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Weiss toca Chaikovski

Director Titular

Poulanc en pre-concierto y el
gran primer concierto para piano de Chaikovski.

Piano
Programa: 

Pre-concierto

Domingo, 24 de septiembre, 11:30am
Centro Cultural Ollin Yoliztli, Sala Silvestre Revueltas

ORION WEISS, piano
SAUL WASKOW, flauta
MARCIA YOUNT, oboe
JACOB DEVRIES, clarinete
ROCÍO YLLESCAS JACOBO, fagot
MARIO JOEL DURÁN, corno

FRANCIS POULENC - Sexteto, FP 100

Concierto

Domingo, 24 de septiembre, 12:30pm
Centro Cultural Ollin Yoliztli, Sala Silvestre Revueltas

SCOTT YOO, director
ORION WEISS, piano

PIOTR ILYICH CHAIKOVSKI - Concierto para piano no. 1 en si bemol menor, Op. 23
JOHANNES BRAHMS - Sinfonía no. 1 en do menor, Op. 68

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

PIOTR ILYICH CHAIKOVSKI

Concierto No. 1 para piano y orquesta en si bemol menor, Op. 23

Allegro non troppo e molto maestoso. Allegro con spirito
Andantino semplice. Prestissimo. Tempo I
Allegro con fuoco

Hace algunos años, Nicolás Slonimsky editó un interesante libro al que puso por títuloLéxico de la invectivamusical. En él, Slonimsky recopila una larga serie de críticas hechas a los compositores y a sus obras a través de los tiempos, críticas siempre violentas y llenas de veneno. Resulta que la recopilación abarca desde la época de Beethoven hasta el siglo XX, lo cual no deja de ser interesante, ya que parecería indicar que la crítica musical es un deporte instituido a partir del período romántico. Lo cierto es que en esta recopilación hay innumerables muestras de asaltos críticos en contra de obras que con el paso del tiempo se han convertido en piezas fundamentales del repertorio, lo cual indica que con mucha frecuencia los críticos musicales andamos muy despistados. En fin, el hecho es que en la recopilación de Slonimsky hay varias reseñas críticas dedicadas al primero de los conciertos para piano de Chaikovski, obra cuya popularidad actual está más allá de toda duda. Algunas de esas críticas demuestran lo difícil que fue para Chaikovski lograr una buena primera impresión con esta obra suya. Una de esas críticas fue escrita con motivo del estreno mundial de la obra, realizado en Boston, en octubre de 1875, y apareció en una publicación bostoniana especializada en música:

Este extraño, salvaje, ultra-moderno y extremadamente difícil concierto ruso es una composición de Peter Chaikovski, un joven profesor del Conservatorio de Moscú. Tuvimos el violento y fogoso ímpetu cosaco sin interrupción, todo muy brillante y emocionante. Pero, ¿llegaremos algún día a amar tal música?

Como en tantos otros casos, el tiempo ha dado la respuesta correcta a la pregunta retórica: el público y muchos pianistas aman de verdad este primer concierto de Chaikovski, a pesar de los críticos. La historia de la creación del concierto es bien conocida y está muy bien documentada. En enero de 1875 Chaikovski tocó la recién terminada obra para su amigo y colega Nicolás Rubinstein. Al principio, Rubinstein guardó silencio ante la partitura de Chaikovski, pero al final de la audición volcó sobre el compositor una verdadera avalancha de improperios y comentarios sarcásticos, diciéndole básicamente que el concierto era imposible de tocar, vulgar, poco original, torpe y mil cosas más por el estilo. Poco después, Chaikovski describió esta experiencia en una carta a su amiga y protectora, Nadezhda von Meck, carta en la que es evidente que la crítica de Rubinstein lo había ofendido profundamente. El resultado fue que Chaikovski borró la dedicatoria original del concierto a nombre de Rubinstein y lo dedicó en cambio al famoso pianista y director de orquesta Hans von Bülow, a quien el compositor no conocía personalmente, pero apreciaba porque se dedicaba a tocar su música por toda Europa. En total contraste con la actitud de Rubinstein, Von Bülow se emocionó al recibir la partitura, y escribió a Chaikovski una carta colmándolo de felicitaciones por la obra. El 25 de octubre de 1875 Von Bülow estrenó el Primer concierto para piano de Chaikovski en la ciudad de Boston, y el público y la mayor parte de la crítica lo recibieron con tumultuosas muestras de aprobación. Ello no impidió, sin embargo, que en su propia patria Chaikovski fuera blanco de algunas críticas tan violentas como la que le había dedicado Rubinstein. El 13 de noviembre de ese mismo año de 1875, Nikolai Soloviev escribió una nota en un diario de San Petersburgo, diciendo que el Primer concierto de Chaikovski, como el primer hot-cake que uno cocina, era un fracaso. Sin embargo, el éxito del estreno en Boston fue suficiente para elevar el ánimo de Chaikovski. Desde América, Von Bülow le envió un cable para informarle del éxito de la obra, y Chaikovski gastó el poco dinero que tenía en contestarle el cable. Desde ese primer momento, la obra se convirtió por derecho propio en uno de los dos o tres conciertos más populares de todo el repertorio. No cabe duda que buena parte de esa gran popularidad se debe fundamentalmente a la introducción del primer movimiento, poderosa, enérgica e inolvidable como pocas, y que, curiosamente, está hecha de material musical que no vuelve a aparecer en el transcurso de la obra. Años después, Nicolás Rubinstein se retractó de su virulento ataque en contra del concierto y se dedicó a tocarlo en diversas salas. Por su parte, Chaikovski realizó algunos cambios a la partitura original para darle su forma final y, al parecer, todo mundo quedó contento. Tan contentos quedaron algunos, que no vacilaron, ya entrado el siglo XX, en convertir el hermoso primer tema del concierto en una canción popular con versos en inglés que dicen, más o menos: “Esta noche nos amaremos mientras la luna brilla en luz de ensueño.” El original en inglés dice así: Tonight welove, while the moon beams down in dreamlight, tonight.y en efecto, este verso se puede cantar muy bien con la melodía inicial del Primer concierto para piano de Chaikovski, lo cual sólo demuestra cuán bajo suelen caer los mercaderes musicales cuando se trata de hacer un poco (o un mucho) de dinero extra asesinando impunemente la música ajena. Otra versión de la canción empieza así: Tonight we love while the moon is shining bright in the sky. (Si usted, lector, es admirador de este concierto, intente cantar cualquiera de los textos arriba citados con su primer tema. No se avergüence; lo puede hacer en la privacidad de su regadera. El resultado es interesante, aunque un tanto cursi).

JOHANNES BRAHMS (1833-1897)

Sinfonía No. 1 en do menor, Op. 68

Un poco sostenuto-Allegro
Andante sostenuto
Un poco allegretto e grazioso
Adagio-Piu andante-Allegro non troppo ma con brio

La prensa escrita es, sin duda, una de las mejores fuentes documentales para apreciar cabalmente los vaivenes del gusto musical a través del tiempo. Hagamos, pues, una rápida revisión a algunos periódicos viejos que contienen críticas musicales. En el Evening Transcriptde Boston del 4 de enero de 1878 se encuentra esto:

Parece que en la Primera sinfonía de Brahms hay una gran cantidad de cosas superfluas y de constantes reiteraciones.

Al consultar el Daily Advertiserde la misma ciudad y de la misma fecha, aparece este texto:

Johannes Brahms es un moderno entre los modernos, y su sinfonía en do menor es una admirable expresión de estos tiempos angustiosos e introvertidos.

Dos días después de publicadas las notas citadas, el Courier, también de Boston, publicó una crítica en la que se decía:

En su mayor parte, la sinfonía en do menor de Brahms suena mórbida, tensa y antinatural. Casi toda ella es muy fea.

Todos estos y muchos otros ataques que recibió Johannes Brahms por su Primera sinfonía pueden atribuirse por una parte a la tradicional intolerancia de los críticos musicales y, por la otra, al hecho de que la creación de esta obra fue un proceso lento, doloroso, contradictorio y lleno de dudas por parte del compositor. Es bien conocida la reticencia que Brahms mostró para abordar la composición de su Primera sinfonía. Quienes afirman que esto se debía en parte a la pesada sombra de Ludwig van Beethoven (1770-1827), tienen algo de razón. En alguna ocasión, Brahms escribió una carta al director de orquesta Hermann Levi, en la que le decía:

No sabe usted lo que es vivir bajo la sombra de ese gigante.

Brahms decía esto no por presunción, sino porque estaba consciente de la grandeza de Beethoven, y estaba consciente también de que el público alemán y la crítica esperaban que él fuera el continuador de la gran obra sinfónica del compositor de Bonn. Brahms inició la composición de su Primera sinfonía, con grandes dudas y recelos, allá por el año de 1855, y habrían de pasar más de 20 años para que la terminara. Tan sólo en el primer movimiento tardó siete años, y después de abandonar la obra durante mucho tiempo, volvió a ocuparse de ella hasta 1874. Esta enorme pausa se debió, entre otras cosas, a que Brahms quiso reafirmar sus conocimientos orquestales y sinfónicos, cosa que logró por varios caminos. Su trabajo con la orquesta de la corte de Detmold entre 1857 y 1859 le dio la seguridad suficiente para dar a conocer al público sus dos serenatas para orquesta. Sin embargo, cuando creyó que su cita con la sinfonía se acercaba, el fracaso de su Primer concierto para piano (Leipzig, 1859) le hizo dar marcha atrás. En 1872, dos años después de haberlo rechazado originalmente, Brahms aceptó el puesto de director del coro y la orquesta de la Sociedad de Amigos de la Música de Viena, y su contacto cercano con una orquesta sinfónica lo puso de nuevo en el camino de terminar su primera y muy esperada sinfonía. Como sólidos ensayos preliminares a esta obra suya, Brahms compuso el Réquiem alemány la Rapsodia para contraltoen 1869, y las Variaciones sobre untema de Haydnen 1873. Dos años más tarde en 1875, renunció a la dirección de la orquesta y el coro y se dedicó de lleno a terminar su Primera sinfonía. Hay quienes dicen que el solemne y oscuro primer movimiento le fue inspirado a Brahms por la muerte de su querido amigo, el compositor Robert Schumann (1810-1856). El caso es que en 1862, Clara, la viuda de Schumann y también cercana amiga de Brahms, daba noticia al violinista Joseph Joachim de haber recibido el manuscrito del primer movimiento de la Primera sinfonía de Brahms, y se expresaba en buenos términos de su originalidad y atrevimiento. Brahms terminó la sinfonía en Rügen en septiembre de 1876 y el estreno tuvo lugar el 4 de noviembre de ese mismo año en la ciudad de Karlsruhe. De inmediato, la sombra del gigante volvió a caer sobre Brahms: el pianista y director de orquesta Hans von Bülow afirmó categóricamente que la Primera sinfonía de Brahms era como la Décima de Beethoven, cosa que a Brahms no le hizo ninguna gracia. De hecho, algunos críticos llegaron a decir que el Allegrodel cuarto movimiento era muy similar en su diseño formal al finale de la Novena sinfonía de Beethoven, cosa que es muy discutible. Lo que Brahms logró muy exitosamente en su Primera sinfonía fue aportar un lenguaje sinfónico claro, sobrio, compacto, lejano de las ideas orquestales de Franz Liszt (1811-1886), Héctor Berlioz (1803-1869) y Richard Wagner (1813-1883), y más cercano a la concentración e intensidad de su propia música de cámara. Hoy en día persisten ciertas discrepancias sobre la fecha en la que Brahms terminó en realidad la Primera sinfonía. Hay quienes dicen que el manuscrito estaba prácticamente terminado en 1862, mientras que otros coinciden en la versión de que el compositor dio los últimos toques a la partitura hasta 1876. El caso es que después del estreno en Karlsruhe, que fue dirigido por Otto Dessoff, el mismo Brahms dirigió su Primera sinfonía en Mannheim, Viena, Leipzig y Breslau. La obra fue recibida con respeto y admiración, pero no tuvo éxito real hasta que se aplacó la pugna entre los partidarios de Wagner y los de Brahms. Es evidente que después del difícil parto de su Primera sinfonía Brahms le perdió el miedo a la forma sinfónica, porque sus otras tres sinfonías fueron estrenadas con intervalos de tiempo relativamente cortos: 1877, 1883 y 1885. Por fortuna para Brahms, la gigantesca sombra de Beethoven ya no pesaba sobre sus espaldas.