Prokofiev, Sergei - Sinfonía No. 6 en mi bemol menor, Op. 111

Sergei Prokofiev (1891-1953)

Sinfonía No. 6 en mi bemol menor, Op. 111

Allegro moderato
Largo
Vivace

Por lo general, cuando un fiscal acusa a un individuo de haber cometido crímenes horrendos, la lista de cargos incluye robo a mano armada, violación, asesinato, incendio intencional y similares. Sin embargo, los férreos guardianes de la moral del pueblo soviético en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial inventaron toda una nueva criminalística estética, y cuando ponían a algún compositor en el banquillo de los acusados, los cargos eran muy diferentes: formalismo, decadencia, cacofonía, antipatriotismo, discordancia neuropática, desprecio por la melodía, antidemocracia musical. Es decir, crímenes y pecados que sólo existían en las muy pobres imaginaciones de los sabuesos culturales de Josef Stalin, y de ninguna manera en las partituras de los compositores que fueron brutalmente hostigados por el régimen soviético.

Apenas un par de años después de terminada la guerra, el espíritu de la dirigencia soviética estaba inflamado de orgullo patriótico por el muy merecido triunfo sobre las hordas invasoras nazis. Sin embargo, lejos de dejar las celebraciones oficialistas y el triunfalismo en el plano puramente político y social, decidieron que el arte debía participar también en la euforia. Así, cualquier música que no fuera un panegírico explícito de las virtudes del esforzado pueblo soviético, era vista como algo muy sospechoso, digno de ser perseguido y castigado. En este contexto, era evidente que muchas partituras de compositores como Sergei Prokofiev y Dmitri Shostakovich (1906-1975) iban a ser fuertemente atacadas, porque lejos de contener esas explosiones de júbilo popular, eran simplemente la expresión más íntima y honesta del pensamiento de sus creadores.

En el caso particular de Prokofiev, los burócratas de la cultura soviética suspendieron el estreno de su ópera Historia de un hombre real, impidieron que se tocara su Tercera sonata para violín, y condenaron violentamente su Sexta sinfonía, a pesar de que en su estreno había sido bien recibida por el público soviético.

La Sexta sinfonía fue concebida por Prokofiev aun antes del estreno de la Quinta sinfonía, y poco después de que el compositor sufriera un accidente cuyas consecuencias habrían de minar su salud para el resto de su vida. La creación de la Sexta sinfonía ocurrió en la localidad de Ivanovo, donde Prokofiev solía retirarse a trabajar. A consecuencia del mencionado accidente, Prokofiev progresó muy lentamente en la sinfonía, ocupando más de 18 meses en la orquestación de la obra. Si el material fundamental de la sinfonía surgió hacia 1945, en pleno triunfo soviético frente a los nazis, era hasta cierto punto lógico que las autoridades esperaran del gran Prokofiev una oda triunfalista. Sin embargo, la Sexta sinfonía es una de las partituras más austeras surgidas de su pluma. Sí, la sinfonía nos ofrece algunos momentos de gran empuje rítmico y gran fuerza orquestal, pero siempre en tonalidades oscuras, siempre en un ámbito de expresión contenida. Sí, hay en la Sexta sinfonía de Prokofiev muchos pasajes de un gran lirismo, pero es un lirismo contenido y mesurado. Y no porque no esté presente un verdadero aliento lírico (aspecto de su personalidad creativa altamente desarrollado, a pesar de lo que han dicho algunos de sus analistas) sino porque se trata de pasajes líricos de una gran interiorización, en vez de las dulces melopeas contemplativas que sin duda esperaban los censores de Stalin. En esa alternancia de poderosos bloques musicales de gran sonido con pasajes de extremo refinamiento, Prokofiev parece hermanarse con la expresión de un colega suyo que también sufrió, y en mayor medida, la hostilidad de las autoridades soviéticas: Dmitri Shostakovich.

En la dotación orquestal de la Sexta sinfonía de Prokofiev, que es de grandes dimensiones, destaca el inteligente empleo que el compositor hace del piano, el instrumento fundamental de su vida creativa, y de la celesta, que aportan elementos colorísticos de gran valor en puntos clave de la partitura. La Sexta sinfonía de Prokofiev fue estrenada el 10 de octubre de 1947 por la Orquesta Filarmónica de Leningrado, bajo la batuta de Evgeny Mravinsky. Pocas semanas después, llegó la censura sobre la obra, y en años subsecuentes Prokofiev debió ceder ante la presión, y compuso algunas obras de aliento patriótico que sin duda estaban más cerca de los requerimientos oficiales, pero sin duda también estaban muy lejos de los dictados de su conciencia artística. En la medida en que la Sexta sinfonía de Prokofiev es más un lamento por las pérdidas de la guerra que una celebración por la victoria, hay cierta lógica en el hecho de que el compositor tuvo la intención, descartada a última hora, de dedicar la obra a la memoria de Ludwig van Beethoven (1770-1827).