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Un Requiem Alemán

Director Titular

Una visitación a la obra monumental
de Brahms, y a la sensibilidad germana del romanticismo.

Programa: 

Sábado 25 y domingo 26 de marzo

Centro Cultural Roberto Cantoral

JOHANNES BRAHMS - Un Réquiem alemán, Op. 45

1. Benditos los que guardan luto
2. Mirad que toda la carne es como la hierba
Los redimidos del señor volverán
3. Señor, hazme saber
Las almas de los justos reposan en la mano de Dios
4. Cuán adorable es tu casa
5. Y ahora estáis llenos de pena
6. Aquí en la tierra no tenemos lugar de permanencia
Mirad, que os revelo un misterio
Señor, eres digno de alabanza
7. Benditos los difuntos que de ahora en adelante mueren en el Señor

Scott Yoo, director

Gabriela Herrera, soprano
Cartens Wittmoser, barítono*

Coro de Madrigalistas

  • Agradecemos la venia del Metropolitan Opera House de Nueva York para la participación de Carsten Wittmoser en este concierto.
Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

JOHANNES BRAHMS (1833-1897)

Un Réquiem alemán, Op. 45

1. Benditos los que guardan luto
2. Mirad que toda la carne es como la hierba
Los redimidos del señor volverán
3. Señor, hazme saber
Las almas de los justos reposan en la mano de Dios
4. Cuán adorable es tu casa
5. Y ahora estáis llenos de pena
6. Aquí en la tierra no tenemos lugar de permanencia
Mirad, que os revelo un misterio
Señor, eres digno de alabanza
7. Benditos los difuntos que de ahora en adelante mueren en el Señor

A primera vista resulta fácil decir que Brahms cometió un pleonasmo al llamar Un Réquiem alemán a su conmovedora partitura sinfónico-coral dedicada a la meditación sobre la muerte. Después de todo, parecería evidente que cualquier obra (incluyendo una misa de muertos) surgida de la pluma de Brahms tendría que ser, por fuerza, representativa cabal del espíritu musical alemán. Sin embargo, las características mismas de la obra permiten apreciar con claridad que el compositor no se equivocó al enfatizar en el título el espíritu alemán de su Réquiem. De estas características, tres son especialmente importantes:

  1. La decisión de utilizar textos en alemán en lugar del latín tradicional en estos casos. El compositor seleccionó los textos a partir de la traducción alemana de la Biblia hecha por Martín Lutero.

  2. El hecho de alejarse por completo de la secuencia litúrgica tradicional que suele utilizarse para las misas de difuntos.

  3. La orientación filosófica de la obra, enfatizando la esperanza en la resurrección en vez del miedo por el día del juicio final. Esta visión puede entenderse mejor dividiendo al Réquiem alemán en dos secciones: la primera, que comprende las tres primeras partes, se refiere al sufrimiento terrenal; la segunda, formada por las cuatro últimas partes, transforma ese sufrimiento en el camino cierto hacia la gloria celestial.

Para enfatizar la intención de esta noble obra, Brahms declaró alguna vez que había pensado cambiarle el título y ponerle simplemente Un Réquiem humano.

Antes de abordar la creación de esta obra capital de su catálogo, el compositor ya había logrado algunas obras sólidas en el campo de la combinación de fuerzas instrumentales y vocales, en su Ave María Op. 12, el Canto funeral Opus 13, y el Salmo XIII Op. 27. Sin embargo, con el Réquiem alemán Brahms intenta por primera vez, y con éxito completo, la combinación de voces solistas, coro mixto y orquesta sinfónica. En cuanto a la distribución de su dotación musical a lo largo de la obra, el compositor propone un tratamiento puramente coral en los movimientos primero, segundo, cuarto y séptimo; el tercero y el sexto son para el barítono solista; y el quinto es protagonizado por la soprano. En cuanto a los puntos de referencia a los que el compositor se remite en esta profunda obra, el artículo respectivo en el Diccionario Grove de la Música indica que este Réquiem alemán no es del todo comprensible únicamente a la luz de la tradición coral del siglo XIX, ya que Brahms parece tener muy presente la polifonía vocal de los tres siglos precedentes. En este sentido, el artículo mencionado destaca el hecho de que partes del texto elegido son las mismas que había elegido tiempo atrás Heinrich Schütz (1585-1672) para sus Canciones sacras de 1625 y su Música coral sacra de 1648. Más aún: Brahms parece asumir como otro punto importante de referencia la escritura vocal de Georg Friedrich Händel (1685-1759).

Brahms trabajó en la creación de la obra desde 1857 y hasta 1868. Si bien hay musicólogos que afirman que el compositor escribió la obra en memoria de su madre, fallecida en 1865, el año de inicio citado arriba da cierta credibilidad a una teoría alterna, que indica que el Réquiem alemán fue concebido por Brahms como su último, más importante homenaje a su colega y cercano amigo Robert Schumann (1810-1856). Hay indicios, sin embargo, de que el verdadero germen de la obra data de 1854, cuando Brahms se esforzaba por componer su Primera sinfonía. Después de varios intentos fallidos, abandonó la sinfonía y convirtió parte del material en un concierto para piano. Algunos fragmentos del movimiento lento de esta sinfonía fallida aparecieron más tarde en la introducción de la segunda sección del Réquiem alemán. Brahms compuso una parte significativa de la obra en Zürich, en un bucólico retiro desde el que tenía una buena vista del lago y de los Alpes. En 1866, el Réquiem alemán estuvo parcialmente concluido, en seis movimientos, y más tarde (1868) el compositor añadió el movimiento que ahora ocupa el quinto lugar. Los tres primeros movimientos de la obra se estrenaron en Viena el primero de diciembre de 1867 bajo la dirección de Johann Herbeck, y este pre-estreno resultó un fracaso. Brahms se dedicó entonces a revisar la partitura y presentó el estreno de los seis primeros movimientos el Viernes Santo (abril 10) de 1868 en la ciudad de Bremen. (Algunas fuentes mencionan que la dirección fue del propio compositor, mientras que otras consignan el nombre de Karl Reinthaler como director). En esta ocasión, el Réquiem alemán fue un éxito, y se convirtió en el motor del reconocimiento internacional del compositor; de hecho, puede decirse que la verdadera madurez de Brahms comienza en esta singular fecha. Un mes más tarde, luego de visitar la tumba de su madre, el compositor escribió el solo de soprano Y ahora estáis llenos de pena. Así, la versión final de la obra recibió su estreno el 18 de febrero de 1869 en Leipzig, en otra velada muy exitosa para Brahms. El compositor, consciente del alcance de sus poderes creativos, dijo esto al ver concluido Un Réquiem alemán:

Ahora estoy consolado. He superado obstáculos que nunca creí poder vencer, y me siento como un águila, ascendiendo cada vez más y más.

El estreno del Réquiem alemán fue realizado por la Orquesta y el Coro de la Gewandhaus de Leipzig bajo la dirección del compositor y director Carl Reinecke (1824-1910). Los solistas fueron la soprano Emilie Bellingrath-Wagner y el barítono Franz Krückl.

En 1871, el propio Brahms realizó una reducción de la obra para solistas, coro y piano a cuatro manos, específicamente para una presentación en Londres.