Secretaría de Cultura de la Ciudad de México
Suele suceder que en muchas de las distintas obras de compositores a lo largo de la historia, una idea musical primigenia puede derivar en otra al momento de escribirse finalmente en la partitura, tomarse prestada como inspiración de otro lado, usarse en distintas ocasiones en forma de autocitas o hasta regresar a ellas tiempo después. Eso no sería en absoluto distintivo ni peculiar. No obstante, lo particular es que en ocasiones esa música sea utilizada con otros fines, alejados del propósito -sea cual fuere- del autor, con su aprobación o rechazo, y enarbolen un movimiento distinto, quizá de índole político, acaso revolucionario, tal como ocurriera con esta segunda sinfonía.
A principios de 1901, Sibelius comenzaría apenas a dar forma a esta composición mientras se encontraba acompañado por su familia durante su permanencia en una villa en la comunidad costera de Rapallo, cerca de Génova, sitio que le servía de descanso tras una gira con motivo de la Exposición Universal de París y para lo cual contaría con el apoyo de su amigo y mecenas, el barón Axel Carpelan, con quien compartía una generosa correspondencia.
Por estas cartas se conoce que en su imaginación comparaba ese lugar con el palacio de Don Juan, personaje del teatro español, rodeado de un jardín mágico, y escribiría lo siguiente para componer un poema sinfónico:
“Don Juan. Sentado al anochecer en mi castillo, entra un invitado (el Convidado de Piedra). Pregunto muchas veces quién es. -Sin respuesta. Intento entretenerlo. Permanece mudo. Finalmente, empieza a cantar. En ese momento, Don Juan se da cuenta de quién es: la Muerte”.
Los estudiosos coinciden en que en su mente no rondaba la idea de componer precisamente una obra de esta magnitud, sino otras de índole diversa, como la que compondría sobre “El burlador de Sevilla” de Tirso de Molina. En el reverso de la hoja, el compositor dejó escrita la melodía que se convertiría en el tema del fagot del segundo movimiento de esta sinfonía. Un par de meses después, en una visita por Florencia, compuso otro trazo de un tema, aparentemente sobre la “Divina Comedia” de Dante Alighieri y otro adicional sobre el que escribió la palabra “Cristo”, bocetos que terminarían por integrarse después a la composición.
Es conocido que la idea sobre un poema sinfónico sobre Dante comenzaba a gestarse, aunque derivaría en un plan conformado en cinco movimientos, pero al final, decidió componer una sinfonía con la estructura tradicional no sin menos trabajos perfeccionistas, revisiones constantes y fechas posibles de presentación y estreno hasta que finalmente fue terminada como se le conoce actualmente.
No menos importante es añadir acerca de un tema puntual en el Finale. Una versión aceptada es que habría surgido al momento de una celebración por el bautizo del primero de los hijos del pintor Akseli Gallen-Kallela (1865-1931), en la que el compositor interpretó una improvisación al piano que usó posteriormente también para esta obra. Del mismo modo, en el primer movimiento surgió un tema procedente de una de sus composiciones de piano para niños, con mínimos cambios.
Dedicada a su mecenas Carpelan, Sinfonía no. 2 en re menor, op. 43 fue estrenada por la Sociedad Filarmónica de Helsinki el 8 de marzo de 1902, junto con dos piezas de su autoría concebidas para completar el programa, en un concierto dirigido por el propio compositor. El éxito fue rotundo por la sinfonía en sí misma, el cual se repitió en los siguientes días con una sólida y mantenida ovación y, en meses posteriores continuaría su camino fuera de esos territorios para expandirse por distintas ciudades de Europa y alcanzar Estados Unidos.
No obstante, por el contexto histórico por el que atravesaba el Ducado de Helsinki ante el plan de expansión zarista de Nicolás II que daba continuidad lo que hicieron 90 años antes el zar Alejandro I de apropiarse del territorio sueco y finlandés, la obra se convirtió, para unos, como un estandarte de liberación nacionalista en medio de constantes protestas y de lucha por su independencia.
Ese cierto debate sobre si la composición tiene una carga política nacionalista llegaría muy pronto a una conclusión definitiva. El propio compositor finlandés desmintió esa concepción, su propósito fue meramente musical y se conoce que Sibelius no formó parte de algún tipo de movimiento activista de ninguna característica.
Así, la segunda sinfonía, a la que aún se le sigue conociendo erróneamente como “de la Liberación” comenzó a formar parte de los repertorios de orquestas por todo el mundo y el compositor pronto adquirió prestigio que lo convertiría en un símbolo de su país.