Scherzo fantastique, op. 25
Dos sucesos trágicos familiares enmarcan a esta obra orquestal de Suk, una de las más interpretadas en salas de conciertos de su repertorio, entre las más célebres en su catálogo de composiciones y, al mismo tiempo, más breves, como un funesto capítulo en la trayectoria del violinista y compositor bohemio: la muerte de Antonín Dvořák, quien fue parte de su formación musical y se convirtiera en su suegro, y en segunda instancia, el fallecimiento de su esposa Otilie Dvořaková.
Suk había estudiado en el Conservatorio de Praga siendo alumno de Dvořák en composición y orquestación. Así, conoció a Otilie, hija de su profesor, con quien se uniría en matrimonio en 1898. Pocos años después, inició su carrera como segundo violín con un cuarteto originalmente llamado Cuarteto Bohemio, que posteriormente sería conocido como Cuarteto Checo hasta su desintegración en 1934, llevando su música por diversas partes de Europa.
Compuesto en 1903, este scherzo -en cuyo sentido del idioma italiano significa broma o juego y se trata del movimiento más ligero en una sinfonía- tiene un inicio similar a una danza un tanto macabra que transita entre un tema de vals idílico en los instrumentos de cuerda, repetido en varias ocasiones, y que hacia el final ceden el paso a unas fanfarrias de metales.
Scherzo fantastique, op. 25 recibió su estreno el 18 de abril de 1905 en el Rudolfinum, Conservatorio de Praga. Para esa fecha, casi se cumpliría el primer año del fallecimiento de Dvořák por un cólico renal complicado por una gripe; actualmente, se dice que pudiera haber sido diagnosticado por una embolia pulmonar, y Otilie, pianista y compositora, perdería la vida el 5 de julio de 1905 a causa de una cardiopatía congénita, a los 27 años, apenas tres meses después de este concierto.
Aunque por su carácter este scherzo no guarda en sí mismo relación alguna con esos aciagos momentos, Suk dedicó su duelo empeñando sus esfuerzos para componer una obra sinfónica en memoria del gran compositor y al de su amada esposa. Sería con Sinfonía Asraël Op. 27, -llamado como el arcángel encargado de llevar las almas-, estrenada en 1907, cuyos movimientos transitan entre temática sobre la muerte, la amarga nostalgia, la tristeza, una marcha fúnebre, el dolor y la resignación para recordar a sus seres queridos.
A esta sinfonía le sucederían otras piezas más con este sentido reflexivo sobre cuestiones propias de la vida en la etapa adulta hasta la última de sus composiciones cuando su salud estaba muy deteriorada.
