa con la que Suk estaba felizmente casado y que le inspiraba música luminosa era Otilie Dvořák, hija de su ilustre maestro. Algunos especialistas han comentado que la música escrita por Suk bajo la inspiración de Radúz y Mahulena tiene pinceladas de orquestación que recuerdan a Richard Strauss.

Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908)

Sheherazada, Op. 35

Alf Layla Wa Layla. Si esto que acaba usted de leer no le dice nada, se debe a que no es muy común por estos rumbos tener un conocimiento práctico de los idiomas arábigos. Se trata del título original, o al menos el primer título con el que fue conocida, la colección de historias que hoy conocemos en castellano como Lasmil y una noches. Imposible definir fechas y autor de este clásico de la literatura oriental, cuya influencia en el occidente es superada sólo por la del Corán. La variedad geográfica y cultural que se percibe en estos cuentos habla claramente de una multiplicidad de autores y de diversas épocas de composición: los nombres principales de las historias provienen de Irán, el esquema básico de la narración viene de la India. Además, los historiadores citan a Irak, Egipto, Turquía y Grecia como otros puntos en los que se originaron algunas de las historias de la colección. Bajo el título de Alf Layla Wa Layla se conoció una primera colección que comprendía unos quinientos cuentos; se les calificó primero como las mil historias para denotar su gran número. Después se empleó la expresión turca bin mir(mil y uno) para el mismo efecto; posteriormente fueron escritos los cuentos restantes para alcanzar realmente tal número. Un análisis somero del contenido de los cuentos de Las mil y una noches nos indica claramente la gran variedad que en ellos puede hallarse: cuentos de hadas, romance, humor, historias exóticas, narraciones realistas, leyendas, parábolas, fábulas didácticas, anécdotas, historias de viajes y aventuras. Algunos de los cuentos de la colección han trascendido sus fronteras orientales y se han convertido en parte casi integral del folklore occidental: Aladino, Alí Babá, Simbad, son personajes que hoy en día tienen una vida autónoma en la fantasía infantil del occidente, muy al margen de que probablemente ningún niño, y seguramente muy pocos adultos, hayan leído la colección completa de los cuentos de Las mil y una noches. El marco de referencia narrativa de Las mil y una noches es bien conocido: el sultán Shariar, después de matar a su infiel esposa y a sus amantes, sufre un agudo ataque de misoginia y decide tomar una nueva esposa cada día y matarla esa misma noche. El vengativo sultán lleva a cabo su plan durante muchas noches, hasta que las candidatas parecen acabarse. Ahora bien, su Gran Visir tiene dos hijas casaderas, Sheherazada y Dunyazad. La primera de ellas ingenia un método para detener la venganza: convence a su padre de que la case con el sultán, y a partir de la noche de bodas, cada noche le cuenta una fascinante historia que deja incompleta al amanecer, prometiendo continuarla la noche siguiente. Embelesado por las historias de Sheherazada, el sultán pospone su venganza noche tras noche, hasta que finalmente desiste de sus crueles designios. Quizá sería posible hallar en alguna olvidada biblioteca algún ejemplar de una edición poco ortodoxa de Las mil y una noches; abriéndola en una página cualquiera, es factible encontrar la siguiente historia (no se preocupe usted por las discrepancias cronológicas; lo que importa es el cuento): “Pero al llegar la noche número 739, Sheherazada dijo: ‘Entonces, mi señor, aquel músico de la Rusia Imperial se retiró en el verano de 1888 a una aldea llamada Nyezhgovity, a orillas del lago Cheryemenyetskoe, con la idea de poner música a algunas de las historias que os he contado. En la primera de ellas, la que habla del valiente Simbad y de su nave, la gran orquesta comienza hablando en un gran rugido, que es vuestra personificación. Y he aquí, mi señor, que en seguida una larga y sinuosa melodía en el violín viene a representar mi propia voz, aquella con la que me he atrevido a contaros estas historias. Y más tarde, las aventuras en el mar, opulentamente representadas en sonido. Sabed, mi amo, que el músico de quien os hablo sentía una gran pasión por el mar. La segunda historia con música nos habla de Kalandar, el príncipe derviche, que ha tomado la voz de un fagot nervioso y activo. Nuestro Kalandar es retado después por un grave trombón que es imitado sucesivamente por otros instrumentos. Sigue luego la romántica historia de los jóvenes príncipes; en verdad os digo, señor mío, que el músico ruso ha dado voces al amor de estos dos personajes, con las sinuosas cuerdas, con las escalas de flautas y clarinetes y con la coloración del arpa y el triángulo. Finaliza esta música con una arrebatada descripción de un sueño oriental, como los que he narrado para vos: festivales, tormentas, naufragios, son descritos con brillantez y pasión. Al final de la tormenta, se escucha nuevamente mi voz, que termina perdiéndose en la bruma, y así finaliza el músico ruso su versión orquestal de mis historias. Y en ese mismo año de 1888, mi señor, el compositor quiso...’ Pero en ese momento Sheherazada notó que ya amanecía y dejó su narración para la noche siguiente. Intrigado, el sultán Shariar envainó el puñal que estaba destinado a segar la vida de la gentil Sheherazada y decidió aguardar. Allahu Akbar, Alá es grande.” Para no quedarnos con la misma duda del sultán, habrá que decir que lo que Sheherazada le iba a contar en la noche número 740 de nuestra versión apócrifa de Las mil y una noches, es el hecho de que también en 1888 Rimski-Korsakov compuso su obertura La granpascua rusa, obra que al igual que la suite sinfónica que hoy nos ocupa, nos asombra por su brillante orquestación. La suite sinfónica Sheherazada, Op. 43 fue estrenada el 3 de diciembre de 1888 en el Club de la Nobleza, en San Petersburgo, bajo la batuta del propio Rimski-Korsakov. Como conclusión literaria se puede mencionar el hecho de que se dice que las aventuras de Simbad inspiraron a Daniel Defoe para su Robinson Crusoe y a Jonathan Swift para sus Viajes de Gulliver. Y Edgar Allan Poe, maquinador de textos fantásticos por excelencia, escribió La milésima segunda historia de Sheherazada, que lleva un epígrafe que bien puede aplicarse a la magia orquestal de Rimski-Korsakov: "La verdad es más extraña que la ficción."