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Marcelletti: Lomán, Haydn y Carrillo

Director huésped

El director brasileño conduce un viaje
en el estilo clásico entre Haydn y Carrillo

Programa: 

Sábado 24, 18:00 horas
Domingo 25, 12:30 horas

LANFRANCO MARCELETTI, director

RODRIGO LOMÁN - Obertura mexicana

FRANZ JOSEPH HAYDN - Sinfonía No. 102 en si bemol mayor, Hob. I: 102

Largo – Allegro vivace
Adagio
Menuetto: Allegro
Finale: presto

INTERMEDIO

JULIÁN CARRILLO - Sinfonía No. 1 en re mayor

Largo-Allegro
Andante sostenuto
Scherzo
Allegro con fuoco

Notas al programa: 

Rodrigo Lomán (1986): Obertura mexicana

Rodrigo Lomán, compositor originario de Xalapa, es también guitarrista, habiendo obtenido su licenciatura en el instrumento por la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana. Como es lógico, hay en su catálogo un número significativo de obras para guitarra, entre las que destacan su Concierto veracruzano para guitarra y orquesta, estrenado en 2015 con el compositor como solista, y el Concierto mexicano para la misma dotación que data de 2016. A lo largo de su trayectoria, Lomán ha sido reconocido con diversos premios y becas, entre los cuales destacan la beca del FONCA para Jóvenes Creadores, dos premios en el Concurso de Guitarra Clásica Alfonso Moreno, así como un primer premio y una mención honorífica en dos ediciones del Concurso Nacional de Composición Arturo Márquez para Orquesta de Cámara. Una revisión de la hoja de vida y el catálogo de Rodrigo Lomán permite descubrir de inmediato que la esencia de su trabajo es el estudio, rescate, transformación y divulgación de la herencia musical tradicional de México. Una clara muestra de ello está en el hecho de que ha realizado estudios específicos sobre el tema bajo la guía de maestros especializados, investigando de manera particular los asuntos relacionados con el violín huasteco. Como resultado se esta especialización instrumental, Rodrigo Lomán compuso en 2015 su Concierto para violín huasteco, en cuyo complemento orquestal incluyó una parte para zapateado sobre tarima. Si bien su punto focal de interés es la música ancestral de México, no olvida otras tradiciones populares, como lo demuestra en su Danzaandina de 2017, que obtuvo el primer premio en el Segundo Concurso Iberoamericano de Composición para Orquesta Infantil y Juvenil convocado por Iberorquestas-Ibermúsicas. Para redondear su perfil profesional, cabe mencionar que Lomán ha ejercido también la docencia, ha formado parte de varios ensambles, y ha compuesto música para teatro y para cine.

He aquí unas palabras del puño y letra del compositor sobre su Obertura mexicana:

Escribí la Obertura Mexicana concibiéndola como un breve recorrido por algunas regiones de México: el sotavento veracruzano, la tierra caliente de Guerrero y Michoacán, el norte del país y el Istmo de Tehuantepec en Oaxaca, tejiendo así un viaje que honra a nuestra identidad resaltando la enorme riqueza cultural que esta nación posee. A lo largo de la obra plasmé reminiscencias de las bandas oaxaqueñas y norteñas, de las músicas de las fiestas patronales, de las danzas mestizas, tratando de evocar las peregrinaciones en los pueblos, las ferias, los fandangos, las comidas típicas, las formas de vestir, de hablar, de vivir. Todo esto se halla estructurado dentro de una forma clásica de sonata, empleando recursos propios de la técnica de la música clásica europea. Utilicé un nutrido contrapunto para aludir a la diversidad de nuestras tradiciones; procuré emplear los timbres de forma muy colorida para emular lo pintoresco de nuestras festividades; en algunos pasajes me basé en melodías características del violín calentano, en otros imité figuras de la tuba tradicional del noroeste y del bajo sexto del noreste, refiriéndome asimismo a sones, canciones y corridos originarios de estas regiones, todos ellos acervo indispensable de mi ser mexicano.

Al escuchar la Obertura mexicana de Rodrigo Lomán, el oyente percibe de inmediato el carácter rapsódico de la obra, es decir, el encadenamiento de diversos episodios en los que el compositor hace claras referencias a diversas sonoridades, gestos, ritmos, armonías y trazos melódicos de clara raíz popular. En particular, se escuchan con claridad en la obra las referencias a las bandas de pueblo, logradas por Lomán a través de una hábil y eficaz orquestación. En este sentido, las trompetas tienen un rol importante en varias secciones de la pieza.

La Obertura mexicana de Rodrigo Lomán, seleccionada en la Convocatoria Jóvenes Compositores de la Orquesta Sinfónica de Xalapa, fue estrenada el 18 de agosto del 2017 por ese conjunto, dirigido por Lanfranco Marcelletti, en la Sala de conciertos del Centro Cultural Tlaqná en Xalapa, en el marco del concierto conmemorativo del 88 aniversario de la OSX. La orquesta y su director han repetido la ejecución de la obra en varias ocasiones.

Franz Joseph Haydn (1732-1809): Sinfonía No. 102 en si bemol mayor, Hob. I: 102

Largo – Allegro vivace
Adagio
Menuetto: Allegro
Finale: presto

Uno de los sobrenombres más famosos, más mencionados y más permanentes en la historia de la música es aquel que se ha asignado a Haydn como “el padre de la sinfonía”. Sí, Haydn es el primer sinfonista importante de la tradición clásica, pero su trabajo en este campo es, ni más ni menos, un eslabón más en la cadena del desarrollo histórico de la sinfonía. Lo que da a Haydn y a sus sinfonías un valor tan especial es que ese eslabón es uno de los más sólidos e importantes de la cadena. Así pues, en vez de repetir aquí el asunto de la paternidad de Haydn respecto a la sinfonía, prefiero que escuchemos algunas voces de musicólogos que se han manifestado al respecto de este tema:

Cecil Gray:

El lugar honroso y prominente que se ha asignado a Haydn en los anales de la historia de la música se debe no tanto a sus logros particulares en cuanto a la evolución de la forma sinfónica, sino a su contribución en el contexto de esa evolución.

Arthur Jacobs:

En Esterháza, Haydn logró una reputación que se extendió por toda Europa, especialmente por sus sinfonías y sus cuartetos; Haydn estableció los modelos clásicos de estas dos formas.

Lionel Salter:

Aunque Haydn no es, en el sentido literal, el padre de la sinfonía, su importancia en la formación y el desarrollo de esta forma no puede ser soslayada.

Percy A. Scholes:

Su estilo de composición estuvo basado inicialmente en el de C.P.E. Bach, es decir, en el nuevo estilo de la sonata y la sinfonía.

Hasta aquí las citas, de las cuales hay muchísimas más. Baste decir, en cambio, que para efectos prácticos casi todos los textos analíticos sobre la sinfonía se inician formalmente con Haydn, aunque en los respectivos prólogos suele mencionarse a compositores como Johann Sebastian Bach (1685-1750) y sus hijos, así como a Giovanni Battista Sammartini (1700-1775), Johann Stamitz (1717-1757), Georg Matthias Monn (1717-1750) y otros que son considerados como precursores del pensamiento sinfónico de Haydn. Con el trabajo de estos precursores muy bien estudiado y aprendido, Haydn inició su larga y fructífera trayectoria sinfónica hacia 1759 ó 1760, cuando compuso la primera de sus 104 sinfonías. Treinta años y más de noventa sinfonías después, Haydn fue invitado a Londres por el empresario Johann Peter Salomon. Durante su estancia en Inglaterra, Haydn fue aplaudido y celebrado por la comunidad musical entera y, entre otras cosas, fue galardonado con un doctorado en música por la Universidad de Oxford. Entre ceremonia y ceremonia, Haydn se dio tiempo para componer seis sinfonías para Salomon, las que llevan los números 93 a 98 de su catálogo. Años después, y de nuevo por invitación del empresario Salomon, Haydn regresó a Londres, permaneciendo ahí desde enero de 1794 hasta agosto de 1795. Durante esta segunda jornada londinense Haydn compuso otras seis sinfonías, las últimas de su catálogo de la 99 a la 104, y la mayor parte de los conocedores en la materia coinciden en que estas doce sinfonías (conocidas colectivamente como las Sinfonías Salomon) representan lo mejor de su producción sinfónica. Estrictamente, cualquiera de estas doce sinfonías podría llevar el subtítulo de Londres, pero sólo la última de ellas, la número 104, es conocida con ese nombre.

La Sinfonía No. 102 de Haydn está concebida para dos flautas, dos oboes, dos fagotes, dos cornos, dos trompetas, timbales y cuerdas. Fue estrenada en Londres el 2 de febrero de 1795 y su segundo movimiento es análogo al Adagio de un trío para piano compuesto por Haydn en 1794, es decir, el mismo año que la sinfonía. Sobre este movimiento, Charles Rosen afirma lo siguiente:

Cualquiera que sea la primitiva versión, sinfonía o trío para piano, el movimiento lento de la Sinfonía No. 102 está más próximo al estilo tradicional de teclado que al estilo orquestal, lo que no quiere decir que suene mejor en su versión pianística.

Julián Carrillo (1875-1965): Sinfonía No. 1 en re mayor

Largo-Allegro
Andante sostenuto
Scherzo
Allegro con fuoco

Considerando que durante el porfiriato la sociedad mexicana acusó una marcada tendencia a la imitación de lo francés, hubiera sido lógico que Porfirio Díaz, en su afán de premiar las dotes musicales del joven Julián Carrillo, lo enviara a Francia. Sin embargo, en el año de 1899, Carrillo fue a dar a Alemania gracias a la generosidad presidencial, y su estancia en ese país habría de marcar definitivamente su desarrollo musical. De hecho, no sería aventurado afirmar que Carrillo fue el primer (y quizá el único) compositor mexicano de importancia en caer bajo la influencia del romanticismo alemán tardío. El caso es que Carrillo llegó a Leipzig becado por el presidente Díaz y al poco tiempo de su estancia en esa ciudad alemana se incorporó como violinista a la famosa Orquesta de la Gewandhaus, considerada como la orquesta sinfónica más antigua del mundo (fue fundada en 1743) y que por entonces era dirigida por Arthur Nikisch. De sus estudios con Salomón Jadassohn surgieron sus primeras composiciones importantes, entre las cuales su Primera sinfonía ocupa un lugar destacado.

Al C. General Porfirio Díaz,

Presidente de la República Mexicana

Homenaje de gratitud

Leipzig, Alemania 1901

Julián Carrillo

Tal es la dedicatoria que Carrillo puso en el manuscrito de su sinfonía, obra de la cual sin duda se sentía especialmente orgulloso, ya que escribió lo siguiente al respecto:

Se cree que esta fue la primera sinfonía de corte clásico escrita por un músico de América, y fue sin duda la primera de un músico mexicano, y tocada en 1902 en Alemania por una sinfónica alemana y dirigida por el autor, un indio de Ahualulco.

De paso, es preciso notar que Ahualulco es el pueblo potosino en el que nació Carrillo, y que actualmente lleva el nombre de Ahualulco del Sonido 13 en homenaje a la música microtonal del compositor.

La Primera sinfonía de Carrillo es notable por la fidelidad con la que se apega al estilo romántico alemán, al grado de que es imposible detectar en ella algún elemento americano o mexicano. No estaba muy lejos de la verdad el musicólogo Jean-Etienne Marie cuando afirmó que esta sinfonía era la Quinta sinfonía de Brahms; cuando Brahms murió en 1897 Carrillo tenía ya 22 años de edad y apenas dos años después el compositor mexicano entró en contacto directo con la enorme y sólida tradición musical alemana, tradición que asimiló con diligencia a juzgar por el contenido de su Primera sinfonía. El primer movimiento se inicia con una introducción lenta en la que los alientos juegan un papel importante. Esta introducción se encadena con un allegro muy al estilo de Brahms, que culmina con solemnes corales en los metales en los que bien pudiera detectarse la sombra de Anton Bruckner (1824-1896). El segundo movimiento, introducido suavemente por los timbales, es de carácter netamente lírico, y no llega a extremos de pasión ni en su clímax central, que recuerda algunas ideas tempranas de Wagner. El scherzo tiende más a la ligereza y la transparencia que al ritmo inexorable y las acumulaciones masivas de ciertos scherzi germánicos. El final de este movimiento es notable por sus evidentes alusiones bucólicas (de nuevo Bruckner) cimentadas en el uso de los cornos y las maderas. El finale es un enérgico movimiento de gran densidad orquestal, en el que vuelven a aparecer los corales en los metales. La coda del movimiento es especialmente interesante porque alude a elementos claramente extraídos del pensamiento sinfónico de Bruckner, para finalizar en el estilo típico de la música de Brahms. Esto es particularmente llamativo porque la historia dice claramente que Bruckner y Brahms fueron, quizá muy a su pesar, antagonistas irreconciliables en cuanto a la esencia del pensamiento sinfónico.

De la Primera sinfonía de Carrillo, Jean-Etienne Marie dijo lo siguiente:

Esta Primera sinfonía tiene una juventud, un vigor y quizá una gravedad que la hacen digna de figurar en los programas de las orquestas sinfónicas tanto como otras sinfonías de esa época. He aquí una de las últimas sinfonías románticas.

Con el paso de los años, Carrillo habría de abandonar esa vena romántica alemana para seguir su propio camino, trazado a partir de sus experimentos con los microintervalos, es decir, con todos esos sonidos que existen entre las notas de la escala occidental tradicional. En 1923 Carrillo compuso su Preludio a Colón, la primera de sus obras microtonales y, a partir de entonces, siguió con dedicación esa línea de creación musical. Es posible que el evidente contraste entre obras como su Primera sinfonía (estrenada en Leipzig en 1902) y sus piezas microtonales haya contribuido a la poca difusión y escasa comprensión de su música. Así como hay quienes descartan a Carrillo como un músico sin importancia, hay quienes lo ensalzan como el máximo profeta de la música mexicana, sin faltar los charlatanes que pretenden ser sus herederos musicales y le adjudican toda clase de visiones esotéricas que él nunca tuvo. Lo ideal en el caso de Carrillo es escuchar y difundir su música (tanto la tradicional como la microtonal) para después colocarlo en el lugar que merece en el contexto de nuestra historia musical, un lugar que sin duda es importante.