Sinfonía No. 5 en si bemol mayor, D. 485

Franz Schubert

Sinfonía No. 5 en si bemol mayor, D. 485

Allegro
Andante con moto
Menuetto - Allegro molto
Allegro vivace

Bonachón y sociable, Franz Schubert fue uno de esos músicos que nunca tuvo problemas con el prójimo, y siempre se las arregló para estar rodeado de amigos. De ahí surge la imagen que de él tenemos como el típico bohemio romántico de principios del siglo XIX, imagen que ha quedado impresa no sólo en su biografía y en su música, sino también en su correspondencia. Siete días antes de su muerte, Schubert escribió su última carta, dirigida a su querido amigo Franz von Schober, y en ella, además de preocuparse por su estado de salud, mostraba también su invariable interés por las cosas mundanas. Escribía Schubert:

Mi querido Schober: estoy enfermo. En estos últimos días no he comido ni bebido casi nada. Sólo puedo ir, dando traspiés, del sillón a la cama y de la cama al sillón. Rinna me está atendiendo. Si como cualquier cosa, mi cuerpo la rechaza de inmediato. Por favor, préstame algunos libros para hacer más llevadera mi desesperada situación. Los de Cooper que ya he leído son El último mohicano, El espía, El piloto y Los colonos. Si acaso tienes algún otro libro suyo, te suplico me lo dejes con la señora Bogner, en el café. Mi hermano, que es muy atento, me lo traerá de inmediato. Si no, cualquier otro libro. Tu amigo, Schubert.

Esta carta está fechada el 12 de noviembre de 1828, y el día 19 Schubert moría a consecuencia de la sífilis contraída siete años antes, y no por una falsa tifoidea inventada por los biógrafos musicales puritanos. Franz von Schober, el destinatario de la citada carta, fue un personaje importante en la vida y la carrera de Schubert. Hacia el fin de 1815, mientras Schubert tenía que ganarse la vida como maestro de escuela, Schober lo convenció de abandonar semejante aburrimiento y buscar un cauce para su verdadera vocación. Así, en la primavera de 1816 Schubert solicitó el puesto de director musical de un colegio en la ciudad de Laibach, hoy conocida como Ljubljana (ex-Yugoslavia). La solicitud de Schubert fue rechazada, pero sus amigos, encabezados por Schober, siguieron animándolo a dedicarse a la música, llegando incluso a enviar algunas de las canciones de Schubert al gran poeta y escritor Johann Wolfgang von Goethe, aunque sin resultado alguno. Finalmente, en diciembre de 1816 Schober convenció al compositor, en contra de la voluntad del padre de Schubert, para que pidiera una licencia en la escuela. Así, Schubert pasó ocho meses viviendo en casa de la madre de Schober, y tuvo tiempo y tranquilidad para componer. De ese período en el que Schubert tuvo el apoyo de su amigo Schober datan algunas composiciones interesantes, entre ellas las canciones La muerte y la doncella y La trucha, que fueron el germen de composiciones más importantes, específicamente un cuarteto y un quinteto que llevan esos títulos, y que fueron escritos tiempo después. De ese mismo período datan también dos de las sinfonías de Schubert, la Sinfonía No. 4 en do menor, Trágica, y la Sinfonía No. 5, que hasta la fecha sigue siendo una de las obras más populares del catálogo del compositor.

Afirman los musicólogos que Schubert compuso su Quinta sinfonía en el corto lapso de dos semanas, lo que no está nada mal para un compositor de diecinueve años de edad. Al parecer, la sinfonía fue compuesta para una pequeña orquesta de aficionados, dato que parece ser confirmado por el hecho de que la orquestación de la obra no incluye clarinetes, ni trompetas, ni trombones, ni timbales. En efecto, la Quinta sinfonía de Schubert está escrita para una flauta, dos oboes, dos fagotes, dos cornos y cuerdas, y esta dotación moderada ha hecho que la sinfonía sea una obra favorita entre las orquestas de escasos recursos instrumentales. A pesar de su aparente sencillez, la Quinta sinfonía de Schubert tiene ya todo el sello característico de su pensamiento sinfónico, que habría de culminar años más tarde en la majestuosa Novena sinfonía, terminada en 1828, siete meses antes de su muerte. Respecto a este sello característico de la música de Schubert, el compositor y crítico Robert Schumann (1810-1856) escribió esto en una carta a su suegro, Friedrich Wieck:

Muy pocos compositores han logrado tan bien poner la marca de una sola individualidad en cuadros tonales tan variados. Mientras otras personas llevan diarios en los que registran sus sentimientos del momento, Schubert confiaba los cambios de su estado de ánimo al papel pautado. Como su alma estaba llena de música, escribía notas ahí donde otras personas recurrían a las palabras.

La Quinta sinfonía de Franz Schubert fue estrenada el mismo año de su composición, 1816, en el Schottenhof de Viena, bajo la dirección de Otto Hatwig, en un concierto privado. El estreno público de la obra tardó mucho tiempo, ya que se cita como 1873 el año de su ejecución en concierto, bajo la dirección de August Manns, en el Crystal Palace de Londres.