Secretaría de Cultura de Ciudad de México
A mediados del siglo XIX, Mayer logró posicionarse entre las mujeres compositoras más sobresalientes de Europa, lidiando con limitantes para estudiar música, prejuicios de la sociedad y tragedias familiares que supo sortear para dedicarse a la música.
Durante su infancia, su acercamiento con la música se debió a clases privadas de piano. Posteriormente, casi a sus treinta años, se trasladó a menos de 100 kilómetros a Stettin, actualmente Szczecin, Polonia, a las orillas del río Óder, para continuar su formación en composición y ganarse la vida. Ahí enfrentó la prohibición para que mujeres estudiaran composición en la mayoría de instituciones y logró estudiar bajo la tutela particular de Carl Loewe, un prestigiado compositor y director de orquesta, quien pronto reconoció su talento.
Sus dotes musicales la llevaron a continuar su formación en Berlín y su carrera comenzó a despuntar publicando obras, ante la incomodidad de un medio mayoritariamente ocupado por hombres. En 1850 se interpretó un concierto únicamente con obras de su autoría dirigido por Wilhelm Wieprecht, uno de sus profesores, y el apoyo de Federico Guillermo IV y su esposa, Isabel Ludovica de Baviera, reyes de Prusia. Años después, llegaría a tocar para el beneplácito de la corte en Viena.
Compuesta en 1856, Sinfonía no. 7 en fa menor tiene una estructura de cuatro movimientos. El primero, Allegro agitato, está escrito en forma de sonata; el segundo, Adagio, comienza con un tema melódico tranquilo, llevado en la parte central a una variación solemne y regresa nuevamente a la calma; el Scherzo, Allegro vivace, inicia con un tema rítmico seguido por uno más calmado y, el Finale: Allegro vivace, expresa inicialmente un motivo con mayor potencia junto con otro más melódico. Se estrenó en abril de 1862 en Berlín.
Con casi 65 años compuso Obertura no. 6 (Obertura a Fausto) op. 46, inspirada en la tragedia de Goethe, una de sus obras orquestales más interpretadas en Europa y entre las más reconocidas en su vasto catálogo. Murió en Berlín por una neumonía, un mes antes de cumplir 71 años, sin casarse ni tener hijos.
Durante un tiempo considerable, su música quedó en el olvido. Una parte resguardada en la biblioteca de la capital alemana, aunque muchas otras, como sus últimas sinfonías -exceptuando esta séptima- no tuvieron la misma suerte a causa de la Segunda Guerra Mundial. No fue sino hasta que, en años recientes, Martina Sichardt, musicóloga originaria de Alemania, profesora jubilada de múltiples universidades, investigadora y en su momento violinista, publicó estudios sobre la compositora y causó un genuino interés entre la comunidad musical y académica por recuperar sus obras.