Angulo - Grieg - Schumann
Esta página documenta un concierto pasado.

Información: ¡Concierto precedido por música de cámara en el LOBBY!
Solista y músicos de la OFCM tocan una obra música de cámara antes del concierto. Disfruta nuestro programa de preconciertos.
Sábado, 23 de abril, 17:00 horas
Sala Silvestre Revueltas CCOY
Domingo, 24 de abril, 11:00 horas
Sala Silvestre Revueltas CCOY
SCOTT YOO, director
ORION WEISS, piano
Robert Schumann - Quinteto con piano Op. 44
Sábado, 23 de abril, 18:00 horas
Sala Silvestre Revueltas CCOY
Domingo, 24 de abril, 12:30 horas
Sala Silvestre Revueltas CCOY
SCOTT YOO, director
ORION WEISS, piano
Eduardo Angulo (1954) Pacífico
Pacífico
Como en nuestro primer encuentro en el mismo sitio, el retrato de Bela Bartók nos mira con benevolencia desde la pared del estudio. En este nuestro tercer encuentro con motivo de una obra suya, le pregunto a Eduardo Angulo sobre su pieza orquestal Pacífico, y él me cuenta una breve historia.
En noviembre de 1989, en la ciudad alemana de Erlangen, nace un niño: es Pablo Angulo, hijo del pianista mexicano Emilio Angulo, hermano del compositor. Pocos días después de este nacimiento, la Orquesta Filarmónica de la UNAM hace a Eduardo Angulo el encargo de una obra sinfónica, y la conjunción de ambos hechos da como resultado la partitura de Pacífico. Pablo ha nacido bajo el signo de Escorpión, que es signo de agua, y el Océano Pacífico (que de pacífico no tiene nada) es la gran presencia de agua sobre este mundo que habitamos. Sobre el nacimiento, el agua, el homenaje y la música, Eduardo Angulo ha escrito un texto que no sólo me aclara muchas cosas sino que me ahorra el ser un mal traductor de sus conceptos. El texto del compositor dice así:
Esta obra no constituye una descripción sonora del océano ni pretende ser un retrato de su inmensidad y fuerza; es una impresión subjetiva de los sentimientos evocados y, más que nada, la celebración de la llegada al mundo de un nuevo ser a quien se ama desde antes de su nacimiento. Además de una anticipación del mar, el inicio expresa la expectativa provocada por alguien a quien todavía no se conoce. Se ve algo que todavía no es el mar, tal vez una gaviota que atraviesa un cielo límpido y desciende poco a poco guiando nuestra mirada hasta la imponente presencia oceánica, quieta y contenida, pero que nos hace presentir su inmensa fuerza. El mar se retira, un receso que prepara el desencadenamiento de un golpe súbito donde los metales evocan fanfarrias medievales que anuncian la nuevo ser. El océano recobra la calma y se manifiesta la placidez del recién llegado. Sobreviene un nuevo encrespamiento que desemboca en una reconciliación: el estado más contemplativo del mar. Pareciera una inmersión precipitada en el gozo de la existencia y luego la emergencia gradual hasta flotar sobre la tranquila superficie. En el segundo receso callan los instrumentos a excepción de las maderas, que entonan un canto de carácter casi religioso; este coral es una reminiscencia lúdica del momento de la tarde en que los rayos oblicuos del sol despiertan la iridiscencia de la superficie marina. Se retoma el pulso del océano en un crescendo donde resuenan fanfarrias que conducen a un tutti orquestal a través del cual el océano hace gala de su fuerza, pero sin agresividad, pues ante todo es, como su nombre lo indica, pacífico. La obra fue un encargo de la Filarmónica de la UNAM y, dada la brevedad estipulada, se concibió como soneto orquestal. Las maderas y los metales desempeñan un papel protagónico en la exposición de los temas, en tanto que las cuerdas intervienen como basamento sonoro, una especie de ostinato que evoca al océano de apariencia inmóvil dentro de su eterno movimiento. La trama armónica está prácticamente libre de disonancias y las líneas melódicas son compactas; por consiguiente, la emoción provocada no se expresa mediante la evolución melódica sino a través de la variación dinámica y la secuencia armónica. El propósito de esta obra es la transparencia, la expresión deliberadamente directa y accesible, sin recurrir a elementos gratuitamente complejos que pudieran empañar la comunicación sonora. La actual música de concierto peca de elitista al utilizar un lenguaje críptico, solo para los entendidos, pues se necesita un cúmulo de conocimientos especializados para poder disfrutar la experiencia auditiva. Este soneto orquestal busca primordialmente comunicarse con el oyente no a través de ese tipo de recursos, sino mediante el lenguaje emotivo más primigenio y directo: la música.
La partitura de Pacífico fue terminada en la primavera de 1990 y está dedicada a Pablo Angulo. Al terminar esta obra y preparar su estreno, Eduardo Angulo prepara también el estreno (en el marco del Festival Internacional Cervantino de 1990) de su obra Páginas en bronce para dos guitarras, a cargo del dúo Ad Libitum. El compositor espera también las condiciones necesarias para el estreno de su Concierto para clavecín y orquesta, que data de 1987. Y cuando me marcho, dejando atrás la líquida mirada del retrato de Bela Bartók, Eduardo Angulo retorna al piano para continuar la composición de su Concierto para viola y orquesta, que escribe para el violista Bogdan Zawistowski.
Pacífico fue estrenada el 8 de diciembre de 1990 por la Orquesta Filarmónica de la UNAM, dirigida por Jesús Medina, en la Sala Nezahualcóyotl. Siete años más tarde, la obra fue grabada en una excelente producción discográfica alemana por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia.
Edvard Grieg (1843-1907) Concierto para piano y orquesta en la menor, Op. 16
Concierto para piano y orquesta en la menor, Op. 16
A pesar de la indiscutible popularidad (bien justificada) de su Concierto para piano, Grieg nunca ha sido considerado como un compositor realmente importante o notable. Acaso, se menciona que ha sido el más importante compositor surgido en Noruega, y esto es indudablemente cierto. El catálogo de composiciones de Grieg muestra que fue ante todo un miniaturista competente, y es precisamente esta cualidad suya la que ha sido motivo de algunas de las principales críticas que se le han hecho a lo largo del tiempo. Por ejemplo, el compositor francés Vincent D’Indy (1851-1931), quien también ejercía labores de crítica, escribió un texto en el que intentaba comparar a Robert Schumann (1810-1856) con Grieg (ejercicio inútil, por cierto, aunque sus respectivos conciertos para piano suelen estar grabados con frecuencia en el mismo disco) y decía que a diferencia de Schumann, el compositor noruego no poseía ni la belleza del contenido ni la habilidad en la orquestación. En otro artículo, D’Indy seguía esta misma línea de pensamiento respecto a Grieg:
Si bien Grieg fue un agradable improvisador de canciones más o menos nacionales, no era un sinfonista, y nunca pudo convertirse en uno.
Fue otro francés, Claude Debussy (1862-1918) quien supo resumir mejor el carácter de la música de Grieg. Refiriéndose a algunas de las piezas para piano de su colega noruego, Debussy afirmaba que le parecían como bombones color de rosa rellenos de nieve. Fue esta tendencia de Grieg hacia la miniatura delicada la que hizo que sólo produjera dos obras mayores y realmente trascendentes: su música incidental para el drama Peer Gynt de Ibsen y su famoso Concierto para piano. Grieg inició la composición de su Concierto para piano en 1868, cuando tenía 25 años de edad. Mientras trabajaba en la obra recibió una carta en la que Franz Liszt (1811-1886) alababa inesperadamente su Sonata para violín y piano Op. 8. Gracias a esa carta, el gobierno noruego facilitó a Grieg los recursos necesarios para realizar una visita a Liszt en Roma. La visita se realizó al año siguiente y Grieg partió hacia Roma llevando consigo el manuscrito de su recién terminado Concierto para piano. De la presentación de la obra a Liszt, el propio Grieg hizo una estupenda descripción, en una famosa carta a sus padres que hoy suele citarse siempre que se habla de esta obra. En la carta, Grieg contaba que al presentarle la partitura a Liszt, el compositor y pianista húngaro le había preguntado si podía tocarla, a lo que Grieg respondió que no, porque no la había ensayado. Entonces Liszt tomó la partitura, se sentó ante el piano y leyó la obra de Grieg a primera vista. El músico noruego tuvo que indicarle la velocidad correcta del primer movimiento, después de lo cual Liszt tocó la obra como si él mismo la hubiera escrito, dándose el lujo, además, de charlar y comentar la pieza con sus invitados al mismo tiempo. En un punto específico de la partitura, en el último movimiento, un tema emocionó tanto a Liszt que se interrumpió para levantarse del piano y recorrer la habitación a grandes zancadas cantando el tema a todo pulmón. Finalmente, después de terminar de tocar la obra de Grieg, Liszt le devolvió el manuscrito al compositor noruego y le dijo:
Siga firme en su camino. En verdad le digo, usted tiene capacidad. Y sobre todo, no se deje intimidar.
En efecto, Grieg siguió el consejo de Liszt; regresó a Noruega y continuó componiendo sus canciones, sus piezas para piano y sus demás miniaturas, sin dar importancia a la opinión de los críticos. Es claro que la popularidad del Concierto para piano de Grieg tiene mucho que ver con el hecho de que algunos de sus temas y melodías son, precisamente, como esos bombones de nieve color de rosa a los que se refería Debussy, pero dotados de una vitalidad muy peculiar gracias a inteligentes aunque discretos toques de orquestación y a algunos momentos de un impulso rítmico muy efectivo. El estreno del Concierto para piano de Grieg se llevó a cabo en la ciudad de Copenhague el 3 de abril de 1869, con el compositor como solista. La partitura quedó dedicada al notable pianista noruego Edmund Neupert.
En 1883 Grieg inició la composición de su Segundo concierto para piano, proyecto que finalmente abandonó para dedicarse a la revisión del concierto de 1868. El compositor revisó y alteró significativamente la orquestación de la obra entre 1906 y 1907, terminando finalmente la revisión un año antes de su muerte. En cuanto al posible contenido nacionalista de la obra es posible mencionar que en el tercer movimiento Grieg utiliza una danza popular noruega llamada halling como motivo melódico y como impulso rítmico. Como corolario se puede decir que la popularidad de este concierto lo ha hecho víctima de algunos abusos a los que la música famosa es sometida con frecuencia. En la década de los 1940s un tal Freddy Martin compuso una canción basada en el primer tema del Concierto para piano de Grieg, canción que llegó a estar incluso en lo alto del Hit Parade en los Estados Unidos. Y por si fuera poco, algunas melodías del concierto aparecieron en una almibarada comedia musical titulada Canción de Noruega.
Allegro molto moderato
Adagio
Allegro moderato molto e marcato - Quasi presto - Andante maestoso
Robert Schumann (1810-1856) Sinfonía No. 4 en re menor, Op. 120
Sinfonía No. 4 en re menor, Op. 120
Cuando uno se da a la tarea de escribir sobre música, no puede menos que pensar en la deuda contraída automáticamente con todos aquellos que, en tiempos pasados, lo han hecho por un motivo u otro. Salvo raras excepciones, todo lo que sobre música escribimos nace de lo escrito por las plumas de otros, en un lenguaje u otro, en notas o en palabras: compositores, instrumentistas, directores de orquesta, críticos musicales, ensayistas, musicólogos, educadores, historiadores, melómanos ilustrados, y tantos otros que con sus letras nos han abierto las puertas del mundo de la música. Sin embargo, al aceptar esa deuda, a veces olvidamos dar las gracias a un grupo de personas que, sin duda, han contribuido enormemente a nuestro conocimiento de la música de todos los tiempos: me refiero a todos aquellos que en una época u otra se han dado a la tarea de escribir un diario. Ese extraño impulso de terminar cada jornada consignando al papel lo más interesante del día es sin duda una de las más ricas e interesantes fuentes de información en torno a cualquier actividad humana, y la música no es la excepción. En este caso particular, el agradecimiento va para la pianista y compositora Clara Wieck, quien en 1840 se convirtió en Clara Schumann (1819-1896) al casarse con el compositor alemán Robert Schumann. A los diarios de Clara debemos muchísima información sobre Schumann y su música, y sobre el ambiente musical alemán del siglo XIX. Así pues, iniciemos la consulta del diario de Clara Schumann, en particular la entrada que corresponde al día 31 de mayo de 1841. Dice así:
Robert inició ayer otra sinfonía, que será en un movimiento pero tendrá un adagio y un final. No he oído nada de la obra pero oigo el constante ajetreo de Robert y escucho constantemente el re menor en la distancia, por lo que sé que otra obra está tomando forma en el fondo de su alma.
Lo más interesante de este párrafo es, sin duda, la asociación directa que Clara Schumann hace entre la tonalidad de re menor y las profundidades del alma del compositor. Es especialmente significativo en este contexto el hecho de que el propio Schumann escribió un artículo en el que intentaba resolver (sin éxito) el curioso problema de la caracterización de las tonalidades. Afirmaba Schumann, con razón, que era igualmente inadmisible suponer que un sentimiento determinado sólo podía ser expresado musicalmente a través de una tonalidad específica, o sostener que cualquier sentimiento podía ser expresado en cualquier tonalidad. Aparentemente, nadie ha podido resolver esta cuestión, ni desde el punto de vista de la percepción subjetiva, ni desde el punto de vista de la acústica. El caso es que la Cuarta sinfonía de Schumann, que según su mujer emergía desde el fondo de su alma, estuvo terminada en septiembre de 1841, y el compositor ofreció el manuscrito a su esposa el día en que bautizaron a su primer hijo. Suele considerarse a esta sinfonía como lo mejor de la producción de Schumann, y esta opinión fue establecida por sus contemporáneos. Treinta años después de la muerte de Schumann, el compositor Johannes Brahms (1833-1897) escribió lo siguiente sobre la Cuarta sinfonía:
La instrumentación original siempre me ha encantado. Es un verdadero placer ver algo tan espontáneo y brillante expresado con tanta gracia y facilidad. Me recuerda a la Sinfonía en sol menor (la número 40) de Mozart, sin compararla en otros aspectos. Todo es tan natural que es imposible imaginarlo de modo diferente. No hay colores duros, no hay efectos forzados. Por otra parte, hay que reconocer que el disfrute de la versión revisada tiene también sus ventajas.
A lo que Brahms se refería respecto a lo original y lo revisado puede explicarse fácilmente. De hecho, esta sinfonía es la segunda escrita por Schumann, aunque hoy la conocemos como la cuarta de su catálogo. Sucedió que el compositor, insatisfecho con la obra después de su estreno, la retiró y la guardó hasta 1851, año en que la revisó, realizando modificaciones sustanciales en el manuscrito original. Para entonces, Schumann ya había escrito y publicado otras dos sinfonías. La versión revisada de la sinfonía en re menor fue estrenada en 1853 y publicada ese mismo año, y si bien consta de cuatro movimientos, siempre fue la intención de Schumann que se tocaran en forma continua, sin interrupciones. La sinfonía fue dedicada por Schumann al gran violinista Joseph Joachim con estas palabras:
Cuando las primeras notas de esta sinfonía fueron despertadas, Joseph Joachim era aún un pequeñuelo; desde entonces, la sinfonía y el pequeñuelo han crecido, por lo que la dedico a él, aunque solamente en privado.
Para finalizar con una última referencia a la percepción de la tonalidad de esta sinfonía: en un curioso texto en el que se intenta analizar el carácter de cada tonalidad musical, nos enteramos de que re menor es considerada como una tonalidad contemplativa y apasionada, casi religiosa, de carácter devocional y tranquilo, y al mismo tiempo noble. ¿Serán estas, en verdad, las cualidades de la Cuarta sinfonía de Schumann?
Andante-Allegro
Romanza
Scherzo
Finale: Largo-Allegro
Scott Yoo

Director(a)
Scott Yoo es director principal y director artístico de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México y director musical del Festival Mozaic. Es también anfitrión y productor ejecutivo de la nueva serie de PBS Now Hear This, primera serie sobre música clásica en la televisión estadounidense agendada para prime time en 50 años. Es director del festival de música de Colorado College y fundador del Medellín Festicámara, programa de música de cámara que reúne a artistas de talla mundial con jóvenes músicos desfavorecidos.
En el último año, el Mtro. Yoo dirigió la London Symphony Orchestra y la Royal Scottish National Orchestra en grabaciones para Sony Classical. Ha dirigido las sinfónicas de Colorado, Dallas, Indianápolis, Nuevo Mundo, San Francisco y Utah, y a la Orquesta de Cámara de St. Paul tanto en su festival propio, el Elliott Carter, como en su debut en el Carnegie Hall. En Europa ha dirigido la English Chamber Orchestra, la City of London Sinfonia, la Britten Sinfonia, la orquesta filarmónica de Radio Francia, el ensamble orquestal de Paris, la Odense Symphony y la Sinfónica Nacional de Estonia. En Asia el Mtro. Yoo ha dirigido la Orquesta sinfónica Yomiuri Nippon en Tokio, la Filarmónica de Seúl y Filarmónica de Busan en Corea.
Como defensor de la música de nuestro tiempo, Yoo ha estrenado 71 obras de 38 compositores. Con la orquesta de cámara Metamorphosen, grabó American Seasons de Mark O'Connor para Sony Classical; con la orquesta de cámara John Harbison, trabajando con la soprano Dawn Upshaw para Bridge Records, consiguieron la nominación al National Public Radio Performance Today; y los ciclos de canciones de Earl Kim con las sopranos Benita Valente y Karol Bennett para el sello New World, grabación que recibió el Critics Choice en el New York Times. Otros de sus proyectos de grabación incluyen la obra integral para orquesta de Earl Kim con la Orquesta Nacional de Irlanda RTE para el sello Naxos, las obras de Carter, Lieberson y Ruders, y el ciclo de conciertos para piano de Mozart.
Como violinista, Yoo se ha presentado como solista en la Boston Symphony, la Dallas Symphony, la San Francisco Symphony, la Colorado Symphony, la Indianapolis Symphony, la New World Symphony y la Orquesta de St. Luke's. También ha sido invitado a festivales de música de cámara en todo Estados Unidos, como el Bargemusic, el propio de la Boston Chamber Music Society, con la Chamber Music Society del Lincoln Center, el Kingston Chamber Music Festival, Laurel Music Festival, New Hampshire Music Festival y el Seattle Chamber Music Festival.
Tras comenzar sus estudios musicales a la edad de tres años, recibió el primer premio en el Concurso Internacional de Violín Josef Gingold en 1988, el Young Concert Artists International Auditions en 1989 así como la beca de carrera Avery Fisher en 1994. En 1993 fundó la orquesta de cámara Metamorphosen, que ha dirigido en los conciertos por suscripción en la Jordan Hall en Boston y en el Troy Savings Bank Music Hall en Troy, Nueva York; de gira también en lugares como Avery Fisher Hall y 92nd Street. 'Y' en Nueva York y la Biblioteca del Congreso en Washington.
Scott Yoo nació en Tokio y se crió en Glastonbury, Connecticut. Hijo de madre japonesa y padre coreano, asistió a la Universidad de Harvard, donde obtuvo la licenciatura. Estudió violín con Roman Totenberg, Albert Markov, Paul Kantor y Dorothy DeLay, y dirección orquestal con Michael Gilbert y Michael Tilson-Thomas.
Orion Weiss

Piano
"Cuando fuiste nombrado como una de las mayores constelaciones en el cielo nocturno, tienes la presión de mostrar un poco de poder de las estrellas - el joven pianista Orion Weiss hizo exactamente eso ..." - The Washington Post
Como uno de los más solicitados solistas en su generación de jóvenes músicos americanos, el pianista Orion Weiss se ha presentado con las principales orquestas norteamericanas, incluyendo la Sinfónica de Chicago, la Boston Symphony, la Filarmónica de Los Ángeles, y la Filarmónica de Nueva York. Sus interpretaciones, sentidas y excepcionalmente confeccionadas, van más allá del dominio técnico y le han generado el reconocimiento en todo el mundo.
Tras un exitoso debut con la Cleveland Orchestra en 1999 de profundo reconocimiento, Weiss se graduó en la reputada Julliard School en 2004 bajo la tutela de Emmanuel Ax, Nombrado por Classical Foundation Artista Joven del Año en 2010, tocó en el verano de 2011 con la Orquesta Sinfónica de Boston en Tanglewood como reemplazo de última hora del pianista consagrado Leon Fleisher para continuar con una exitosa carrera como solista, recitalista y en la música de cámara. Ha actuado con la Filarmónica de Los Ángeles, la San Francisco Symphony, la Orquesta de Filadelfia, la Pittsburgh Symphony, la Orquesta Sinfónica de Toronto, National Arts Centre Orchestra, y Orpheus Chamber Orchestra; en conciertos de verano a dúo con la Filarmónica de Nueva York, y la Orquesta Sinfónica de Baltimore entre otras. En 2005, realizó una gira por Israel con la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Itzhak Perlman.
En 2012 publicó un álbum con obras de Dvorak, Prokofiev, Bartók y encabezó un proyecto de grabación con la obra integral de Gershwin también con Joann Falletta y sus colaboradores de la Filarmónica de Buffalo.
Como músico de cámara se presenta regularmente con su esposa la pianista Anna Polonsky, el violinista James Ehnes, y el violonchelista Zuill Bailey, así como con el Cuarteto Pacifica. Su trayectoria como recitalista ha sido aclamada en salas de Estados Unidos y desde 2005 en Europa. Fue miembro del programa de la Sociedad de Música de Cámara Segunda de la Sala Music Society del Lincoln Center.
Ha sido galardonado por importantes premios que incluyen el Gilmore Young Artist Award, el Avery Fisher Grant , la Beca Gina Bachauer en la Juilliard School y la beca Mieczyslaw Munz. Un nativo de Lyndhurst, OH, Weiss estudió en el Instituto de Música Cleveland. Ha estudiado con Paul Schenly, Daniel Shapiro, Sergei Babayan, Kathryn Brown, y Edith Reed.
Entre otros importantes logros, vale la pena mencionar que en marzo de 1999, con menos de 24 horas de antelación, Weiss intervino para reemplazar a André Watts con el 2° concierto para piano de Shostakovich con la Orquesta Sinfónica de Baltimore.
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