Se encuentra usted aquí

Barroco en la Cantoral y Chapultepec

Director Titular

El Mtro. YOO dirige desde el violín
Haendel, Bach y Vivaldi.

Programa: 

Sábado 11 de marzo
Centro Cultural Roberto Cantoral

Domingo 12 de marzo
Castillo de Chapultepec

GEORG FRIEDRICH HÄNDEL - Concerto grosso en la mayor, Op. 6 No. 11

Andante larghetto e staccato
Allegro
Largo e staccato
Andante
Allegro

JOHANN SEBASTIAN BACH - Suite orquestal No. 1 en do mayor, BWV 1066

Obertura
Courante
Gavota
Forlana
Minueto
Bourrée
Passepied

INTERMEDIO

ANTONIO VIVALDI - Concierto para violín, cuerdas y continuo en mi mayor, Op. 8, No. 1, La primavera

Allegro
Largo
Allegro (Danza pastoral)

ANTONIO VIVALDI - Concierto para violín, cuerdas y continuo en sol menor, Op. 8 No. 2, El verano

Allegro non molto – Allegro
Adagio – Presto –Adagio
Presto (Tiempo tempestuoso de verano)

ANTONIO VIVALDI - Concierto para violín, cuerdas y continuo en fa mayor, Op. 8 No. 3, El otoño

Allegro (Baile y canto de los campesinos)
Adagio molto (Borrachos durmientes)
Allegro (La cacería)

ANTONIO VIVALDI - Concierto para violín, cuerdas y continuo en fa menor, Op. 8 No. 4, El invierno

Allegro non molto
Largo
Allegro

Scott Yoo, director y violín

Notas al programa: 

por Juan Arturo Brennan

Georg Friedrich Händel (1685-1759)

Concerto grosso en la mayor, Op. 6 No. 11

Andante larghetto e staccato
Allegro
Largo e staccato
Andante
Allegro

Pocos casos existen en la historia de la música en los que es posible determinar con alguna certeza la paternidad de una forma musical. ¿Quién compuso la primera sinfonía? ¿Quién escribió la primera cantata? ¿De quién es el primer poema sinfónico? La respuesta a estas preguntas, y a otras similares, suele ser objeto de controversia entre críticos y musicólogos, y sin embargo, existe una forma musical, el concerto grosso, cuya paternidad es atribuida casi unánimemente al compositor italiano Arcangelo Corelli (1653-1713). Si bien es cierto que compositores del siglo XX como Ernest Bloch (1880-1959), Julián Orbón (1925-1991) y Alfred Schnittke (1934-1998) han compuesto concerti grossi, esta forma musical está asociada fundamentalmente con el período barroco, y se le considera como el gran paso previo a la creación del concierto solista tal y como lo conocemos hoy. En su aspecto externo, el concerto grosso es una forma musical auténticamente dialéctica, ya que su construcción supone la contraposición de dos elementos opuestos y bien diferenciados, pero complementarios al fin y al cabo. Por una parte, un pequeño grupo de instrumentos que realizan un trabajo colectivo de solistas, que se denomina concertino, y por la otra, un grupo mayor llamado ripieno, que por lo general está integrado por cuerdas y bajo continuo. En su interior, y al menos en los ejemplos más característicos de la forma, el concerto grosso es una de las muestras más acabadas de la forma fugada en la música barroca. Además de Corelli, muchos otros compositores del barroco abordaron la composición de concerti grossi. Entre ellos, Antonio Vivaldi (1678-1741), el más prolífico compositor de conciertos en la historia de la música; Johann Sebastian Bach (1685-1750) en sus magníficos Conciertos de Brandenburgo; y Georg Friedrich Händel, quien hizo notables contribuciones a este género.

En un ensayo sobre la vida y la obra de Händel, Winton Dean describe con claridad los diversos enfoques empleados por el compositor en su música para orquesta (incluyendo en este análisis los conciertos de Händel con instrumentos solistas) y después de mencionar los Concerti grossi Op. 3, afirma lo siguiente:

Mucho mejores son los 12 Grandes Conciertos para cuerdas Op. 6, que con los Conciertos de Brandenburgo de Bach representan una de las dos cumbres gemelas del concierto barroco.

Händel compuso estos doce conciertos Op. 6 entre septiembre y octubre de 1739. Ese año había comenzado con buenos augurios para el compositor. En enero, el estreno de su oratorio Saúl había sido bien recibido por el público; en los meses siguientes, Händel pudo poner en escena las reposiciones de otras de sus obras importantes como El festín de Alejandro, El triunfo del tiempo e Israel en Egipto, que fueron complementadas con algunos de sus conciertos para órgano. En septiembre de ese año Händel escribió la Oda para el día de Santa Cecilia, sobre un texto de Dryden, y comenzó la composición de los doce conciertos del Op. 6, que fueron concluidos el 30 de octubre. Una revisión del catálogo de Händel en el área de su música orquestal permite descubrir algunas cosas interesantes sobre este grupo de conciertos para cuerdas. En fecha posterior a su creación, Händel añadió partes para dos oboes a los conciertos números 1, 3, 5 y 6 de la serie. El Concierto No. 5, además, es un arreglo basado en la obertura de la Oda para el día de Santa Cecilia. A su vez, el Concierto No. 9 contiene materiales de uno de los conciertos para órgano de Händel, así como de la obertura de su ópera Imeneo. El Concierto No. 11 es también un arreglo de un concierto para órgano compuesto previamente. Así, en el caso de los conciertos Nos. 5, 9 y 11, Händel estaba siguiendo la muy común costumbre barroca de crear obras “nuevas” a partir de música ya existente. Los Conciertos Op. 6 aparecieron publicados el 21 de abril de 1740, y esta fue la última obra de Händel en ser publicada por suscripción. Como era la costumbre de la época, estos conciertos fueron tocados por vez primera como preludios o interludios en la representación de algunos de los oratorios de Händel en la temporada 1739-1740.

Johann Sebastian Bach (1685-1750)

Suite orquestal No. 1 en do mayor, BWV 1066

Obertura
Courante
Gavota
Forlana
Minueto
Bourrée
Passepied

A pesar de que en algunas de las ciudades en las que Johann Sebastian Bach ejerció puestos de autoridad musical a lo largo de su vida existían orquestas de buen nivel, la producción puramente orquestal del compositor, si excluimos los conciertos con instrumentos solistas, se reduce a los seis Conciertos de Brandenburgo y a las cuatro suites orquestales. Hasta la fecha, no hay unidad de criterios en cuanto a la designación de las suites; originalmente fueron designadas como oberturas, y su definición como suites orquestales data apenas del siglo XIX. Esta dualidad en la nomenclatura no deja de crear cierta confusión, ya que las cuatro obras se inician con una obertura que sigue muy de cerca los modelos establecidos por Jean-Baptiste Lully (1632-1687) y sus contemporáneos, es decir, la obertura a la francesa que en aquel tiempo marcaba la pauta en el mundo de la ópera, antes de que los italianos tomaran por asalto el ámbito operístico. En la misma época, hacia la cúspide del pensamiento musical barroco, se iniciaba la muy popular moda de crear colecciones o suites de piezas, usualmente en forma de danza, compuestas para un teclado o para pequeños grupos de cámara. Así, de la noción de la obertura a la francesa y las suites de danzas se sintetizó la forma general, con variantes individuales, que Bach dio a sus cuatro suites orquestales.

Si bien no existe certeza absoluta al respecto, los estudiosos de la música de Bach coinciden en afirmar que al menos las tres primeras suites fueron escritas en el período entre 1717 y 1723, cuando Bach fue director musical de la corte del príncipe Leopoldo en Köthen. La misma línea de pensamiento indica que, probablemente, la última suite fue compuesta por Bach en Leipzig, después de 1723, aunque este hecho tampoco está plenamente documentado. Si bien los manuscritos originales de las suites se han perdido y sólo sobreviven copias de ellos, las copias más antiguas parecen indicar que Bach dirigió sus cuatro suites en los conciertos de la Sociedad Musical Telemann, conocida también como Collegium Musicum, de la que fue director durante algunos años a partir de 1729.

Cada una de las suites presenta, después de la obertura, una secuencia distinta de movimientos de danza, estilizados y ornamentados a la usanza barroca. Sólo dos movimientos de las suites no están basados en danzas de la época, y son invenciones de Bach: la Badinerie con que concluye la Segunda suite, y la Réjouissance final de la Cuarta suite. Y cada una de las suites está concebida para una orquestación diferente. La Primera suite está escrita para dos oboes; la Segunda suite contempla una flauta; en la Tercera suite hay dos oboes, tres trompetas y timbales; para la Cuarta suite, Bach pide tres oboes, tres trompetas y timbales. En todos los casos, estos instrumentos son complementados por cuerdas y bajo continuo. En el caso de la primera y la cuarta suites, la partitura incluye un fagot en el bajo continuo, y en la primera está indicado un clavecín. En un interesante y muy completo ensayo sobre estas obras de Bach, el musicólogo Arthur Milner apunta algunos datos relevantes sobre la orquestación:

De acuerdo a la práctica de la época, los diversos timbres están utilizados principalmente en niveles de sonido, los oboes o grupos de alientos alternando con el sonido de las cuerdas a la manera de un organista cambiando de un teclado a otro de su instrumento. En los pasajes de tutti los oboes generalmente duplican las partes de los violines, mientras que el fagot duplica el bajo. Las trompetas, por la naturaleza de su registro y técnica, tienen pasajes más independientes y no tocan tan continuamente como los otros instrumentos; además, casi nunca tocan sin los timbales.

Sin duda, junto con los igualmente excelentes Conciertos de Brandenburgo, estas cuatro Suites orquestales de Bach representan puntos culminantes de la escritura puramente instrumental en el período barroco, y son además un buen ejemplo del alto grado de estilización al que los compositores de esa época llevaron las danzas heredadas del renacimiento y las de creación más reciente. La importancia del origen dancístico de los movimientos de estas suites está enfatizada, por ejemplo, en el hecho de que algunas grabaciones modernas de estas obras llevan por títulos Suites para danzar o Suites de baile.

Antonio Vivaldi (1678-1741)

Concierto para violín, cuerdas y continuo en mi mayor, Op. 8, No. 1, La primavera

Allegro
Largo
Allegro (Danza pastoral)

Concierto para violín, cuerdas y continuo en sol menor, Op. 8 No. 2, El verano

Allegro non molto – Allegro
Adagio – Presto –Adagio
Presto (Tiempo tempestuoso de verano)

Concierto para violín, cuerdas y continuo en fa mayor, Op. 8 No. 3, El otoño

Allegro (Baile y canto de los campesinos)
Adagio molto (Borrachos durmientes)
Allegro (La cacería)

Concierto para violín, cuerdas y continuo en fa menor, Op. 8 No. 4, El invierno

Allegro non molto
Largo
Allegro

A lo largo de una vida interesante, variada y ciertamente fructífera, el gran músico veneciano Antonio Vivaldi compuso un número notable de obras, que suman más de setecientas y que probablemente hayan sido muchas más si se considera lo que afirman los musicólogos sobre sus obras perdidas. En ese numeroso y complicado catálogo de obras de Vivaldi hay sonatas instrumentales, sonatas en trío, conciertos para orquesta de cuerdas, sinfonías, conciertos para toda clase de instrumentos, misas, fragmentos de misas, oratorios, cantatas, óperas y serenatas. Aparentemente, Vivaldi es un compositor de los considerados como “famosos”, y sin embargo, el gran público del mundo entero lo conoce principalmente por cuatro conciertos para violín, cuerdas y continuo. En términos estadísticos, ello quiere decir que sólo el 0.5% de la producción de Vivaldi se difunde con cierta frecuencia. Esos cuatro conciertos para violín son, evidentemente, los conocidos como Las cuatro estaciones, y pertenecen al bloque más importante de toda la producción de Vivaldi. En efecto, entre sus más de 450 conciertos, la mayoría son para violín, cuerdas y continuo y suman alrededor de 250. Esto se explica en buena medida por el hecho de que Vivaldi fue no sólo un buen violinista, sino también un notable maestro de violín. En el mes de septiembre de 1703, fue contratado como maestro de violín del Ospedale della Pietà en su natal Venecia. El Ospedale era una de las cuatro instituciones venecianas que en aquel tiempo se dedicaban a acoger y educar a niñas huérfanas, poniendo especial atención en la preparación musical de aquellas que mostraban aptitudes especiales. Muy pronto, los deberes de Vivaldi rebasaron la mera enseñanza del violín, y tuvo que encargarse del entrenamiento instrumental y vocal de sus pupilas, de la elección, compra y mantenimiento de los instrumentos musicales para el Ospedale y, de modo importante, de la composición de numerosas obras para ser ejecutadas por las jóvenes que tenía a su cargo. Fue precisamente a raíz de esta última labor que surgieron muchos de los conciertos que Vivaldi escribió a lo largo de los años. De hecho, algunos de ellos están dedicados específicamente a algunas de las alumnas del Ospedale della Pietà, mientras que la mayoría carecen de tal dedicatoria. Aunque Vivaldi no fue del todo constante en su presencia en el Ospedale, se mantuvo en estrecho contacto con esta institución durante largos años.

Desde el punto de vista histórico y musicológico, los más interesantes conciertos para violín de Vivaldi son aquellos que fueron reunidos por el propio compositor en las colecciones tituladas Il cimento dell’armonia e dell’invenzione, La cetra, L’estro armonico y La stravaganza. El título de la primera de las colecciones mencionadas (que nada tiene que ver con cimientos, a pesar de las apariencias) puede traducirse como El enfrentamiento entre la armonía y la invención. Con este título, Vivaldi manifestaba claramente que esta serie de conciertos para violín era, según su punto de vista, un intento por hallar un equilibrio entre la armonía (es decir, las reglas de la estructura musical) y la invención (o sea, la libre expresión de la creatividad) sin menoscabo del resultado total de cada obra. Los conciertos de esta serie son doce, y los cuatro primeros son los famosos conciertos conocidos como Las cuatro estaciones. La colección entera fue publicada en Amsterdam en 1725 por Michel Charles Le Cene, y está dedicada al conde Wenzel von Morzin, pariente del conde Morzin que tuvo a su servicio a Franz Joseph Haydn (1732-1809). Las cuatro estaciones, además de ser conciertos para violín muy atractivos, representan ejemplos importantes de lo mejor de la música programática del barroco. En una versión manuscrita de los conciertos, cada uno de ellos está precedido por un soneto que describe con toda precisión una serie de imágenes, sonidos, paisajes y sentimientos asociados con distintos momentos de cada una de las cuatro estaciones. La relación entre los sonetos y la música se hace más estrecha por el hecho de que cada línea de cada soneto está ligada a un punto específico de la partitura, de manera que la lectura previa (o simultánea) permite al oyente conocer de qué medios musicales se valió Vivaldi para describir el zumbido de un moscardón, el canto de las aves, la tormenta, el ladrido de un perro, la borrachera de los campesinos, el ronquido de un pastor, el viento helado o los pasos sobre la nieve.

No se puede atribuir con certeza la autoría de los sonetos que acompañan a Las cuatro estaciones, aunque una anotación que hay en un ejemplar de la partitura que estuvo en poder del cardenal romano Pietro Ottoboni, benefactor de Vivaldi, afirma que los poemas fueron escritos por el propio compositor. En los cuatro conciertos que forman Las cuatro estaciones (así como en la gran mayoría de sus más de 400 conciertos) Vivaldi sigue en el típico modelo del concierto barroco, en el que dos movimientos rápidos enmarcan a un movimiento lento. A lo largo del tiempo, estos hermosos y divertidos conciertos de Vivaldi han llamado la atención de numerosos músicos que han realizado transcripciones de Las cuatro estaciones para dotaciones muy diversas. Entre las más interesantes habría que destacar:

  1. Una transcripción realizada en Japón para orquesta de kotos.

  2. La versión en la que el formidable flautista escocés James Galway toca la parte solista de los conciertos en su dorada flauta.

  3. El arreglo en jazz de Jacques Loussier para piano, bajo y batería.

  4. La interpretación a tres guitarras que hace el Trío de Guitarras de Amsterdam.

  5. En quinteto de metales, a cargo del siempre sorprendente ensamble Canadian Brass.

LA PRIMAVERA

La alegre primavera ha llegado
Las aves le dan la bienvenida con su alegre canto
Y los arroyos con la suave brisa
Fluyen con dulce murmullo
El cielo se cubre con un negro manto
Rayos y truenos anuncian la tormenta
Cuando se callan, las aves
Reinician su armonioso canto
Y en el prado florido
Al gentil murmullo de hojas y plantas
El pastor duerme, con su fiel perro al lado
A los alegres sonidos de una rústica gaita
Ninfas y pastores danzan en su sitio favorito
Cuando la primavera llega aparece en todo su brillo

EL VERANO

Bajo el inclemente sol del verano
Languidecen el hombre y el animal
El pino arde y el cucú comienza a cantar
Se le unen las palomas y el pinzón
Sopla un suave viento, pero Bóreas
De pronto entra en batalla con su vecino
Y el pastor llora porque sobre su cabeza
Se cierne la temida tormenta, y su destino
Sus cansados miembros no tienen descanso
Por el miedo a los rayos y a los temidos truenos
Y por el zumbido de moscas y avispones
Sus temores son bien fundados
Hay rayos y truenos en el cielo, y el granizo
Derrumba las altas mazorcas de maíz

EL OTOÑO

El campesino celebra con cantos y danzas
El placer de la rica cosecha
Y lleno del licor de Baco
Concluye la fiesta con el sueño
Todos se van cantando y bailando
Con el suave aire que ahora da placer
Y por la estación que invita
A todos a disfrutar la siesta
Al amanecer los cazadores
Con cuernos y fusiles y perros salen de casa
La bestia huye y le siguen los pasos
Ya aterrada y agotada por el gran escándalo
Trata de escapar, pero muere agotada

EL INVIERNO

Congelados y temblando en la helada nieve
En las fuertes ráfagas de un terrible viento
Correr pisando fuerte contra el frío
Con los dientes castañeteando por el frío
Pasar días felices junto al fuego
Mientras afuera la lluvia empapa a todos
Caminar en el hielo con cuidado
Y precaución para no caer
Apurarse, resbalar y caer al suelo
Levantar y correr de nuevo
Hasta que el hielo se quiebra y se abre
Oír el viento Siroco al dejar la casa
Bóreas y todos los vientos en batalla
Es el invierno, pero también trae alegría