Bachianas brasileiras no. 4
Prelúdio (Introdução)
Coral (Canto do Sertão)
Ária (Cantiga)
Dansa (Miudinho)
Es difícil imaginar lo indivisible que es José Pablo Moncayo (1912-1958) de su Huapango. Es bien conocido que se trató de un encargo del director de orquesta Carlos Chávez para componer una obra orquestal basada en la música popular mexicana, para lo cual, el compositor tapatío se adentró en los sones como “El Siquisirí”, “El Balajú” y “El Gavilancito”, tradicionales de la fiesta del fandango en Alvarado, Veracruz. Desde su estreno en el Palacio de Bellas Artes en 1941 se convertiría entonces en la obra sinfónica nacional más aclamada y famosa de México ante el mundo.
En esa misma idea de rasgos nacionalistas que profundizan en las raíces musicales y lo más genuino del folclore es equiparable a lo sucedido con Heitor Villa-Lobos en su país natal, Brasil, trascendiendo a Latinoamérica y el mundo, con ciertas peculiaridades sonoras.
Sería su padre, bibliotecario amante de la música, quien le enseñó a tocar el violonchelo. Tras su pérdida, Villa-Lobos se ganaba la vida tocando en cafés y tendría acercamientos con la música del ambiente callejero carioca también con su guitarra, como los canticos choros, el “blues de Brasil”, hasta que en su juventud lo llevara a recorrer el Amazonas y gran parte del territorio explorando las más ricas tradiciones musicales que integraría después a sus obras.
En esos años, entre 1930 y 1945, compuso nueve Bachianas brasileiras, cada una con diferente instrumentación. Ese conjunto de obras musicales conjuga su profundo interés y admiración por Johann Sebastian Bach (1685-1750), - he de ahí el epónimo bachiano- incentivado desde su infancia por su padre y, aparentemente, también por una tía, quien tocaba los preludios y fugas reunidas en los dos libros de El clave bien temperado, logrando que el estilo propio del maestro del barroco y su forma de componer europea pudieran asociarse técnicamente con lo tradicional autóctono de su país.
Compuestas para piano solo, son cuatro los movimientos que conforman Bachiana brasileira no. 4: Preludio (Introdução); Coral (Canto do Sertão), con referencias a la música de la región de Sertón, que comprende los estados al noreste como Bahia, Piauí, Pernambuco, Alagoas, Paraíba, Rio Grande do Norte y Ceará; Ária (Cantiga) (sobre um tema do Nordeste) desarrolla una melodía de la tradicional canción “Oh Mana deix’eu ir” y, Dança (Miudinho) con ritmos de la popular “Vamo Maruca, vamo”.
Habría de ser el pianista y compositor José Viera Brandão (1911-2002), el más reconocido de sus intérpretes, el encargado del estreno el 27 de noviembre de 1939 en Río de Janeiro. Debido al buen recibimiento, Villa-Lobos volvió a las partituras para terminar arreglos para orquesta, presentando el concierto dos años después, a mediados de 1942, llevando él mismo la batuta.
Sería con las Bachianas brasileiras no. 5 para soprano y ocho violonchelos la obra más reconocida y popular y la colección de los Choros los que consolidarían a Villa-Lobos en la privilegiada posición entre los más influyentes de la música orquestal representativa de su país.
