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Ellery dirige Elgar

Director huésped

Ellery dirige un programa

Programa: 

Sábado 21, 18:00 horas
Domingo 22, 12:30 horas

STEVEN ELLERY, director

EDWARD ELGAR - Falstaff, Op. 68\

INTERMEDIO

WILLIAM WALTON - Sinfonía No. 1 en si bemol menor

Allegro assai
Presto con malizia
Andante con malinconia
Maestoso-Brioso ed ardentemente-Vivacissimo-Maestoso

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

Edward Elgar (1857-1934)

Falstaff, Op. 68

Dependiendo de si su orientación es literaria o musical, amable lector, la mención de Falstaff lo remitirá, en el primer caso, a William Shakespeare (1564-1616), y en el segundo, a Giuseppe Verdi (1813-1901). Sir John Falstaff es un personaje ficticio inventado por Shakespeare, que es mencionado en cinco de sus obras y tiene presencia escénica en tres de ellas: Enrique IV, partes 1 y 2, Enrique Vy Lasalegres comadres de Windsor. Los especialistas en las obras del bardo de Stratford-Upon-Avon afirman que si bien Falstaff es un personaje cómico, conserva la profundidad y los matices de personalidad comunes a todos los personajes importantes de Shakespeare. Esa profundidad y esos matices han hecho que el personaje de Falstaff haya sido apropiado y glosado por numerosos creadores en el ámbito del teatro, la música, el cine, etc. La obra más notable asociada al gordinflón personaje es sin duda la ópera Falstaff (1893) de Verdi; otros músicos que han abordado su redondeada figura son Antonio Salieri (1750-1825) en su ópera homónima, estrenada en 1799; Otto Nicolai (1810-1849) en la ópera Las alegres comadres de Windsor, de 1849; y Ralph Vaughan Williams (1872-1958), autor de libreto y música de la ópera Sir John in Love, de 1929. Después de algunos años de vivir en la campiña inglesa, en Hereford, Elgar y su esposa se mudaron a Londres en 1912. Fue en este período de estancia en la capital inglesa que el compositor redactó su estudio sinfónico Falstaff, en cuyo interior algunos especialistas han encontrado una clara orientación autobiográfica. (Se trata, de hecho, de un poema sinfónico, aunque el compositor no haya utilizado esta designación). La musicóloga Diana McVeagh ha hecho esta aguda y muy completa descripción de la obra:

Falstaff, la música más explícitamente programática de Elgar, es un retrato maduro y amable de un hombre de gran espíritu. Es su movimiento instrumental más extenso, magistral en el hecho de que tiene numerosos temas fuertes que pueden ser tratados con ingeniosos recursos fugados o presentados juntos como contra-melodías para ilustrar la acción. La actitud de Elgar hacia Falstaff era protectora; su mirada, parcial, extraída solamente de las piezas* Enrique IVy Enrique Vde Shakespeare y realizada a través de su propio temperamento. Adulador, presumido, encantador y burlador de la ley, este Falstaff es sobre todo un caballero. Tomando en cuenta los voluptuosos sonidos de contemporáneos tales como Rajmaninov, Strauss o Puccini, pareciera que los castos instintos de Elgar fueron fomentados por el mundo victoriano en el que creció. “Casto” es una palabra que muy pocos usarían para Falstaff, y sin embargo describe los interludios de inocencia recuperada, primero en un sueño de juventud, después en un huerto campirano. El rechazo de Falstaff por el nuevo rey y su muerte son tan conmovedores que uno ve en ellos los miedos del propio Elgar –no estaba sordo a los cambios en el gusto en 1913- a ser también rechazado por el nuevo régimen musical.

En 1913, Elgar publicó en The Musical Times un prolijo ensayo analítico sobre su Falstaff, en el que describe a detalle las peripecias de su personaje. Básicamente, el compositor divide la obra en cuatro grandes episodios:

Falstaff y el príncipe Enrique
Eastcheap –Gadshill
La marcha de Falstaff
El ascenso del rey Enrique V – Rechazo y muerte de Falstaff

Elgar compuso Falstaff como respuesta a un encargo que le hiciera el Festival de Leeds en 1912. El estreno de la obra ocurrió en Leeds, en el contexto del festival, el 1 de octubre de 1913, bajo la dirección del compositor. La obra se escuchó por primera vez en Londres el 3 de noviembre de ese año, en el Queen’s Hall, dirigida por Landon Ronald, a quien la partitura está dedicada. Si bien el propio Elgar solía decir que Falstaff era la mejor de sus obras puramente sinfónicas, la apreciación crítica de la obra ha estado dividida desde la fecha de su estreno. Destaca entre lo que se ha dicho sobre Falstaff una afirmación publicada en la revista especializada The Record Guide en la que se afirma que se trata del único poema sinfónico de su tiempo que puede ser comparado favorablemente con las obras maestras del género escritas por Richard Strauss (1864-1949).

William Walton (1902-1983)

Sinfonía No. 1 en si bemol menor

Allegro assai
Presto con malizia
Andante con malinconia
Maestoso-Brioso ed ardentemente-Vivacissimo-Maestoso

Como ocurrió antes (y también después) con varios de sus colegas más ilustres, a William Walton no le fue fácil la creación de su Primera sinfonía. Los apuntes biográficos que trazan en líneas paralelas su vida personal y su trabajo creativo indican que el compositor inglés trabajó en esta obra entre 1932 y 1935. Esta atractiva y potente sinfonía de Walton es un buen ejemplo de música pura, abstracta y absoluta, ya que no hay en ella datos que apunten hacia intenciones descriptivas o programáticas. Sin embargo, resulta interesante saber que en un breve comentario sobre la obra, publicado en el sitio Internet de la Orquesta Filarmónica de Berlín, se encuentra esta interesante observación:\

Tanto en sus momentos tumultuosos como en los tiernos, esta sinfonía refleja quizá algunos eventos en la vida del compositor en la época de su creación, cuando una prolongada relación había terminado y una nueva mujer había entrado en su vida.

En las manos de un compositor más extrovertido y comunicativo que Walton, este asunto del tránsito de una relación romántica a otra pudo haber dado origen a una especie de “sinfonía confesional” a la manera de la Sinfonía fantástica(1830) de Héctor Berlioz (1803-1869). Sin embargo, no hay un solo momento en la Primera sinfonía de Walton en el que el compositor parezca estar aludiendo a sus emociones o a las damas en cuestión. Aunque parezca redundante, en el entendido de que las designaciones de sus movimientos lo expresan con claridad, la audición de la Primera sinfonía de Walton permite descubrir una obra de numerosos y variados estados de ánimo. La música es alternativamente pastoral, tormentosa, bucólica, heroica, dramática, y esta variedad de expresión es matizada a lo largo de la pieza con los colores generalmente oscuros que provee la poco usual tonalidad de si bemol menor. Se ha dicho de esta sinfonía que debe parte de su estilo y lenguaje a Anton Bruckner (1824-1896) y a Paul Hindemith (1895-1963). Al escuchar la obra, el oyente puede descubrir, también, la influencia de los compositores nórdicos del romanticismo tardío y el modernismo temprano, incluyendo por supuesto de manera importante a Jean Sibelius (1865-1957). El primer movimiento es oscuro, serio, poderoso, y en su estructura de corte tradicional es fácilmente perceptible el trabajo del compositor sobre los temas planteados. El segundo movimiento cumple las funciones de un scherzo,y a pesar de la malicia indicada por Walton, se trata no de un juego ligero, sino de un scherzo serio y enérgico. Aquí, hay algunos momentos de orquestación un poco más luminosa que la del Allegro assai inicial. Este es un scherzo muy breve y contundente, que carece del tradicional episodio central lento, y que en sus últimos compases ofrece una atractiva coda, señalada por una inesperada pausa previa al potente final. El tercer movimiento es encabezado por un lánguido y expresivo solo de flauta, que reaparece muy brevemente en las páginas finales del Andante con malinconia. Aquí, la melancolía de Walton se percibe como una melancolía tensa, profunda, preocupada, con una intensa carga emotiva y expresiva. La música más brillante y extrovertida de la Primera sinfonía de Walton se encuentra en las secciones segunda y tercera del movimiento final. (En la segunda hay un muy atractivo episodio fugado, que según dicen los especialistas, le fue sugerido por su colega y amigo Constant Lambert, 1905-1951). Sin embargo, el compositor no pierde nunca de vista el ambiente serio y oscuro planteado desde el inicio de la obra. Antes de la poderosa coda de la obra, Walton propone un breve interludio contemplativo y delicado. Las dramáticas pausas de los últimos compases recuerdan claramente el final de la Quinta sinfonía (1915-1919) de Sibelius. La Sinfonía No. 1 de Walton recibió un estreno parcial cuando Hamilton Harty dirigió los tres primeros movimientos de la obra con la Orquesta Sinfónica de Londres. Después de numerosas dudas y tropiezos creativos, el compositor concluyó la obra en agosto de 1935. El estreno formal de la sinfonía terminada, de nuevo bajo la batuta de Harty, se realizó el 6 de noviembre de ese año, con la Orquesta Sinfónica de la BBC. Cosa insólita, un par de meses después, en enero de 1936, circulaba ya comercialmente la grabación de la obra realizada por Harty. Para los interesados en los datos personales, las mujeres mencionadas en el breve párrafo arriba citado fueron Imma von Doernberg, de quien se separó en 1934, y Alice Wimborne, quien estuvo con el compositor desde ese año y hasta su muerte en 1948. La partitura de la Sinfonía No. 1 fue dedicada por Walton a Imma von Doernberg.