López Antón dirige Haydn, Moncayo y Glazunov
Esta página documenta un concierto pasado.
Información: ¡Concierto precedido por música de cámara en el LOBBY!
Solista y músicos de la OFCM tocan una obra música de cámara antes del concierto. Disfruta nuestro programa de preconciertos.
Sábado 20 de mayo, 17:00 horas
Domingo 21 de mayo, 11:30 horas
Vestíbulo de la Sala Silvestre Revueltas
JACOB DEVRIES, clarinete
WILFREDO PÉREZ GAYDOS, violín
FARATHNAZ DANELE GONZÁLEZ, violín
DAVID ESPINOSA, viola
CARMEN URIBE, violonchelo
WOLFGANG AMADEUS MOZART - Quinteto para clarinete en La Mayor, K. 581
Sábado 20 de mayo, 18:00 horas
Domingo 21 de mayo, 12:30 horas
Sala Silvestre Revueltas CCOY
JOSÉ LUIS LÓPEZ ANTÓN, director huésped
Franz Joseph Haydn (1732-1809) Sinfonía no. 96 en Re Mayor, Hob I:96 El Milagro
Sinfonía no. 96 en Re Mayor, Hob I:96 El Milagro
Fue por invitación del violinista y promotor de conciertos Johann Peter Salomon que Joseph Haydn realizó su primera visita a Londres en 1791 (el año de la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart) para iniciar lo que sería una fructífera relación con su anfitrión. En los años siguientes, Haydn compuso las doce últimas sinfonías de su vasto catálogo, conocidas colectivamente como las Sinfonías Londres, para ser estrenadas en los conciertos organizados por Salomon. Escritas entre 1791 y 1795, estas sinfonías son consideradas como el logro más alto de Haydn (y de su tiempo) en el ámbito de la creación sinfónica. (Algunas fuentes musicológicas y biográficas apuntan hacia la posibilidad de que algunas de estas doce sinfonías hayan sido escritas por Haydn antes de viajar a Londres, como preparación para los conciertos de Salomon). Entre estas doce últimas sinfonías (numeradas de la 93 a la 104) se encuentran varias de las muchas que llevan un sobrenombre en el catálogo del compositor de Rohrau: La sorpresa, El milagro, Militar, El reloj, Redoble de timbal, y la última de la serie, a la que se ha designado indistintamente como Sinfonía Londres o Sinfonía Salomon. Vale la aclaración de que la mayor parte de los sobrenombres que llevan numerosas obras de Haydn (sobre todo sus sinfonías y sus cuartetos de cuerda) son póstumos y apócrifos. El sobrenombre de El milagro con que se conoce a la Sinfonía No. 96 de Haydn surge de una anécdota muy truculenta, digna de El fantasma de la ópera. Se dice que una noche de 1795 en que la obra fue interpretada bajo la dirección del compositor en el King’s Theater de Londres, el público se había arremolinado en masa en las primeras filas, casi sobre el escenario, para ver a Haydn dirigir de cerca. Así, cuando en medio de la ejecución cayó sobre la platea un enorme candelabro, no había nadie ahí y no fue necesario reportar muertos ni heridos. El sobrenombre de El milagro quedó asociado para siempre a esta sinfonía, pero no deja de ser curioso que cuando el primer biógrafo de Haydn, Albert Christoph Dies, comentó la anécdota del candelabro con el compositor, éste le contestó escuetamente: “No sé nada de eso”.
La orquestación planteada por Haydn para esta sinfonía incluye dos flautas, dos oboes, dos fagotes, dos cornos, dos trompetas timbales y cuerdas. Es interesante notar, por comparación, que los clarinetes no aparecen en la producción sinfónica de Haydn sino a partir de la Sinfonía No. 99, y están presentes (siempre en pareja) en todas las sinfonías posteriores, excepción hecha de la Sinfonía No. 102. La Sinfonía No. 96 de Haydn fue estrenada en Londres en 1791, probablemente el día 11 de marzo, según las investigaciones del musicólogo H. C. Robbins Landon. Este dato cronológico es interesante porque la fecha coincide con el día de inicio de la primera temporada de conciertos con obras de Haydn producida por el empresario y promotor Salomon. Este concierto inaugural, como casi todos los de la serie, se realizó en la sede conocida como Hanover Square Concert Rooms. El propio Haydn dio noticia, en su diario personal, del éxito con que fue recibida su Sinfonía No. 96 la noche de su estreno:
En el primer concierto de Mr. Salomon, causé furor con una nueva sinfonía, y fue necesario repetir el Adagio, cosa que nunca antes había ocurrido en Londres. No es usual escuchar tal cosa de los labios de un inglés.
Ese Adagio que tanto gustó a los ingleses presenta una característica muy atractiva. Hacia las últimas páginas del movimiento, Haydn escribió un episodio que parece una cadenza escrita, en la que varios instrumentos tienen breves partes solistas. En este sentido, esta sección del movimiento lento de la Sinfonía No. 96 parecería pertenecer a una sinfonía concertante. Como en muchas otras sinfonías de Haydn, el Allegro inicial de la Sinfonía No. 96 va precedido por una introducción lenta y solemne, que tiene como protagonista a un interesante solo del oboe. Este instrumento vuelve a tener un papel protagónico más adelante, en el Trío del Minueto.
Adagio – Allegro
Andante
Menuetto. Allegretto – Trio
Finale: Vivace assai
José Pablo Moncayo (1912-1958) Sinfonietta
Sinfonietta
¡Extra! ¡Extra! ¡Entérese sin tener la vista fija! ¡Noticia de no tan última hora! José Pablo Moncayo, compositor jalisciense nacido en Guadalajara y muerto en la ciudad de México, sí compuso más música que el ubicuo y famosísimo Huapango. Ahora usted podrá decir que lo leyó aquí antes que en ninguna otra parte. Para muestra de que Moncayo no es sólo el Huapango, va una incompleta relación de algunas de sus otras músicas:
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Amatzinac, para flauta y cuerdas
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Hueyapan
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Cumbres
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Llano alegre
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Muros verdes, para piano
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Sinfonía
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Sonatina para violín
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Sonatina para violín y piano
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Romanza para violín, violoncello y piano
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Sonata para violín y violoncello
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La mulata de Córdoba, ópera
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Tierra de temporal
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Homenaje a Cervantes
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Tres piezas para orquesta
Después de este breve e incompleto recuento, se impone la pregunta: ¿cómo es posible que cedamos con tanta frecuencia a la tentación de enloquecer con el Huapango y nunca nos preocupemos por el resto de la producción de Moncayo? ¿Será el triste destino de este compositor pasar a la historia como uno de tantos músicos de una sola obra?
La posibilidad de situar a Moncayo en el centro mismo del pensamiento musical nacionalista queda más allá de toda duda. A su propia vocación por lo nacional hay que añadir, de modo importante, su contacto académico con Carlos Chávez (1899-1978) y Candelario Huízar (1883-1970). Más tarde, Moncayo une sus esfuerzos musicales a los de Blas Galindo (1910-1993), Salvador Contreras (1910-1982) y Daniel Ayala (1906-1975) para formar el notorio Grupo de los Cuatro, cuyo guía espiritual fue Carlos Chávez. En el caso de Moncayo, la relación con Chávez fue más allá de lo académico: durante más de una década, a partir de 1932, Moncayo estuvo asociado con el trabajo de la Orquesta Sinfónica de México. Primero, como pianista y percusionista; después como subdirector del conjunto; finalmente, como su director artístico. Fue precisamente para una de las temporadas de la Orquesta Sinfónica de México que Moncayo escribió su Sinfonieta, terminando la partitura el 3 de julio de 1945, con el estreno previsto para el día 13 del mismo mes. Paréntesis retórico: ¿cuántos de los buenos compositores mexicanos de hoy tienen la fortuna de que sus obras sean estrenadas diez días después de terminadas? A veces pasan diez años...
Para volver a Moncayo después de esta digresión, se impone un rápido vistazo a los programas de la Orquesta Sinfónica de México a mediados de la década de los 1940s. Ahí es posible encontrar el programa de mano correspondiente al programa número 9 de la temporada número 18 de la orquesta. La fecha, 13 de julio de 1945. El lugar, el Teatro de Bellas Artes, donde la orquesta estrena la Sinfonieta bajo la dirección del compositor. El resto del programa, típico de aquellos tiempos: la Sarabanda de La hija de Cólquide de Carlos Chávez; Pedro y el lobo de Sergei Prokofiev (1891-1953); las Cinco piezas Op. 10 de Arnold Schoenberg (1874-1951); y El pájaro de fuego de Igor Stravinski (1882-1971). Y si de hacer un poco de historia se trata, bien vale la pena recordar aquí que por aquella época la Sinfónica de México estaba llena de personajes importantes de nuestra música. El titular era Chávez; el subdirector era Moncayo; el director ayudante, Blas Galindo. Y al interior de la orquesta era posible hallar a Armando Lavalle (1924-1994) en la sección de violas y a Candelario Huízar como bibliotecario.
El caso es que esa noche de julio de 1945 se estrenó la Sinfonieta de Moncayo, obra que no dejó de causar cierta sorpresa entre el público y entre algunos músicos. Cuatro años antes se había estrenado el Huapango con un éxito rotundo e imperecedero, por lo que el público esperaba de la Sinfonieta otra colección de tonadas fáciles y pegajosas. En cambio, Moncayo propuso en esta obra un discurso musical menos folklórico y más universal. Mexicano, sí, pero no necesariamente mexicanista. Uno de los elementos sorpresivos de la Sinfonieta está en el principio mismo de la obra, y fue bien señalado por Francisco Agea en sus notas al programa del estreno: un inicio sincopado que recuerda la música popular de los Estados Unidos. ¡Nada más eso faltaba, que este ilustre huapanguero se convirtiera en un adorador del ragtime! El público, sin embargo, no se molestó en absoluto; se concretó a sorprenderse y luego a aplaudir con respeto la pieza de Moncayo, quizá con cierta decepción al no hallar en esta obra un ámbito sonoro similar al del Huapango. Como su nombre lo indica, una Sinfonieta es una sinfonía chica, no muy grande, planeada según los parámetros del quehacer sinfónico (léase forma sonata) pero en una dimensión menor. La de Moncayo, por ejemplo, se desarrolla en tres movimientos ininterrumpidos (allegro-lento-allegro), donde el tercero es una reexposición del primero. Y como no faltará algún despistado que insista en que una Sinfonieta es un concepto musical de origen italiano, vale la pena aclarar esto: lo único que de italiano tiene la Sinfonieta como forma musical es el nombre. Es bien sabido que a pesar de muchas otras riquezas musicales indiscutibles, en Italia nunca se dio el sinfonismo con la generosidad que surgió en otras latitudes. Así, parece que el primero en utilizar el término Sinfonieta para una obra musical fue Nikolai Rimski-Korsakov, en 1880. Después de él, muchos otros compositores se han amparado bajo la forma de la Sinfonieta: Max Reger, Sergei Prokofiev, Leos Janácek (1854-1928), Benjamin Britten (1913-1976), Walter Piston (1894-1976), Francis Poulenc (1899-1963), Paul Hindemith (1895-1963), Ernst Krenek (1900-1991), Lennox Berkeley (1903-1989), Darius Milhaud (1892-1974), Bohuslav Martinu (1890-1959), etc.
Así pues, con la audición de esta Sinfonieta mexicana, hoy quedará usted plenamente convencido de que Moncayo sí compuso algunas otras músicas que bien vale la pena escuchar, además del sabroso Huapango, y de que no toda su música se presta tan idealmente a la emoción patriótica y el aplauso fácil.
Alexander Glazunov (1865-1936) Sinfonía no. 4 en Mi bemol Mayor, op. 48
Sinfonía no. 4 en Mi bemol Mayor, op. 48
En un breve artículo enciclopédico sobre Alexander Glazunov y su obra, el musicólogo Boris Schwarz escribió un párrafo que es especialmente interesante para la discusión de Glazunov como sinfonista. Dice Schwarz:
Al interior de la música rusa, Glazunov ocupa un lugar significativo porque logró reconciliar lo ruso con lo europeo. Fue el heredero directo del romanticismo de Balakirev, pero tendió más hacia la grandiosidad épica de Borodin. Al mismo tiempo, absorbió el virtuosismo orquestal de Rimski-Korsakov, el lirismo de Chaikovski y la habilidad contrapuntística de Taneyev. Había una vena de academismo en Glazunov que en ocasiones tendía a dominar su inspiración, y un eclecticismo al que le faltaba el auténtico sello de la originalidad. Los compositores más jóvenes (Prokofiev, Shostakovich) lo abandonaron por anticuado, pero Glazunov sigue siendo un compositor de imponente estatura e influencia estabilizadora en una época de caos y transición.
¿Por qué digo que este párrafo es particularmente importante como posible punto de partida para discutir las sinfonías de Glazunov? Porque una relectura de lo escrito por Schwarz permite apreciar que ahí están mencionados prácticamente todos los sinfonistas rusos importantes (faltarían, acaso, compositores como Aram Khachaturian (1903-1978) y Vasily Kalinnikov (1866-1901)), lo que ofrece una perspectiva que permite poner a Glazunov en su verdadero contexto como creador de sinfonías. La trayectoria de Glazunov como sinfonista se inicia en los años 1881-1882, cuando compone su Primera sinfonía, titulada Slavianskaya y revisada en 1885 y más tarde en 1929. Las siguientes tres sinfonías de Glazunov fueron creadas respectivamente en 1886, 1890 y 1893. En el año de 1889 Glazunov fue a París como director de orquesta a participar en la Exposición Mundial, interpretando su Segunda sinfonía. Si bien esta presentación no fue un éxito rotundo, ya que Glazunov nunca pudo dominar a fondo el arte de dirigir, al menos le permitió acceder a un reconocimiento internacional que antes no tenía. A pesar de ello, sufrió una crisis creativa, particularmente en los años 1890 y 1891, de la cual salió para crear durante el resto de esa década tres sinfonías más, dos cuartetos de cuerda y el más exitoso de sus ballets, Raymonda. El panorama de Glazunov como sinfonista puede resumirse en este breve cuadro:
Sinfonía No. 1 1881-1882
Sinfonía No. 2 1886
Sinfonía No. 3 1890
Sinfonía No. 4 1893
Sinfonía No. 5 1895
Sinfonía No. 6 1896
Sinfonía No. 7 1902
Sinfonía No. 8 1906
Sinfonía No. 9 1910 (Inconclusa)
La Cuarta sinfonía de Alexander Glazunov representa un interesante punto de inflexión en esta cronología, por dos razones. La primera tiene que ver con el hecho de que, a diferencia de las tres anteriores, la Cuarta sinfonía está escrita en tres movimientos, en lugar de los cuatro tradicionales. La segunda razón está en el contenido puramente musical de sus temas; si en las primeras tres sinfonías Glazunov había recurrido con cierta frecuencia a materiales populares y folklóricos para la conformación de su material temático, en la Cuarta sinfonía se aparta de esa fuente para crear temas de corte más subjetivo, si bien no del todo abstractos. El propio Glazunov afirmó que este alejamiento de las fuentes tradicionales le permitió abordar en esta sinfonía una expresión más libre y personal. Y si bien Glazunov se apartó de la tendencia nacionalista en esta sinfonía, tampoco creó una obra del todo pura. Se dice que el segundo movimiento de la sinfonía tiene la intención de representar con sonidos una de las más famosas obras del gran pintor suizo Arnold Böcklin, La cacería de Diana.
Alexander Glazunov terminó el manuscrito de la Cuarta sinfonía el 4 de diciembre de 1893, y la obra fue estrenada el 22 de enero de 1894 en la sala de conciertos del Salón de la Nobleza en San Petersburgo, bajo la dirección de Nikolai Rimski-Korsakov (1844-1908), quien afirmó que esta obra es maravillosa, noble y expresiva. Se dice que, años más tarde, la hija de Glazunov confió a su biógrafo que la Cuarta sinfonía de su padre era la favorita de los públicos europeos, mientras que la Quinta era más favorecida en los Estados Unidos. Alexander Glazunov dedicó su Cuarta sinfonía al compositor y pianista Anton Rubinstein (1829-1894).
Andante – Allegro moderato
Scherzo: Allegro vivace
Andante - Allegro
José Luis López Antón
Director(a)
José Luis López-Antón es considerado una de las más brillantes y carismáticas promesas de la nueva generación de directores de orquesta en España. Director artístico del Vivero Musical de Málaga (ViMMa), en muy poco tiempo su carrera está teniendo un gran ascenso.
En pasadas temporadas ha dirigido en España a diversas orquestas como la Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión española (ORTVE) , la Orquesta Sinfónica de Castilla y León (OSCyL), la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM), la Orquesta Sinfónica de Tenerife, la Orquesta de
Córdoba, la Oviedo Filarmonía (OFIL), la Orquesta Sinfónica de Navarra, la Orquesta de Extremadura (OEX), la Orquesta Filarmónica de Málaga, la Orquesta Vigo430, la Orquesta Verum, la Orquesta Clásica Santa Cecilia, la Orquesta Sinfónica de Málaga, la Orquesta de Cámara de Mallorca, la Orquesta Sinfónica de las Palmas de Gran Canaria, la Orquesta Joven de Extremadura (OJEX), la Orquesta Sinfónica del COSCyL, la Joven Orquesta Sinfónica de Castellón, la Joven Orquesta Sinfónica de Granada, la Orquesta de Segovia, la Orquesta Sinfónica de la Universidad Politécnica de Madrid, la –Joven Orquesta Sinfónica de Zamora, el ensemble de música contemporánea del COSCyL.
También destacan sus presentaciones de temporada de abono en México junto a la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM) en la Sala Silvestre Revueltas, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) en el Palacio de Bellas Artes, la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM), la Orquesta Filarmónica de Boca del Río, la Orquesta de Cámara de Bellas Artes, la Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí y la Orquesta Filarmónica de Querétaro (México). En Italia con la Orchestra Sinfonica Siciliana, en Lituania con Klaipeda Chamber Orchesetra, En Portugal con la Orquesta Clásica de Madeira, Colombia con la Orquesta Filarmónica de Bogotá en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo y el auditorio León de Greiff, Argentina con la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de Cuyo y en El Salvador con la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador.
En el terreno de la grabación ha dirigido junto a la ORTVE el disco “Entre el Greco y Cervantes” con obras del compositor Victor Morales y ya disponible en todas las plataformas. Junto a la ORTVE también colabora como director asistente del Maestro Gustavo Dudamel en junio 2026.
En el terreno operístico se destaca por su versatilidad habiendo realizado junto a la Orquesta Sinfónica de Castilla y León el estreno mundial de la óperas “Yo, Claudio” y “Los Comuneros”, ambas de Igor Escudero, sobre la obra literaria de Robert Graves y el 500 aniversario de la Batalla de la Revuelta de los Comuneros, respectivamente.
Recientemente destaca el estreno de la Zarzuela “El Orgullo de Quererte” de Javier Carmena junto a la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. También destacan en su repertorio La Traviata, la Flauta Mágica, Rigoletto, la Bohème, la zarzuelas “La Revoltosa” de Chapí y “La Manta Zamorana”
de Fernández-Caballero, etc. Ha colaborado con artistas líricos de talla internacional como Javier Camarena, Ruth Iniesta, Alejandro Roy, Berna Perles, Germán Olvera, Francesco Castoro, Ruth Terán, Luis Gomes, Santiago Ballerini, Sofia Esparza, Dimitris Tiliakos, José Luis Sola, Paride Cataldo, Maria
Rey-Joly, Francesco Castoro, Martina Mikelic, Ekaterina Sadovnikova, Manuel Mas, Letitia Vitelaru, Azer Zada, Ihor Voievodin, Antonio Poli, Enrique Viana, Viktoria Miskunaite,...
Ha dirigido en las principales salas de concierto españolas, como son el Auditorio Nacional de Música de Madrid, Palau de la Música de Barcelona, Teatro de La Maestranza de Sevilla, Palau de Valencia, Auditorio de Zaragoza, L’Auditori de Barcelona, Auditorio Miguel Delibes de Valladolid, Kursaal de
San Sebastián, Teatro Cervantes de Málaga, Teatro Principal de Vitoria, Teatro Calderón de Valladolid, Auditori de Castellón, Auditorio Principe Felipe de Oviedo, ADDA de Alicante, Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria, Palacio de la Ópera de A Coruña, Palacio Euskalduna de Bilbao, Baluarte de Pamplona, Gran Teatro de Córdoba, Riojaforum de Logroño, Forum Evolución de Burgos, Teatro Afundación de Vigo, Palacio de congresos de Salamanca, Wizink Center de Madrid.
Y en importantes festivales como el Festival Internacional de Música de Canarias, Conciertos de las Velas de Pedraza, Otoño Musical Soriano, el Festival de Música Española de León, el MUSEG de Segovia, las Jornadas de Música Contemporánea de Nerja, el IKFEM de Tui-Valença do Minho, el Festival de Flamenco y Fado de Badajoz o el Festival Tio Pepe de Jerez.
Comprometido con la creación actual, ha dirigido el estreno absoluto de Transfiguración de Jesús Torres junto a la Orquesta Sinfónica de Navarra y los solistas Asier Polo e Iñaki Alberdi.
También destacan el estreno de Cavitas de Eneko Vadillo y Abbadon de Martín Jaime en las Jornadas de Música Contemporánea de Nerja.
Actúa con solistas de reconocido prestigio internacional como Gordan Nikolic, Branford Marsalis, Asier Polo, Eddie Vanoosthuyse, Rafael Aguirre, Andrey Yaroshinsky, Ana María Valderrama, Carlos Bonell, Iñaki Alberdi...
Próximos compromisos incluyen a la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid (ORCAM), la Orquesta y Coro de RTVE, la Orquesta Filarmónica de Málaga, la Orquesta Clásica Santa Cecilia, la la Filarmónica de la Ciudad de México (OFCM), la Orquesta Sinfónica del Estado de Puebla (México), la Orquesta Sinfónica Nacional de El Salvador, la Orquesta Vigo 430, la Sinfónica de Málaga, la Orchestra Sinfonica Siciliana (Italia).
Nacido en 1.990, realiza sus estudios superiores en el Conservatorio Superior de Salamanca, obteniendo Matrícula de Honor y Premio Extraordinario Fin de Carrera. Durante tres cursos consecutivos obtuvo la Beca para alumnos con Excelente Aprovechamiento Académico de la Junta de Castilla y León como premio a su expediente. Destacan en su formación los maestros Miguel Romea, Andrés Salado, Achim Holub, y Andrew Gourlay, anterior director titular de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, del que ha sido director asistente en diversas producciones. También ha sido asistente de los maestros Gustavo Dudamel, Alondra de la Parra, Vasily Petrenko, Gordan Nikolic, Guillermo García Calvo y Óliver Díaz.
Es profesor asociado de la Universidad Católica de Ávila (UCAV) realizando asimismo publicaciones en el ámbito académico universitario.
Destaca su firme compromiso con el acercamiento de la música clásica a todos los ámbitos, desarrollado en el programa de conferencias “Contando la Música” que desarrolla en diferentes foros y lugares.

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