Wagner, Richard - Obertura de la ópera _El holandés errante_

Richard Wagner (1813-1883)

Obertura de la ópera El holandés errante

Sumergido en la tempestad casi al borde de la ruina, su vida parecía mantenerlo como un barco a la deriva; endeudado por su alto estilo de vida y en medio de un tormentoso amor lleno de celos, drama y abandono por otro hombre. De regreso con su pareja, huyen de su infortunio de Riga cruzando el Báltico y el Mar del Norte para intentar probar suerte en París, sin documentos, escapando de la ley y embarcándose clandestinamente en el Thetis, un precario navío mercante no apto para largas travesías. La furia del agitado mar retrasó el viaje de una a más de tres semanas, obligándolos a atracar por días en un puerto noruego. Esas inclementes aguas agitadas y la profunda negritud de la noche alimentaron el miedo con las historias de los marineros sobre el barco fantasma de la leyenda del holandés errante, condenado a navegar eternamente por los mares. Solo esperaban la fría caricia de la muerte.

Este relato parece guion cinematográfico de aventura, pero fue real. Wagner y su esposa, la actriz Minna Planer pudieron llegar a salvo primero a Londres. Ese intenso y arriesgado viaje inspiraría al compositor a crear la ópera enriquecida con abundante literatura, como la novela “De las memorias del señor Schnabelewopski” de Heinrich Heine, la primera en dar forma a un capitán que pisaba tierra cada siete años con la esperanza de librarse de su maldición.

Al arribar a París en 1840, las condiciones no mejoraban. Wagner se ganaba la vida escribiendo diferentes textos musicales hasta terminar un año después una primera versión del libreto de la ópera de un acto al que llamó “El buque fantasma”. Sin embargo, a causa de su penuria económica debió aceptar venderlo por poco dinero. Paul Foucher se encargó de terminar el libreto con la música de Dietsch y esa obra francesa se estrenó en 1842 sin nada por recordar.

Como un obstinado marinero y dando un golpe de timón, el compositor realizó adaptaciones vocales, modificaciones a personajes y continuó tocando puertas hasta que El holandés errante se estrenó el 2 de enero de 1843 en Dresde bajo la dirección del propio Wagner. Aunque a los pocos días de zarpar escénicamente, la producción no pudo sortear las maldiciones a las que hacían referencia, atravesando múltiples dificultades de la puesta en escena, que terminó por naufragar tras unas cuantas representaciones.

Empecinado para no dejar encallada su obra, Wagner volvió en múltiples ocasiones a la partitura, modificó la orquestación casi una década después, escribió un nuevo final para la obertura y añadió otros pasajes, por lo que existen diversas versiones de la ópera, entre uno y tres actos. Es el soberbio holandés quien desafía navegar sin importar la adversidad del clima y recibe una maldición. Senta, hija de un capitán, lo sigue y se sacrifica por el amor del navegante arrojándose al mar acabando con ese infortunio. El barco se hunde y ambos se unen solo en la redención de la muerte.

De la obra completa, la Obertura suele interpretarse como pieza musical independiente en salas de conciertos en la que musicalmente se recrea el intempestivo mar en el que los personajes solo están a disposición de sus misteriosos comportamientos.

No es de sorprender que a partir de esta ópera con una temática legendaria, el mismo compositor alemán la considerara un nuevo comienzo, junto con sus obras Tannhäuser y Lohengrin, y se posicionara para su exitosa trayectoria antes de sus obras operísticas más reconocidas mundialmente.

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