Mozart, Wolfgang Amadeus - _Sinfonía Concertante_ en mi bemol mayor, K 364

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sinfonía Concertante en mi bemol mayor, K 364

Allegro maestoso
Andante
Presto

Mozart ya no se sentía cómodo con el trabajo musical que realizaba para el arzobispo Hyeronimus Colloredo en Salzburgo, pues eran comunes los malos tratos y hasta ciertos desprecios en los pocos años de relación laboral. El prelado era impositivo, prepotente, autoritario, sin sensibilidad, y con exigencias que desagradaban y limitaban lo que podía hacer el joven compositor, a quien le invadía una sensación de ser subestimado en lo artístico, y quizá, hasta un tanto reprimido. Mozart quería liberarse de esas férreas formas de trabajo y pidió, junto a su padre Leopold, una oportunidad para buscar empleo en otros lugares. Solo recibió un despido, junto con la imperiosa necesidad de conseguir pronto una forma de seguirse haciendo cargo de su familia, llevándolos a transitar entre Mannheim y París.

Ese viaje entre ciudades le permitió tomar ciertos elementos musicales que se verían reflejados más tarde. Su estadía momentánea en París le otorgó a Mozart una madurez para componer y concebir nuevas ideas, además de experimentar con formas y estilos instrumentales. Uno de los más populares por esa época era la sinfonía concertante, que combinaba elementos del concierto solista con la sinfonía.

A pesar de su incansable búsqueda, Mozart no podía encontrar la manera de ganarse la vida, ya no era el niño prodigio que fue, y poco después, regresó a Salzburgo para continuar nuevamente bajo las órdenes de Colloredo como organista de la corte. Pero algo había engendrado en su capacidad creativa.

Así nació la Sinfonía Concertante en mi bemol mayor, K 364, fechada en 1779, cuando Mozart tenía 23 años de edad. Es considerada uno de los pilares en el repertorio para cuerdas, una pieza que combina características de una sinfonía con las de un concierto para dos solistas.

La obra se compone de tres movimientos, donde persiste un diálogo entre el violín y la viola, en el que este último se posiciona a la par del primero, no como un elemento secundario.

A los pocos años de componer esta obra, ya en 1781, Mozart decidió marcharse definitivamente para instalarse en Viena y dar paso a su etapa más prolífica, y al mismo tiempo, hacia el final de su vida, que llegaría una década después.

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