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Beltrán Zavala dirige Beethoven

Director huésped

El actual titular de Guanajuato,
dirige el 4to de Beethoven con Santiago Piñeirúa como solista.

Programa: 

Sábado 12, 18:00 HORAS
Domingo 13, 12:30 horas

Roberto Beltrán Zavala, director
Santiago Piñeirúa, piano

CARLOS CHÁVEZ - Sarabanda para cuerdas, de La hija de Cólquide

LUDWIG VAN BEETHOVEN - Concierto para piano y orquesta No. 4 en sol mayor, Op. 58

Allegro moderato
Andante con moto
Rondó: Vivace

INTERMEDIO

LUDWIG VAN BEETHOVEN - Sinfonía No. 4 en si bemol mayor, Op. 60

Adagio-Allegro vivace
Adagio
Allegro vivace
Allegro ma non troppo

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

Carlos Chávez (1899-1978)

Sarabanda para cuerdas, de La hija de Cólquide\

En más de una ocasión a lo largo de su carrera, Carlos Chávez fue atraído, por motivos diversos, hacia el mundo de la antigua Grecia. La primera de estas ocasiones se dio en el año de 1939, cuando se puso en escena en el teatro Orientación de la Ciudad de México la versión que Jean Cocteau realizó de la tragedia Antígonade Sófocles. Para esta puesta en escena Chávez compuso algunas secuencias que se utilizaron como música incidental durante la representación teatral. Estas secuencias, escritas para alientos, arpa y percusiones, son conocidas hoy como Apuntes para la Sinfonía. Chávez dividió estos apuntes en dos partes: Prólogo; Episodio y treno. Al año siguiente, sobre estos apuntes, Chávez compuso la primera de sus sinfonías, la que hoy conocemos como Sinfonía de Antígona, y que fue estrenada en el Teatro Hidalgo de la Ciudad de México, bajo la dirección del mismo Chávez. Poco después, en 1943, Chávez recibió un encargo que de nuevo lo puso en contacto con los temas de la Grecia clásica. La Fundación Coolidge de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos pidió a Chávez la realización de la música para el balletLa hija de Cólquide, que habría de ser estrenado por el Ballet de Martha Graham, personaje fundamental en la historia de la danza moderna y autora del argumento del ballet en cuestión. En su versión original, la música de Chávez para este ballet fue escrita para doble cuarteto de alientos y cuerdas: flauta, oboe, clarinete, fagot, dos violines, viola y violoncello. El balletLa hija de Cólquideconstaba de nueve partes:

Preludio - Allegro - Lento - Allegro - Interludio - Encantamiento - Sarabanda - Pean - Postludio

El ballet no fue estrenado sino hasta 1946 en el Teatro Plymouth de la ciudad de Nueva York, y en el estreno llevó por títuloDark meadow, es decir, Praderaoscura. El mismo Chávez realizó después una reducción para piano de la música del ballet. Pero más importante que esta reducción fue el arreglo para orquesta que Chávez hizo de la música original del ballet, en 1943. Esta suite sinfónica de La hija de Cólquidereducía los nueve números originales a sólo cinco:

Preludio - Encantamiento - Sarabanda - Pean - Postludio

En lugar del doble cuarteto propuesto en la partitura original del ballet, Chávez realizó la suite para una orquesta compuesta por tres flautas, tres oboes, cuatro clarinetes, tres fagotes, cuatro cornos, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbales, percusiones, arpa y cuerdas. Es evidente que Chávez le tenía un gran aprecio a esta música suya, ya que además de la versión original y la suite, realizó también en 1943 otra suite, para doble cuarteto, sobre la música original, y el arreglo para orquesta de cuerdas de la Sarabanda. Por si ello fuera poco, los movimientos Allegro, Lento y Allegro de la partitura original, donde sólo tocaban las cuerdas, fueron convertidos por Chávez en su Cuarteto No. 3. Respecto al argumento del ballet, nos dice Roberto García Morillo, biógrafo de Chávez:

El argumento, de contenido simbólico, combina un tema mitológico griego con aspectos psicológicos generales, bastante complejos. Vemos al Hombre, más equilibrado, en su relación con la Mujer, representada por tres elementos diferentes y que alternativamente se complementan y se oponen entre sí: la Musa, la Mujer en su esencia más puramente humana, y la Furia, que representa el elemento siniestro, las pasiones negativas.

La Sarabanda de la suite de La hija de Cólquide fue escrita por Chávez, dentro del contexto del ballet, como un homenaje al musicólogo Carl B. Engel, director de la importante revista The Musical Quarterly y presidente de la editorial musical Schirmer. De ahí que las tres primeras notas del tema de la Sarabanda, do-si-mi, corresponden en la nomenclatura anglosajona (C-B-E) a las iniciales de Engel. Por cierto, Cólquide es una región del Asia Menor, actualmente situada en el extremo oeste de Georgia, y está limitada por el Mar Negro, las montañas del Cáucaso y Armenia. La suite sinfónica de La hija de Cólquide a la que pertenece la Sarabanda (danza solemne en compás ternario, típica de la suite barroca) fue estrenada en el Teatro de Bellas Artes el 13 de junio de 1947 con Carlos Chávez al frente de la Orquesta Sinfónica de México.

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Concierto para piano y orquesta No. 4 en sol mayor, Op. 58

Allegro moderato
Andante con moto
Rondó: Vivace

De vez en cuando, si las condiciones musicales son propicias, tenemos la oportunidad de asistir a conciertos que perduran en nuestra memoria durante muchos años. Esto es posible aun en tiempos de crisis aguda gracias a que hay quienes todavía se interesan en promover la música de concierto en su más alto nivel. Sin embargo, es muy posible que nunca se vuelva a dar un concierto como el que tuvo lugar en el Theater an der Wien de la ciudad de Viena, el 22 de diciembre de 1808. El atractivo principal del concierto consistió en que se dedicó toda la velada musical a las obras de un compositor de gran fama y reputación: Ludwig van Beethoven. Sin embargo, lo especial del concierto no terminó ahí; esa noche, el público de Viena fue obsequiado con un maratón musical único en la historia. Según nos dicen las fuentes documentales de la época, este programa Beethoven estuvo integrado de la siguiente manera:

  • La Fantasía coral para piano, coro y orquesta

  • El aria de concierto Ah, pérfido

  • Fragmentos de la Misa en do mayor

  • El estreno mundial de la Quinta sinfonía

  • El estreno mundial de la Sexta sinfonía

  • El estreno público del Cuarto concierto para piano

Sin duda, éste fue un concierto espectacular, incluso en el contexto de la costumbre de aquellos tiempos de organizar conciertos gigantescos. Se menciona que esa noche se estrenó en público el Cuarto para piano de Beethoven porque, de hecho, la obra había recibido un pre-estreno en privado, en uno de los conciertos por suscripción que se realizaban en el palacio del príncipe Lobkowitz, en marzo de 1807. A pesar de ser privado, este concierto fue también un asunto monumental. Además del concierto Opus 58, el programa del palacio Lobkowitz incluyó la obertura Coriolanoy las cuatro primeras sinfonías de Beethoven. En ambos conciertos, el privado y el público, el mismo Beethoven fue solista al piano, y el concierto de diciembre de 1808 marcó la última aparición del compositor como pianista virtuoso. A causa de la sordera que iba creciendo, Beethoven ya sólo tocó en algunos recitales de música de cámara, y finalmente tuvo que abandonar el piano por completo. El Cuarto concierto para piano fue escrito por Beethoven en el año de 1806, uno de los más brillantes y productivos de su carrera. Además de esta obra de singular belleza y profundidad, Beethoven compuso en ese año su Cuarta sinfonía, su Concierto para violín, la obertura Leonora No. 3y los tres cuartetos de cuerdas del Opus 59 llamados Razumovsky. Así pues, en diciembre de 1807, nueve meses después del estreno privado del concierto en casa del príncipe Lobkowitz, Beethoven organizó una velada musical en la cual tenía la intención de estrenar públicamente la obra, pero con otro pianista como solista. En primera instancia, Beethoven ofreció el honor a Ferdinand Ries, quien lo rechazó diciendo que no tenía tiempo suficiente para aprender la obra. Luego, Beethoven dio la partitura a Friedrich Stein, quien la estudió diligentemente hasta que, la víspera del concierto, se dio por vencido. Así, el Cuarto concierto de Beethoven se quedó sin estreno público en diciembre de 1807, y hubo de pasar un año más, hasta el maratónico concierto de diciembre de 1808. Algunos musicólogos han hecho notar que el suave y delicado inicio de este concierto, cuatro notas repetidas en varias ocasiones por el piano solista, es como un espejo del poderoso tema de cuatro notas con el que Beethoven inicia su Quinta sinfonía. Sin embargo, lo que en la sinfonía es energía desbordada, en el concierto es pasión contenida. Al final del primer movimiento, ese mismo tema vuelve, en una conclusión brillante y categórica. Después de un breve y contemplativo Andante, Beethoven cierra este concierto con un rondó que parece ser una herencia directa de los movimientos finales de los conciertos de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), lleno de chispa y de nerviosa energía. De la noche del estreno de este concierto nos ha llegado un texto crítico escrito por el compositor Johann Friedrich Reichardt (1752-1814), quien estuvo presente en esa ocasión. Decía Reichardt:

Beethoven tocó el piano magistralmente, con gran inteligencia y en el tempo más rápido posible. En el segundo movimiento, una canción bellamente desarrollada, cantó en su instrumento con una profunda melancolía que me emocionó.

Otro músico que quedó impresionado con el segundo movimiento de este concierto fue Franz Liszt (1811-1886), quien dijo que esta serena música era como una imagen de Orfeo domando a las fieras salvajes. Es probable que tales fieras salvajes no hayan sido sino las que el propio Beethoven traía dentro de su atribulada alma. La orquestación que el compositor pide en su Cuarto concierto para piano incluye una flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas.

Ludwig van Beethoven (1770-1827)\

Sinfonía No. 4 en si bemol mayor, Op. 60 Adagio-Allegro vivace Adagio Allegro vivace Allegro ma non troppo\
Si hemos de creer en aquella teoría que afirma que las sinfonías de Beethoven que llevan los números pares representan el lado gentil, lírico y tranquilo del compositor, ninguna obra mejor para comprobarlo que la Cuarta sinfonía. En efecto, al estar colocada entre dos volcanes musicales como la Heroicay la Quinta sinfonía, esta obra parece ser un punto de equilibrio, un respiro, una tregua en el tormentoso desarrollo del pensamiento sinfónico de Beethoven. Y sin embargo, esta plácida sinfonía fue creada por el compositor en un ambiente personal y social de severos cambios y transformaciones. La referencia cronológica a los años de 1805 y 1806 permite recordar que por esas fechas Napoleón Bonaparte (ex-héroe de la frustrada dedicatoria de la sinfonía Heroica) estaba dedicado en cuerpo y alma a todo tipo de guerras, incursiones, invasiones y anexiones, y toda esta actividad napoleónica estaba cambiando radicalmente el mapa de Europa entera. En particular, Bonaparte había convertido al otrora orgulloso imperio austro-húngaro en una débil sombra de sus pasadas glorias. En medio de todas estas tormentas geopolíticas, que afectaban directamente la calidad de vida en Viena, Beethoven se las arregló para cumplir un período especialmente productivo de su carrera como compositor. Así, resulta queen un lapso de tiempo relativamente corto, entre los años de 1805 y 1806, Beethoven compuso su sonata Appassionatapara piano, el bellísimo Cuarto concierto para piano y orquesta, los tres cuartetos de cuerda conocidos comoRazumovski, el Concierto para violín y orquesta y la Cuarta sinfonía. Por esas mismas fechas, Beethoven inició también la composición de la que habría de ser su única ópera,Fidelio, obra que al poco tiempo de ser terminada se enfrentó con la negligencia, displicencia, hostilidad y sabotaje abierto por parte de diversos personajes de la música y el teatro en Viena. El caso es que muchos analistas han comentado el carácter ligero, casi etéreo, de la Cuarta sinfonía de Beethoven, en abierto contraste con la poderosa tormenta musical desatada por el compositor en su Tercera sinfonía, la famosa Heroica. Para intentar un breve retrato hablado de esta obra, vale la pena escuchar algunas de esas voces:

Robert Schumann: Es como una doncella griega entre dos gigantes nórdicos.\

Héctor Berlioz: Su carácter es generalmente vivaz, ligero, alegre, de una dulzura celestial.\

A.W. Thayer: La plácida y serena Cuarta sinfonía, formalmente la más perfecta de todas.\

Sir George Grove: Hay algo de extraordinariamente entrañable en esta sinfonía; no podía ser un todo más consistente y atractivo. Los movimientos encajan en su lugar como los miembros y rasgos de una hermosa estatua, y aunque están llenos de fuego e invención, todo está subordinado a la gracia, la belleza y la concisión.

Además de estas y otras caracterizaciones que se han hecho de la obra, hay respecto a la Cuarta sinfonía de Beethoven una referencia anecdótica que aparece en numerosas fuentes biográficas y musicológicas. Tal referencia indica que muchos estudiosos han querido hallar una relación entre esta sinfonía (especialmente en su íntimo movimiento lento) y la misteriosa amada inmortal que tan prominente papel jugó en la imaginación de Beethoven en ese tiempo. La historia indica que en 1806 Beethoven hizo una visita a su noble amigo el conde de Brunswick en su casa en Martonvasar, en Hungría. Al parecer, durante esa visita Beethoven hizo amistad con las tres hermanas de su amigo, Teresa, Josefina y Carolina, especialmente con las dos primeras. Y fue por esas fechas que Beethoven declaró su amor por la amada inmortal en sus diarios y cuadernos. A partir de ello, lo demás es pura especulación digna de la fotonovela rosa: que si Beethoven se comprometió secretamente con Teresa Brunswick, que si la que realmente le gustaba era Josefina, etc. etc. Más allá de estos chismes y rumores, parece no haber duda de que la Cuarta sinfonía le fue encargada a Beethoven por un noble melómano, el conde Franz von Oppersdorf, quien mantenía una orquesta privada en su propiedad de Ober-Glogau. Cuenta la leyenda, por cierto, que este conde era tan aficionado a la música y daba tanta importancia a su orquesta, que se rehusaba a contratar para su casa a ningún sirviente que no supiera tocar un instrumento. Beethoven recibió 500 florines por la partitura de la Cuarta sinfonía, equivalentes a unos 3,000 dólares actuales. No existen datos respecto al posible estreno de la Cuarta sinfonía a cargo de la orquesta de Von Oppersdorf, pero se sabe que en marzo de 1807 se tocó la sinfonía en un concierto privado que, según las fuentes de la época, le produjo a Beethoven una considerable suma de dinero. Una vez más los aristócratas contribuían gustosos a sufragar los gastos cotidianos de un compositor que si bien apreciaba a algunos de ellos individualmente, los detestaba profundamente como grupo.