Fauré, Gabriel - Preludio de la ópera _Pénélope_

Gabriel Fauré (1845-1924)

Preludio de la ópera Pénélope

Penélope esperó fiel por más de 20 años el regreso de su esposo Ulises -u Odiseo según sea narrada-, embarcado en una épica travesía por los mares terminada la Guerra de Troya, mientras sorteaba prudente y audazmente a más de un centenar de pretendientes, cuyas intenciones eran casarse con ella para convertirse en el nuevo rey de Ítaca. A Fauré le significó acaso una suerte de su propia epopeya buscando tiempo suficiente qué dedicar a la composición de este poema lírico en tres actos que representaba aquella historia y, probablemente más tiempo aún, para que esta obra se interpretase en el repertorio orquestal.

En realidad, en el catálogo del compositor francés fue notoria la música de cámara y coral, suites, nocturnos, canciones, su trabajo como profesor de piano y órgano, y únicamente compuso dos obras para ópera: la primera, Prometeo en 1900, de la que él mismo la consideraba una tragedia lírica, y esta, Penélope, basada en la mitología griega “La Odisea” de Homero. Hacia principios del siglo XX, era tendencia musical retomar la antigüedad clásica, por lo que suele atribuirse a la soprano suizo-francesa Lucienne Bréval (1869-1935) haber animado a Fauré a escribir la obra, quien se encontraba en el epílogo de su trayectoria compositiva. Sería la cantante quien tomara el papel protagónico.

Si no fue tanta la espera -ni trágica- como la historia de la paciente mujer con su amado esposo en Ítaca, Fauré tardó un lustro en terminar la composición musical por una sólida razón. Tendría apenas un par de años de recibir su demandante cargo como director del Conservatorio de París cuando empezó a trabajar en la obra en 1907. No obstante, debido múltiples responsabilidades docentes y administrativas por sus consecuentes reformas educativas, utilizaría sus descansos en verano en Suiza y algunas otras pausas para seguir con la empresa hasta concluir la partitura en agosto de 1912.

Para esos momentos, comenzaría a ser evidente su pérdida progresiva de la audición y una cada vez mayor debilidad física a causa de su enfermedad. Inclusive, es sabido que pidió al entonces joven dramaturgo francés René Fauchois (1882-1962), encargado del libreto, reducir de cinco a tres actos la ópera y eliminar el papel de Telémaco, hijo de los personajes.

El estreno de este drama lírico tuvo lugar el 4 de marzo de 1913 en la Ópera de Montecarlo, aunque el éxito llegaría a las pocas semanas en París en el escenario del Teatro de los Campos Elíseos. No obstante, se tornó casi dramático luego de que poco después hiciera lo propio la música y ballet de La consagración de la primavera de Stravinski y su no menos escandalosa presentación. Se sabe que el recinto teatral se fue a la quiebra en octubre de ese mismo año y tanto el escenario como el vestuario de la ópera de Fauré debieron venderse.

Quizás el destino, una conjura de los dioses griegos en esta propia odisea del compositor francés y hasta retrasos para montar la producción en otros escenarios europeos se sucedieron causados por la Primera Guerra Mundial, sin embargo, si bien es cierto, la fama y popularidad comenzaron a vislumbrarse varios años después. De los tres actos que la conforman, el Preludio se ha incorporado al repertorio de las orquestas como pieza independiente y sigue siendo interpretada en la actualidad en salas de conciertos, aunque ciertamente, de manera poco habitual.

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