Concierto para violín y orquesta no. 2 en re menor, op. 22
Allegro moderato
Romance. Andante non troppo
Allegro con fuoco – Allegro moderato, à la Zingara
La estadía temporal de Wieniawski en San Petersburgo tuvo dos importantes razones: la primera, cumplir con su contrato como solista de la corte del Zar Alejandro II, un prestigiado puesto que se había ganado por su enorme destreza, capacidad técnica y el reconocimiento que le daba su amplísima trayectoria ofreciendo conciertos por todos los rincones de Europa, incluido el Imperio Ruso; y la segunda, no menos importante para su vida personal, cumplir con una de las condiciones que le había impuesto el padre de su prometida que era contraer matrimonio y afianzar su situación económica.
Ya era bien sabido que el virtuosismo del violinista polaco lo llevó a ser quizá el concertista itinerante más destacado de la época, un prodigio desde su corta edad, llegando a ser comparado incluso con Niccoló Paganini.
Durante sus viajes por distintas ciudades europeas en la segunda parte del siglo XIX, Wieniawski hizo amistad con el compositor y pianista ruso Anton Rubinstein, quien en una gira por Londres le presentó a la familia Hampton. El violinista se enamoró de la joven Isabella Bessie-Hampton, con quien se casó en la iglesia de San Andrés tras una gira por Vilna y Varsovia.
Fue en 1860 cuando firmaría por una década al servicio del zar para actuar en conciertos de la corte, interpretar partes solistas en producciones de ópera y ballet en el Teatro Bolshoi, convirtiéndose también en director de orquesta y del cuarteto de cuerda de la Sociedad Musical Rusa, así como impartiendo clases de violín en la Escuela de Teatro. En esta etapa fue que Wieniawski compuso, entre muchas otras obras, Concierto para violín y orquesta no. 2 en re menor, op. 22, considerada una de sus obras cumbre, estrenada el 27 de noviembre de 1862 cuando la interpretó él mismo en San Petersburgo bajo la batuta de Anton Rubinstein.
La estructura de la pieza consta de tres movimientos, cada uno con exigencias técnicas notables e innovadoras en ese momento para su interpretación, como el Allegro moderato que da paso, sin pausa, al segundo movimiento Romance. Andante non troppo, mientras que el último, Allegro con fuoco, es rapsódico, libre para mostrar el virtuosismo del violín solista y que puede enmarcarse en el estilo gitano, influenciado probablemente por la música de Pablo de Sarasate.
Es precisamente al violinista y compositor nacido en Pamplona, Navarra, quien gozaba de enorme talento, habilidad desde niño y una técnica virtuosa que lo llevara a presentarse por distintos escenarios de Europa y América, y a quien se encontrara en diversas giras. Otros más hicieron lo propio para reconocer al virtuoso español, como Max Bruch con su Fantasía Escocesa, Op. 46; Joseph Joachim con Variaciones en mi menor, además de Camille Saint-Saëns y Antonín Dvořák, por mencionar algunos.
En sus vacaciones, Wieniawski gozaba con cada vez más periodos de libertad y lo motivaron a permanecer no más de seis años totales en San Petersburgo mientras continuaba recorriendo con sus giras diversas ciudades de Europa, como Londres, varias más en Holanda, París y Burdeos, en los países bálticos y escandinavos, en Bucarest, distintas alemanas, en su tierra natal, Bélgica y otras del Imperio Ruso. Ese intenso ajetreo de los múltiples compromisos y viajes, que alcanzaría también Estados Unidos, comenzaban a causar estragos en su salud.
Continuó tocando aún en detrimento de su salud hasta que llegaría el momento en que lo alcanzó la enfermedad y la pobreza.
Durante los últimos momentos de su vida, Wieniawski recibió el apoyo de Nadezhda von Meck, misma mecenas de Tchaikovsky, para recibir la mejor atención médica para atender su deteriorado estado, aunque no pudo recuperarse y perdió la vida días antes de cumplir 45 años de edad.
Dejó un enorme repertorio que ha sido interpretado por los más grandes violinistas, sociedades musicales llevan su nombre, uno de los concursos más antiguos de violín en Polonia, continúan reconociendo su música, no obstante, la herencia familiar, por decirlo de alguna manera, solo permaneció con la menor y séptima de sus hijas, Irena Regina, quien decidió seguir sus pasos y convertirse en compositora y pianista bajo el seudónimo de Poldowski.
