Semana Santa: Stabat Mater de Dvorák

ANTONIN DVORÁK

Stabat Mater, Op. 58 (90')

Stabat Mater dolorosa
Quis est homo qui non fleret
Eja Mater, fons amoris
Fac ut ardeat cor meum
Tui nati vulnerati
Fac me vere tecum flere
Virgo virginum praeclara
Fac ut portem Christi mortem
Inflammatus et accensus
Quando corpus morietur

José Areán, director artístico
Maribel Salazar, Soprano
Lydia Rendón, Mezzosoprano
Dante Alcalá, Tenor
Carsten Wittmoser, Bajo
Coro Filarmónico Universitario
John Goodwin, Director del Coro

José Areán
Director
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Maribel Salazar
Soprano
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Lydia Rendón
Mezzosoprano
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Dante Alcalá
Tenor
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Carsten Wittmoser
Bajo
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por Juan Arturo Brennan

ANTONIN DVORÁK

Stabat Mater, Op. 58

Durante siglos, los músicos de iglesia mostraron su inconformidad y su afán creativo al crear nuevas secuencias litúrgicas más allá de las que estaban explícitamente aprobadas por la iglesia. La profusión de música sacra obligó al Concilio de Trento, en el siglo XVI, a reprimir a los compositores y a prohibir la mayoría de las secuencias litúrgicas puestas en música, autorizando oficialmente sólo cuatro de ellas. En el siglo XVIII, la iglesia readmitió una quinta secuencia al rito, el Stabat Mater. Originalmente, el Stabat Mater nació como un poema devocional, escrito en latín medieval, que describe la vigilia de la Virgen María ante la cruz; se atribuye su autoría a Jacopone da Todi. Aunque la autorización oficial de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana para su utilización no llegó sino hasta 1727, varios compositores habían utilizado anteriormente el texto original para ponerlo en música, entre ellos Josquin Desprez (ca. 1440-1521) y Giovanni Pierluigi da Palestrina (ca. 1525-1594). Más recientemente, compositores como Gioachino Rossini (1792-1868), Antonin Dvorák (1841-1904) y Lennox Berkeley (1903-1989) han puesto música al Stabat Mater. Sin duda, la más famosa de todas las composiciones musicales sobre este texto es la de Giovanni Battista Pergolesi (1710-1736).

Si bien es relativamente poco conocida y difundida, más allá de sus canciones y duetos vocales, la música vocal y coral de Dvorák ofrece al oyente algunas partituras ciertamente interesantes. En el ámbito de la música sacra y litúrgica, el compositor bohemio creó un par de misas (una de ellas se perdió), un salmo, el oratorio Santa Ludmila, un Réquiem y un Te Deum. Sin duda, lo mejor de Dvorák en este rubro es su Stabat Mater para cuatro solistas vocales, coro y orquesta.

Al inicio de la década de los 1870s, la música de Dvorák comenzó a llamar la atención y a ser apreciada por músicos, públicos y críticos, con lo que inició su camino hacia el merecido prestigio que habría de adquirir en los años siguientes. Sin embargo, su situación económica tardaría en ser holgada, de modo que en 1874 concursó con algunas de sus obras para obtener un estipendio del gobierno austriaco establecido para ayudar a artistas pobres y talentosos. Gracias a las obras presentadas, Dvorák ganó el estipendio, y volvería a solicitarlo en varias ocasiones posteriores, ganándolo de nuevo en 1876 y 1877. Fue precisamente en el período de estos dos años que compuso su Stabat Mater. Si bien algunos analistas comentan que Dvorák abordó la creación del Stabat Mater impulsado por su propia fe católica, lo cierto es que el compositor comenzó a redactar la partitura poco después de la muerte de su hija Josefa, a los dos días de nacida. La tragedia marcó también la conclusión de la obra, ya que Dvorák terminó de orquestar el Stabat Mater después de perder otros dos hijos (Rose y Otakar) en el lapso de un mes.

El musicólogo John Clapham hace este comentario sobre el Stabat Mater de Antonin Dvorák:

Su enfoque en la composición de esta obra fue el de un compositor instrumental; produjo una serie de formas equilibradas y reintrodujo parte de la música inicial en el número final, pero con una dramática alteración en el clímax. El primero de los diez números es el más notable y ciertamente el más profundamente emotivo. Comienza con octavas ascendentes, que parecen apuntar hacia la cruz, seguidas por figuras descendentes que conducen a la figura de María. No toda la música de las demás secciones se adapta tan bien al texto, pero hay algunos pasajes notables, particularmente al final del Fac ut ardeat, en el sencillo y encantador Tui nati vulnerati y en el Inflammatus, de cualidades altamente individuales.

Por otra parte, en el sitio de Internet Mundo Clásico es posible hallar estas líneas, sin firma, que representan una interesante aproximación a la obra:

Recordemos que Dvorák tenía un profundo conocimiento de las tradiciones litúrgicas desde sus primeros años en Praga y que además su actividad como organista de iglesia le había permitido observar el incremento de la devoción mariana. Este dominio de los códigos litúrgicos, su afición hacia las construcciones musicales arquitectónicas y su excelente conocimiento de los recursos retóricos y formales de Mendelssohn están presentes en el Stabat Mater _, ampliamente sazonado además de color eslavo. Recordemos que uno de los primeros intérpretes de la obra fue Leos Janácek, quien la estrenó en Brno, ciudad en la que estrenaría en diciembre de 1927 su propia_ Misa glagolítica _, obviamente emparentada con el Stabat Mater de Dvorák._

Dvorák compuso su Stabat Mater entre el 19 de febrero de 1876 y el 13 de noviembre de 1877. La obra se estrenó en Praga el 23 de diciembre de 1880. Se dice que la creciente popularidad del Stabat Mater fue la llave que le abrió a Dvorák las puertas de Londres, y que fue también responsable, en buena medida, de la invitación que recibió años después para dirigir el recién fundado conservatorio en los Estados Unidos. Durante un tiempo, el Stabat Mater de Dvorák apareció en su catálogo de obras como el Op. 28. El editor vienés Simrock publicó la partitura del Stabat Mater en 1881.

Stabat Mater
Traducción española de Lope de Vega

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Y su alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
¡Oh cuán triste y afligida
se vio la Madre escogida
de tantos tormentos llena
cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena!
Y, ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara,
de Cristo en tanto dolor?
Y, ¿quién no se entristeciera
piadosa Madre, si os viera
sujeta a tanto rigor?
Por los pecados del mundo
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Y muriendo al Hijo amado,
que rindió desesperado,
el espíritu a su Padre.
¡Oh Madre fuente de amor!
Hazme sentir tu dolor,
Para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
Mi corazón abrasado,
más viva en él que conmigo.
¡Madre del Amor sublime!
En mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la Cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.
Virgen de vírgenes santa,
llore yo con ansia tanta,
que el llanto dulce me sea,
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.
Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more,
de mi fe y amor indicio,
porque me inflame y me encienda
y contigo me defienda
en el gran día del juicio.
Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén
porque cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

Ilustración: (CC) AT - JMSR/AR, Stabat Mater , a partir de Crown Of Thorns, Troy McKaskle y Altar en Honor al Padre Jesús Cautivo, Iglesia en Valladolid