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Reiland dirige Mozart

Director huésped

Desde Bélgica, Reiland da inicio
a la Temporada OFCM 2018

Programa: 

RICHARD WAGNER - Idilio de Sigfrido

PIOTR ILYICH CHAIKOVSKI - Suite No. 4 en sol mayor Op. 61, Mozartiana

Giga
Minueto
Plegaria
Tema con variaciones

Intermedio

WOLFGANG AMADEUS MOZART - Sinfonía No. 40 en sol menor, K. 550

Molto allegro
Andante
Menuetto (Allegretto)
Allegro assai

DAVID REILAND, director

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

Richard Wagner (1813-1883)

Idilio de Sigfrido

Georges Bizet (1838-1875) compuso una ópera titulada Carmen, de lo cual se puede deducir que la Habanera de Carmenes una parte de esa ópera. Correcto. Georg Friedrich Händel (1685-1759) escribió una ópera titulada Xerxes, por lo que es lógico suponer que el Largo deXerxeses una parte de esta obra. Muy bien. Pietro Mascagni (1863-1945), a su vez, compuso la ópera Cavallería rusticana, lo que permite imaginar que el Intermezzo de Cavallería rusticanapertenece a la obra mencionada. Sí, claro. Y Richard Wagner compuso una ópera titulada Sigfrido, por lo cual hay que suponer que el Idilio de Sigfridoes una parte de esta ópera. ¿De acuerdo? No, de ninguna manera. Este es un error que de vez en cuando suele cometerse al respecto de esta partitura, una de las obras muy menores de Wagner y que, contra lo que pudiera pensarse, no tiene nada que ver con la ópera Sigfrido, al menos no directamente. Es un hecho, sin embargo, que las historias relacionadas con ambas obras son muy interesantes y muy complicadas, y sí tienen que ver, entre otras cosas, con la poco edificante vida privada del señor Wagner. Hacia 1833, Wagner fue nombrado director de la Ópera de Würzburg, y en 1834, director de un teatro municipal recién inaugurado en Magdeburgo. Por esas fechas, completó la segunda de sus óperas, titulada La prohibición de amar, y procedió a enamorarse de Wilhelmina Planner, estrella de la compañía teatral local y conocida cariñosamente como Minna. En febrero de 1835 ya estaban comprometidos para casarse, y el matrimonio se realizó en Königsberg en 1836. Por aquel tiempo, las dificultades económicas eran muchas para Wagner y su mujer, lo que orilló a Minna (aunque no fue la única razón) a hacerse amante de un rico comerciante. Después de que Wagner la amenazara con el divorcio, Minna volvió arrepentida al seno del hogar. De ahí en adelante, la vida matrimonial de los Wagner fue de mal en peor, y las aventuras extramaritales del compositor en ese tiempo no son sino una prueba más de su carácter egoísta y hasta cierto punto amoral. El compositor tuvo una larga y tormentosa relación con Mathilde Wesendonck, quien era esposa de uno de sus más ardientes admiradores. Sin embargo, la ruptura final del matrimonio de Wagner y Minna ocurrió hasta 1864 cuando el compositor se metió de lleno en su notoria relación con Cósima, quien habría de ser el amor de su vida. Esta Cósima llevaba por apellido original el de Liszt, ya que era hija ilegítima del gran compositor y pianista húngaro Franz Liszt (1811-1886) y la condesa Marie d’Agoult. Para cuando Wagner y Cósima entablaron su relación, ella estaba casada con Hans von Bülow, pianista y director de orquesta amigo de Wagner, y uno de los más incansables promotores de su música. Por supuesto, a Wagner le importó un comino su amistad con Bülow y procedió a instalarse definitivamente con Cósima en 1866, dos años después de la muerte de Minna Planner. Finalmente, en 1870, Richard Wagner y Cósima Liszt se casaron y fueron muy felices, como dicen los cuentos de hadas. El 16 de julio de 1869, meses antes del citado matrimonio, Cósima dio a luz a un hijo de Wagner, al que pusieron por nombre Sigfrido. Poco tiempo después, para celebrar el advenimiento de su heredero, Wagner obsequió a Cósima con un regalo poco común: una breve pieza musical, dulce y romántica, conocida precisamente como el Idiliode Sigfrido. El cumpleaños de Cósima coincidía con la Navidad, de modo que Wagner mató varios pájaros de un tiro. En las horas tempranas del día de Navidad de 1870, Wagner hizo entrar en silencio a su residencia en Triebschen, cerca del Lago Lucerna, a un grupo de músicos entre los que se hallaba su amigo Hans Richter. Los músicos se acomodaron en la amplia escalinata y, desde el piso superior, Wagner los dirigió en el estreno mundial (aunque no público) del Idiliode Sigfrido, mientras Cósima escuchaba desde su recámara con su hijo en brazos. De alguna manera, esta pieza es excepcional en el catálogo de Wagner, porque nada hay en ella que remita a la música lujosa, poderosa y sensual de sus óperas. En particular, nada hay en esta ofrenda de amor a Cósima y Sigfrido que se parezca, ni remotamente, a la pasión intensa y fogosa de las escenas de amor de las óperas de Wagner. Todo lo que de erótico y apasionado tiene la Muerte de amorde Tristán e Isolda, es serenidad y paz en el Idilio de Sigfrido. La materia musical del Idilio de Sigfridofue trabajada por Wagner a partir de algunos temas de la ópera Sigfrido, cuya composición había iniciado en 1857, y que fue estrenada en Bayreuth en 1876 bajo la batuta de Hans Richter. Además, Wagner incluyó en el Idilio deSigfridouna cita de una canción de cuna alemana muy tradicional, que probablemente fuera usada por Cósima para poner a dormir al pequeño Sigfrido. En contraste con la densa orquestación que Wagner propuso para sus óperas, la ocasión y las circunstancias lo indujeron a escribir la pieza para una combinación de maderas a uno, corno, trompeta y cuerdas. (La mañana del estreno, la trompeta estuvo a cargo de Richter). Queda para la especulación imaginar que, siendo Wagner la clase de hombre que fue, quizá no era capaz de expresar el amor en la vida real con la misma intensidad y convicción con que lo expresó en el fantástico mundo de sus héroes y heroínas, valkirias y nibelungos, un mundo que al paso de los años sería heredado por su hijo Sigfrido.

Piotr Ilyich Chaikovski (1840-1893)

Suite No. 4 en sol mayor Op. 61, Mozartiana

Giga
Minueto
Plegaria
Tema con variaciones

Es posible encontrar numerosas obras muy atractivas en el catálogo de música orquesta del Piotr Ilyich Chaikovski. De hecho, es probable que la mayoría de sus composiciones más famosas y populares provenga de la sección sinfónica de su producción. Sin ir más lejos, cabe mencionar sus tres últimas sinfonías, las selecciones orquestales de sus ballets La bella durmiente, El lago de los cisnesy El cascanueces, sus dramáticas obras sinfónicas Francesca da Rimini, Romeo y Julietay Hamlet, así como la Obertura 1812, la Marcha eslavay el Capricho italiano. Si bien éstas son las más conocidas y difundidas de las piezas orquestales de Chaikovski, no deja de ser sorprendente que esta área de su catálogo contenga cerca de 40 composiciones, la mayoría de las cuales aparecen muy esporádicamente en los programas de conciertos. Entre esas otras obras sinfónicas del compositor ruso destacan cuatro suites, cuya cronología es la siguiente:

  • Suite No. 1 en re mayor, Op. 43 (1878-1879)
  • Suite No. 2 en do mayor, Op. 53 (1883)
  • Suite No. 3 en sol mayor, Op. 55 (1884)
  • Suite No. 4 en sol mayor, Op. 61, Mozartiana (1887)

En diversas fuentes bibliográficas consta el dato de que, con excepción de la Suite Op. 61, estas obras fueron concebidas originalmente por el compositor como sinfonías, y finalmente quedaron como suites orquestales. El musicólogo David Brown proporciona esta sucinta descripción de los principales hechos de la vida da Chaikovski en el año de 1887:

En enero de 1887, Chaikovski dirigió Las zapatillas(revisión de su ópera Vakula el herrero*, realizada dos años antes) y en marzo dirigió un concierto dedicado por entero a sus obras. Después de estas difíciles victorias sobre sus nervios se sintió capaz de emprender varias giras al extranjero, dirigiendo principalmente sus propias composiciones. Con la orquestación de su ópera* La hechiceraya terminada, el compositor pasó el mes de junio en compañía de sus hermanos Modest y Anatoly en la localidad de Borzhom en el Cáucaso, en donde orquestó las cuatro piezas de Mozart que forman su Cuarta suite, Mozartiana*. En julio, un aviso urgente lo llevó a Aachen a visitar al moribundo Kondratyev. Durante esta visita, en agosto, compuso el* Pezzo capricciosopara violoncello y orquesta. De regreso en Rusia en el mes de septiembre, dirigió el estreno de La hechiceraen noviembre y antes de finalizar el año había escrito las Seis canciones Op. 63 sobre textos del Gran Duque Konstantin.

El hecho de que Chaikovski haya abordado la música de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) como fuente para su cuarta suite orquestal no requiere, evidentemente, justificación alguna. De modo particular, el compositor ruso sentía profundo respeto y admiración por la obra de su ilustre predecesor, a la que se refería con estas palabras, consignadas en su diario el 20 de septiembre de 1887:

De acuerdo a mi más profunda convicción, Mozart es lo más alto, el punto culminante que la belleza ha alcanzado en la esfera de la música. Nadie me ha hecho llorar, nadie me ha hecho temblar en éxtasis por la conciencia de mi cercanía a eso que llamamos el ideal, como él lo ha hecho.

Por otra parte, Chaikovski estaba convencido de que un gran número de las piezas menores de Mozart permanecían injustamente en el olvido, y pensó que el realizar una suite orquestal sobre algunas de ellas podría ayudar a su mejor conocimiento y difusión. De hecho, Chaikovski había concebido la idea de realizar su Suite Mozartianadesde 1884, pero no fue sino hasta tres años después que abordó formalmente el proyecto. En el caso de esta suite, ha quedado muy bien documentada la identidad de las obras de Mozart que el compositor ruso utilizó como materia prima para los cuatro movimientos de esta composición:

Giga: La Pequeña giga en sol mayor, K. 547, para piano, escrita en Leipzig en mayo de 1789. Minueto: El Minueto en re mayor K. 355 para piano, creado en Viena entre 1789 y 1791. Plegaria: El hermoso motete Ave verum corpusK. 618 para coro, cuerdas y órgano, compuesto en Baden en junio de 1791. Para esta parte de la suite, Chaikovski tomó en cuenta la transcripción pianística del Ave verum corpusrealizada por Franz Liszt (1811-1886) y titulada A la Capilla Sixtinapor el compositor húngaro. Tema con variaciones: Diez variaciones en sol mayor, K. 455, para piano, sobre el tema Unser dummer Pöbel meint, de la ópera El peregrinaje a la Mecaó El encuentro imprevistode Christoph Willibald Gluck (1714-1787).

La Suite Mozartianade Chaikovski fue estrenada exitosamente en Moscú el 26 de noviembre de 1887, cien años y un mes después del estreno en Praga de la ópera Don Giovannide Mozart, en el contexto del primer concierto dedicado por entero a sus obras en la capital rusa, bajo la dirección del compositor. En cuanto al estilo de la suite, el crítico James Lyons afirmó que “los ingredientes se aproximan a un martini clásico un tanto conservador: tres cuartas partes de Chaikovski y una cuarta parte de Mozart.” La pulcritud y la elegancia de la suite han inspirado a diversos coreógrafos a convertir la Suite Mozartiana en danza; la versión dancística más notable es, sin duda, la de George Balanchine, realizada para el American Ballet Theatre.

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sinfonía No. 40 en sol menor, K. 550

Molto allegro
Andante
Menuetto (Allegretto)
Allegro assai

Ya entrado el último cuarto del siglo XX, la música de Wolfgang Amadeus Mozart recibió un importante impulso, surgido de una fuente improbable y, hasta la fecha, muy discutida. Un malogrado músico de origen argentino, llamado Waldo de los Ríos, tuvo la idea de grabar algunos fragmentos de obras de Mozart, tomándose algunas libertades con la orquestación original y, sobre todo, añadiendo en dosis moderadas los sonidos de la guitarra y el bajo eléctricos y la batería. Por razones que hoy son más o menos comprensibles, esas grabaciones de trozos mozartianos corregidos, editados y modernizadostuvieron un éxito notable entre una gama amplia de melómanos, sobre todo en el continente americano. De inmediato, los puristas alarmados se quejaron enfáticamente, y con razón, por la deformación que Waldo de los Ríos había perpetrado con la música de Mozart. Sin embargo, con el paso del tiempo, ocurrió un fenómeno interesante: mucha gente (sobre todo gente joven) que nunca antes se había acercado a Mozart, comenzó a buscar su música, a asistir a conciertos, a buscar las versiones originales de aquello que habían conocido a través de Waldo de los Ríos. Así, de modo indirecto, esos extraños arreglos sobre las obras de Mozart cumplieron con el propósito de ampliar la difusión de la música de este magnífico compositor. Y como todos bien recordamos, la obra que alcanzó mayor popularidad gracias a Waldo de los Ríos fue la Sinfonía No. 40 de Mozart. Para entrar en materia respecto a esta soberbia obra, es posible, por ejemplo, recordar un dato curioso que tiene que ver con la elección de tonalidades en las sinfonías de Mozart. De las 41 sinfonías del catálogo del compositor de Salzburgo, solamente dos fueron escritas en una tonalidad menor: la Sinfonía No. 25 y la Sinfonía No. 40. Y por casualidad, ambas están escritas en la tonalidad de sol menor. Durante los últimos cuatro años de su vida, Mozart estuvo ocupado principalmente con la creación de óperas; de este período final datan Don Giovanni,Cosí fan tutte, La flauta mágicay La clemencia deTito. Debido a esta orientación de su actividad productiva, Mozart había dejado a un lado la composición de sinfonías. El 6 de diciembre de 1786 el compositor había firmado el manuscrito de su Sinfonía No. 38, Praga, y durante casi dos años no había vuelto a escribir sinfonías. De pronto, en el verano de 1788, en un corto período de siete semanas, Mozart creó sus tres últimas sinfonías, todas ellas obras maestras del género, para cerrar de manera brillante un catálogo sinfónico incomparable. Y todos los indicios históricos apuntan hacia el hecho de que, sin encargos ni compromisos de por medio, Mozart escribió estas tres sinfonías por el puro placer de hacerlo. La historia nos dice también que los contemporáneos de Mozart no valoraron estas sinfonías en su correcta medida, aunque por fortuna, tiempo después se alzaron voces lúcidas y generosas para hacerles justicia. En particular, es posible citar a algunos personajes que se refirieron a la Sinfonía No. 40 en estos términos:

Sir Donald Tovey: La Sinfonía en sol menor define con toda precisión el rango de pasiones contenido en el arte de Mozart.

Richard Wagner: Esta es una obra de belleza indestructible. El Andante es exuberante, lleno de pasión y audacia. La belleza de sus últimos compases me sugiere el ideal de la muerte a través del amor.

Arturo Toscanini: El Minueto de esta sinfonía es una de las piezas más trágicas y oscuras jamás escritas.

J.F. Fétis: Aunque Mozart no utilizó fuerzas orquestales formidables en su Sinfonía en sol menor, ninguno de los enormes efectos que uno encuentra en una sinfonía de Beethoven, la invención que ilumina esta obra, los acentos de energía y pasión que la habitan y el color melancólico que la domina la convierten en una de las más bellas manifestaciones del espíritu humano.

Respecto a lo escrito por Fétis sobre la orquestación de la obra, cabe aclarar que, en efecto, Mozart utilizó fuerzas musicales modestas: una flauta, el resto de maderas a dos, un par de cornos y cuerdas, lo que no le impidió lograr colores sumamente atractivos a lo largo de la obra, colores por lo general oscuros y llenos de pasión. Esta hermosa sinfonía existe en dos versiones, una con clarinetes, la otra sin ellos. Vale la pena, finalmente, citar las sencillas pero precisas palabras de Robert Schumann respecto a esta formidable obra, porque resumen de manera muy clara no sólo las cualidades de la Sinfonía No. 40 de Mozart, sino en general las de toda su música. Decía Schumann:

En la Sinfonía en sol menor de Mozart encuentro la mejor manifestación de la elegancia griega.

Es decir, una obra maestra clásica, en el mejor sentido del término.