Elgar, Edward - Concierto para violoncello y orquesta en mi menor, Op. 85

Edward Elgar (1857-1934)

Concierto para violoncello y orquesta en mi menor, Op. 85

Adagio-Moderato
Lento
Adagio
Allegro

A pesar de que su obra más conocida e interpretada, las famosas Variaciones Enigma, utiliza la orquesta sinfónica como vehículo sonoro, la verdad es que Edward Elgar tuvo serias dudas antes de abordar la escritura orquestal. Según se puede deducir de su correspondencia con el gran director alemán de orquesta Hans Richter, Elgar tenía en mente la idea de componer una sinfonía, pero su hipersensibilidad le hacía dudar que su desarrollo musical fuera lo suficientemente sólido como para atreverse a realizar un ensayo en esa difícil área de la creación musical. Finalmente, Elgar se decidió y terminó su Primera sinfonía en 1908. Fue estrenada ese mismo año, bajo la batuta de Richter, primero en Manchester y después en Londres, con tanto éxito que en el lapso de un año fue interpretada cerca de 90 veces. El buen recibimiento que el público y la crítica dieron a esta obra abrió las puertas de la imaginación a Elgar, quien de pronto se llenó de ideas sinfónicas y abordó la creación de obras orquestales en repetidas ocasiones. Así, compuso su Concierto para violín, que fue estrenado por Fritz Kreisler en 1910; la Segunda sinfonía en 1911; el estudio sinfónico Falstaff en 1913; y finalmente, el Concierto para violoncello en 1919. Puede decirse que aun en esta última obra, considerada como su canto del cisne, Elgar se aproximó a la música de una manera humilde, quizá incluso tentativa, manteniendo hasta el final de su carrera la actitud que lo caracterizó desde sus primeras composiciones, una actitud formada en partes iguales de hipersensibilidad y autocrítica. Por otra parte, es también un hecho que no todos sus contemporáneos dieron buen recibimiento a su música. Como un ejemplo de ello se encuentra entre la correspondencia de Elgar una carta dirigida a Frank Webb y fechada en Kensington el 29 de julio de 1890. Un fragmento de la carta dice así:

Mi Obertura está terminada, y no creo que guste, pero hay que hacer la prueba. Encuentro, por mi limitada experiencia, que los amigos son a quienes más hay que temer. Yo podría llenar un libro poco divertido con los juicios que se han hecho contra mis anteriores composiciones. Cuando he escrito algo lento, dicen que debió ser rápido; cuando era alto, dicen que debió ser bajo; cuando compuse algo caprichoso, debió ser solemne. En una palabra, siempre me he equivocado.

Al parecer, donde Elgar se equivocó fue al juzgar la obra a la que se refería en la carta, su obertura Froissart, que casualmente fue la primera de sus obras en llamar favorablemente la atención del público y la crítica. Y así como tantos otros compositores han pasado por períodos creativos claramente diferentes entre sí, la carrera musical de Elgar sufrió un cambio radical; muchas de sus obras de lo que podría llamarse su primera época ostentaban una especie de porte gallardo, casi militar (recordemos que su esposa, Caroline Roberts, era hija de un general del ejército) que fue un sello característico de ese período, pero al final de la Primera Guerra Mundial su sensibilidad lo hizo alejarse por completo de esa línea de pensamiento y comenzó a producir obras en una vena más lírica, más contemplativa y, finalmente, más sincera. A esta nueva época pertenece su Concierto para violoncello.

La composición de la obra fue iniciada en el invierno de 1918-1919, y la pieza estuvo terminada en agosto de 1919 en la cabaña Brinkwells que Elgar poseía cerca de Fittelworth, en el condado de Sussex. Alguien preguntó en una ocasión a Elgar sobre el significado interno de este Concierto para violoncello, a lo que el compositor contestó: “Es la actitud de un hombre ante la vida.” La señora Elgar, que siempre apoyó a su marido en su carrera musical y que era creyente convencida del talento del compositor, anotó esto en su diario, en la época de creación del Concierto para violoncello:

Edward está escribiendo música nueva y maravillosa, totalmente diferente a todo lo que ha escrito antes.

Con estas palabras, quizá sin saberlo, la señora Elgar confirmaba intuitivamente el cambio que la guerra había operado en el espíritu del compositor. De cualquier modo, el mismo Elgar pareció estar satisfecho con la obra desde el momento de su creación. El compositor dijo sobre su Concierto para violoncello:

Es una obra verdaderamente grande, y creo que es viva y buena.

El Concierto para violoncello de Edward Elgar fue estrenado el 27 de octubre de 1919 en el Queen’s Hall de Londres, bajo la dirección del compositor, con Félix Salmond como solista y la Orquesta Sinfónica de Londres. Poco tiempo después, la carrera de Elgar sufriría otro cambio radical: en 1920 murió su esposa Caroline, y el compositor perdió la chispa musical. Se retiró a la campiña y pasó el resto de su vida en semi-retiro, componiendo sólo algunas piezas de ocasión, ninguna de las cuales estuvo a la altura de su mejor música. Respecto a su cálido Concierto para violoncello, vale la pena mencionar que se trata de una de esas obras que están asociadas a una interpretación única, mágica, legendaria, que cualquier amante del violoncello debe escuchar. Se trata de la grabación que realizó la malograda violoncellista inglesa Jacqueline DuPré, y que según los enterados, es la mejor versión que se ha hecho de esta obra de Elgar.